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martes, 19 de marzo de 2019

Tinkunaco 445/19 - Re: Boletín diario del Portal Libertario OACA

Boletín diario del Portal Libertario OACA

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  • El boicot - Luigi Fabbri
  • Acampada contra el Macromatadero de Binéfar
  • [Vídeo] El ser humano es ya una aplicación de móvil
  • [Vídeo] Makhnovtchina (territorio libre y ejército negro) en 1 minuto
  • El patriarcado del hombre (que pretender ser) crítico
  • [Libro] Fascismo y anarquismo en la España contemporánea - Carlos M. Rama
  • El preso independentista galego Roberto Rodrigues Fialhega, Teto, ya está en Teixeiro
  • Desde algún lugar: "Libres y Peligrosxs", comunicado de les compas Gabriel y Elisa
Posted: 18 Mar 2019 11:38 AM PDT
FabbriLa palabra “boicott” es de origen inglés y significa poner en el índice a alguien, negándole todos de acuerdo sus servicios, haciendo el vacío a su alrededor con una especie de conjura y de oposición pasiva. Quien es boicotteado no encuentra obreros que vayan a trabajar en sus fundos, si es dueño de tierras, o en su taller, si es industrial; los obreros de todos los otros oficios se niegan a servirlo, y ninguno compra los productos de su firma comercial. Si el boicotteado entra en un despacho público, la gente sale inmediatamente como si hubiese entrado un apestado. Y así en todo lo demás.
En el Medio Evolución se hacía algo semejante con los excomulgados, y significaba la muerte civil de un hombre. Pero la palabra es de creación reciente. He aquí como explicaba su origen el anarquista Pablo Delesaile en el Congreso sindical francés de Tolosa de 1897:
“El boicottage es de origen y de esencia revolucionario. En Irlanda, en el condado de Mayo, el capitán Boycott, mayordomo de las posesiones de lord Ern, se había hecho de tal modo antipático por sus medida de rigor contra los campesinos, que estos se pusieron de acuerdo y lo colocaron en el índice. En el tiempo de la cosecha del 1879. Boycott no pudo encontrar un solo trabajador para recoger las mieses; y además de esto vio negársele en todas partes el mínimo servicio. El gobierno, impresionado, intervino mandándole obreros protegidos por soldados; pero ya era demasiado tarde: todas las mieses estaban podridas. Boycott, vencido, se refugió en América, donde murió”.
Este sistema de lucha se difundió poco a poco, primero en Irlanda, luego en Inglaterra y por último en el mundo entero. Donde las organizaciones obas eran más fuertes tuvo a veces éxitos colosales, especialmente en Inglaterra y en Alemania. Después del 1900 este método de lucha se abrió paso también en Italia, y ha sido empleado con buenos resultados de modo especial en las agitaciones agrarias de Emilia y de Romaña, hasta el 1914. En cierto momento los órganos de los patrones y del gobierno trataron de suscitar opinión pública contra el boicott, llamándolo “método de barbarie”; y más de una vez el asunto fue objeto de discusión en la Cámara de diputados.
En los discursos en la Cámara, y más aun en la prensa, se han narrado episodios completamente fabulosos sobre la pretendida ferocidad de los boicotts. Inútil decir que se trataba de puras invenciones o de extravagantes exageraciones de relatos del todo inverosímiles. El boicott puede causar infinitas molestias y disgustos al boicotteado, pero, en realidad, esta arma no mata nunca a nadie, porque hiere casi exclusivamente en el portamonedas. ¡La retórica que acerca de esto ha consumido la literatura fetigosa del periodismo vendido y de clas es ridícula a más no poder!
Pero no es preciso extenderse demasiado para defender al boicott, como medio de acción directa obrera, de la acusación de barbarie de la prensa capitalista. La clase burguesa ha precedido en mucho a los obreros sobre esta vía, y por motivos menos justos o más innobles ciertamente que la defensa del pan cotidiano. ¿No se boicotteaba acaso a los trabajadores conocidos como anarquistas, negándoles trabajo? Ahora el sistema de poner en el índice al obrero subversivo tiene menos éxito y es menos empleado; pero esto es solamente porque los subversivos han aumentado mucho su número para boicottearlos a todos, y las uniones obas se han hecho demasiado fuertes para que puedan permitir estas formas de represalia patronal en los períodos normales.
Pero si la burguesía ha debido, al menos en parte, renunciar a boicottear a los obreros en tiempos normales, a causa de sus ideas, el boicott es habitualmente empleado por ella en los momentos de lucha, para defensa de la clase. Cuando los obreros de un taller están en huelga, difícilmente encuentran ocupación en otros talleres; y si la huelga se pierde, los obreros más conocidos como agitadores son rechazados en todas partes donde se presentan. Los patrones han adoptado un signo especial para ponerlo en las libretas de pago o en los “certificados”, que indica a los obreros licenciados por subversivos. Así estos, apenas presentan su libreta al nuevo patrón a quien piden trabajo, obtienen esta respuesta: “No hay trabajo para usted”.
