Los profetas del odio están a la orden del día.
Eran los promotores de "la convivencia y el diálogo" en tiempos no muy lejanos.
Expertos en construir puentes, lanzar globos de amor y paz, en lo que ellos caracterizaban como la geografía de la grieta y la división, de la crispación y la intolerancia populista.
El tiempo parece que acumuló rápidamente una fuerte amnesia y reconversión.
O aquello era una fantasía, ficción, cuento chino, o les duró poco la vocación romántica y tiraron todo el odio a la cancha.
Hay un aforismo que no pierde vigencia y sabiduría: "de la abundancia del corazón habla la boca".
Parece que ahora comenzó a hablar con estridencia y locuacidad. Y habla hasta por los codos, sin pausa y sin piedad: grasas que sobran, periodistas insolentes que hay que controlar, agrupaciones contaminantes de las que hay que desinfectar a la sociedad, persecusión mediática judicial y policial, por portación de militancia, especialmente a los negritos de las villas, a los jóvenes destrazados y rebeldes, a las mujeres con osadía libertaria, con el nombre de Milagro, Cristina y tantas más.
Es la cruzada purificadora de la civilización de los Ceos, que queman la basura de qunitas y borran los nombres atrevidos, irrespetuosos e insolentes de la barbarie que ganó las calles.
Ah! Todo en nombre de la democracia, la libertad, la tolerancia y el amor....
Da la impresión que "Cambiemos" se tomó a pecho los cambios y se cambió a si mismo, y cambió el diccionario, el amor ahora significa odio, el beso escupitajo, el abrazo piña, la disgresión escrache, el diálogo denuncia, y la libertad barrotes.
Espero que a ese diccionario de antónimos convertidos en sinónimos no los apruebe la real academia..... y que el pueblo, sin miedos, y cada uno de nosotros, vuelva a llamar a las cosas por su nombre.
Délfor "Pocho" Brizuela
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