Los obreros, valiéndose de la fuerza que les viene de estar organizados y concordes, usan de un indicutible derecho cuando emplean la misma arma contra los patrones. Y tienen un mérito más: el de la sinceridad, porque ellos proclaman el boicott abiertamente, sin ocultarse y sin disimular como hacen los patrones.
A las objeciones de índole moral que se hacen a tal método de lucha, respondemos de un solo modo —y la respuesta vale para todos los métodos de lucha revolucionaria— esto es, que en la guerra no se puede discutir sobre las armas que se empleas, que el proletariado está en estado de guerra contra el capitalismo y en esta guerra no tiene libertad para escoger, constreñido como está a emplear las armas que impone la necesidad de la lucha. En línea de derecho, además, tampoco legalmente ningún individuo puede ser obligado a trabajar o prestar servicios a quien él no quiere.
Por otra parte, el boicott es una forma de acción que se vuelve indispensable en ciertas huelgs. En el fondo, ¿qué es la huelga misma sino un vasto boicott? Si los obreros de un taller están en huelga, no solo todos los obreros del oficio deben negarse a ir a substituir a los huelguistas, sino que todas las categorías directa o indirectamente ocupadas, desde fuera, en trabajar para el taller, carreteros, albañiles, electricistas, cargadores, vendedores, etc., deben durante la huelga, por solidaridad, negar su trabajo al patrón. Si el industrial afectado por la huelga, presionado por sus compromisos comerciales manda continuar los trabajos en otro taller, los obreros de este deben negarse a ejecutarlos.
Si la cosa se hace necesaria por especiales actos de prepotencia y de provocación por parte del industrial, el boicott podrá tomar como punto de mira, además del taller, también a la persona; el panadero se negará a llevarle el pan, el carnicero no le llevará la carne, el barbero no lo afeitará, etc., etc. Esto en las grandes ciudades es casi imposible, pero en los pequeños centros, especialmente durante las huelgas agrícolas, es un modo de la lucha experimentado con éxito. Cierto, no se consigue con esto hacer pasar hambre al patrón, y ni siquiera hacerle soportar una pequeña parte de las privaciones a que está reducido el tjdr en huelga. Sería ilusión el creerlo posible... Pero semb se ocasionan así tantas molestias al patrón, que, si no está dispuesto a irse a otra parte, tendrá, más pronto o más tarde, que doblegarse y venir a un arreglo con los huelguistas.
Luego hay otro elemento que turba el normal desenvolvimiento de la lucha entre el capital y el trabajo, y puede determinar la derrota de los obreros: el “crumiraje”, es decir, la traición por parte de otros trabajadores, que van a ocupar el puesto de los huelguistas en los talleres, los que por lo común son obreros no organizados, pero a veces son también organizados que por debilidad o por interés egoísta faltan a la palabra dada y rompen el pacto de solidaridad.
Es el fenómeno más doloroso y entristecedor, ¡aunque inevitable de las luchas proletarias! De él me he ocupado aparte en otro artículo, y aquí hablo solo de lo que se refiere al boicott. Cuando la traición se produce, es fatal que el boicott contra el patrón se extienda también a los traidores — contra quienes es también más eficaz porque, viviendo como obreros entre los organizados, les es más difícil vencer la red de hostilidad creada a su alrededor y que los sigue en toda a su alrededor y que los sigue en todas partes: en la calle, en la hostería, en los despachos públicos, en los lugares de diversión, etc.
En los centros no muy vastos, y donde la organización obrera es bastante fuerte, el temor del boicott, que puede castigar a los traidores de las maneras más diversas y bajo mil formas, es suficiente para hacer imposible el crumiraje. Aunque el obrero no sea consciente, el familia quien lo llama al deber, humillada de verse señalada como familia de crumiros y perjudicada ella misma, toda entera, aunque de modo indirecto, porque boicott.
A causa de esto, los industriales, por lo común, van a buscar mano de obra crumira fuera de su localidad. Pero el boicott se ejerce, tal vez con un poco de retardo, también contra los crumiros forasteros, y antes o después acaba venciendo las resistencias, especialmente si intervienen las organizaciones obas de los pueblos de origen de los crumiros.
Bien que se trate de traidores, y no siempre la traición sea solamente determinada por la inconsciencia y el hambre, esta lucha áspera de trabajadores contra otros trabajadores provoca un sentimiento agudo de pena al que mira a un fin más alto y humano que la victoria de una cualquier huelga parcial. Pero se trata de una de las tantas fatalidades dolorosas de la guerra que se realiza, a las que no se puede escapar sin arriesgar la derrota de la buena causa. Y la guerra de clases tiene también sus necesidades más angustiosas.
Por más que en períodos de lucha, a causa y por las necesidades de la lucha, la legitimidad del boicott sea indiscutible, no obstante también este método de lucha puede tener de parte de los obreros aplicaciones erróneas, y a veces injustas y dañosas, especialmente cuando es dirigido contra otros trabajadores.
Hay el peligro de que los trabajadores organizados se dejen llevar demasiado por la ira, muy natural por lo demás, contra los crumiros, hasta el punto de olvidar por ellos que el enemigo verdadero es el patrón, de quien los crumiros no son más que pasivos instrumentos. No hay que imitar al león que muerde, en su rabia, la barra que el domador le opone, y no ve más allá.
Se corre sobre todo el riesgo de emplear erróneamente el arma del boicott cuando se la usa fuera de los momentos de lucha, como medio de coerción en perjuicio de los obreros desorganizados un organizados en asociaciones rivales. Entonces se obtienen, a menudo, efectos contrarios a los intereses generales de la clase obrera y a la causa de la revolución.
Yo hablo, se entiende, en línea general; porque admito que puede haber casos en los que importe boicottear a algún canalla, aun cuando no haya huelgas declaradas, sea que se trate de un patrón que se haya hecho odioso por razones particulares, sea que se trate de verdaderos crumiros de oficio, que persisten voluntariamente en su traición aun sabiendo todo el horror de ella. Dígase lo mismo para otros individuos cuyo contacto no puede más que repugnar a cualquiera, como los espías y cuantos se hacen sicarios contra sus propios compañeros. Nadie podrá negar a una colectividad obrera el derecho de decir al patrón: “No queremos el contacto de este reptil; ¡o se arregla usted sin él, o se arregla sin nosotros!”. Pero es necesario agregar que estos son casos más bien raros, que no pueden constituir mi regla.
En cambio se ha venido poco a poco acentuando una tendencia, en ciertos ambientes obreros, a boicottear a los trabajadores por cuasas mucho menos serias. He visto yo mismo rechazar de la organización y del taller a desgraciados que habían hecho de crumiros en un pasado muy remoto, bien que reconociesen su viejo yerro y no pidiesen sino rehabilitarse. Ahora, al patrón —según mi parecer— no debe perdonársele más que a condición de que cese de ser patrón; pero al hermano tjdr es necesario saber perdonarlo, como decía Cristo, setenta mil veces siete, sea por razones de índole moral o de oportunidad práctica.
Más discutible, o más bien completamente deplorable, es el boicott aplicado para obligar a los obreros a organizarse. El sistema del reclutamiento forzado, en apariencia y al principio parece proficuo porque rellena de gente las filas sindicales y es defendido con algunos argumentos no del todo equivocados. Pero ningún éxito aparente es inmediato y ningún argumento pueden evitar que precisamente este artificial y forzado engrosamiento de la organización acabe debilitándola, introduciendo en ella elementos de dudosa fe, descontentos y traidores en germen. Los adherentes por fuerza, en la hora de la lucha podrán traicionar lo mismo, y, además, desde su ingreso en la organización, influyen sobre ella en sentido moderador y reaccionario.
La propaganda y la persuasión son los únicos medios de reclutamiento que pueden conducir a una organización seria, fuerte y compacta, mientras que la coerción y la intimidación solo pueden crear organizaciones de carneros que se desbandarán a la primera tempestad. Además, el boicott o su amenaza quita a los trabajadores el sentimiento de la libertad y se crea en ellos un estado de ánimo de sujeción y a la vez de desconfianza, del que nace la oposición menos razonable, y que por cierto no ayuda a vigorizar la solidaridad obrera, la solidaridad efectiva entre los trabajadores.
No me disimulo los inconvenientes de la libertad de... Desorganización; y ciertamente es necesario que la desorganización sea combatida — pero comvatida con las armas de la libertad y de la persuasión, porque la solidaridad libremente consentida el única que cuenta en la realidad de los hechos, mucho más que la apariencia de las formas exteriores y del número.
Hay otras formas de aplicación del boicott que son verdaderos actos de prepotencia, a los cuales es preciso que los trabajadores se opongan del modo más enérgico. Bastará señalarlos al vuelo para que se comprenda su evidente injusticia.
El primero y más deplorable fenómeno es el determinado por la intolerancia política, cuando en la organización obrera repercuten las pasiones y divisiones políticas de los trabajadores. Entonces el espíritu de parte impulsa a la mayoría de una organización a poner en el índice, con subterfugios o abiertamente, a sus adversarios políticos. Así hubo que deplorarlo de modo especial, en el pasado, en las grandes corporaciones de los países tudescos y anglosajones, imitados hasta ahora con escaso resultado por el reformismo sindical de los países latinos.
De ciertas trade-unions norteamericanas se ha expulsado muchas veces a obreros, culpables de hacer entre los organizados propaganda anarquista o simplemente socialista. Esto, donde para admitir al trabajo a un obrero se requiere la tarjeta de la Unión obrera, significa simplemente condenar al hambre al que no piensa como la mayoría.
La expulsión de la organización, vale decir del trabajo calificado y mejor remunerado, a menudo es decretada contra los que se atreven a atacar o a criticar a los dirigentes. Esto sucede con frecuencia en las uniones norteamericanas y se ha intentado hacerlo también en Italia.
En las campiñas de Emilia han sido amenazados con el boicott, más de una vez, trabajadores que en las elecciones se abstenían de ir a votar por los dirigentes socialistas. Un diputado socialista boloñés llegó hasta a invitar públicamente a las ligas a considerar como crumiros, y por consiguiente a boicottear, a los que no querían inscribirse en las listas electorales. Yo mismo he asistido un día a una asamblea de un sindicato de tendencias revolucionarias, en la que faltó poco para que se tomaran “severas medidas” contra un obrero que había osado hablar mal del comité de la organización.
Dg hay las formas de boicott indirecto de las organizaciones (por ejemplo, en Italia, la de los tipógrafos) que tienden a transmutarse en organizaciones cerradas, con inscripción limitada. Se niega la inscripción en la liga, y por consiguiente el trabajo, a nuevos socios cuando... ¡los cuadros están completos! A esto se agrega en Norte América la costumbre de imponer tasas de admision exorbitantes, que a veces un obrero no puede pagar. Se comprende la consecuencia de estos sistemas: el obrero no encuentra trabajo porque no está organizado, y, vice versa, no puede organizarse porque no trabaja, porque las inscripciones están cerradas o no tiene dinero para pagar la alta cuota de inscripción.
En la provincia de Mantua, durante decenas y decenas de años, se ha verificado el hecho de que todas las organizaciones de oficio eran adherentes al partido socialista. Así, el obrero or campesino no socialista era automáticamente boicotteado. En efecto, si no se avenía, contra su propia conciencia, a adherir al partido, quedaba desorganizado y debía sufrir la afrenta de ser confundido con los crumiros y, por consiguiente, de ser víctima de esa especie de aislamiento moral, que con frecuencia llegaba a ser material, con el que las masas organizadas suelen circundar a los desorganizados.
Todos estos que he señalado, especialmente en Europa, son aun hechos esporádicos, de excepción, pero muy significativos, porque denotan una tendencia y amenazan convertirse, antes o después, en una regla constante. A esta tendencia peligrosa es necesario oponerle un dique mientras se está a tiempo, sino se quiere que la organización sindical tome una dirección exclusivista y reaccionaria, a la cual después no habrá fuerza capaz de contenerla.
El uso del boicott, directo o indirecto, contra los trabajadores en los modos erróneos o injustos o excesivos arriba indicados, puede volverse una forma de cultura intensiva del crumiraje y conducir a los peores desastres. La organización habrá concluído por herirse o matarse con sus propias armas.
Esperemos que esto no suceda. Pero para que tantos errores sean evitados, y evitadas sus consecuencias, no hay que contar fatalísticamente sobre los acontecimientos y la fuerza de las cosas abandonadas a sí mismas, sino apoyarase sobre todo en la propia voluntad de revolucionarios y combatientes, en la propia acción, en la virtud del propio ejemplo.
Lo que importa sobre todo es que los trabajadores organizados —y entre ellos los hombres de fe y de iniciativa— no olviden nunca que el enemigo común, el enemigo verdadero es el capitalismo, y que todos los explotados son sus hermanos; y por eso dirijan toda su acción en vista del fin último de la revolución social: la desaparición de todo privilegio de autoridad de clase por la liberación de todo el proletariado.
Publicado originalmente en La Protesta, Nº 78, 16 de julio de 2013.

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Posted: 18 Mar 2019 11:24 AM PDT
Os escribimos desde la lucha que se ha iniciado contra la apertura del que será el mayor matadero de Europa en Binéfar (Huesca), que pretende asesinar 30.000 cerdxs cada día.
Aparte de manifestaciones y concentraciones realizadas a nivel estatal, desde el pasado 9 de marzo ha comenzado un campamento protesta permanente en las cercanías del macromatadero. 
Actualmente hay pocas personas y desde aquí pedimos apoyo, asistencia y/o  difusión de la protesta.
Es un momento muy importante para aunar fuerzas contra la esclavitud de los animales.
Estas son las cuentas de difusión de la acampada que el grupo de activistas están llevando a cabo en Binefar contra el matadero más grande de Europa:

COMUNICADO DEL CAMPAMENTO STOP MACROMATADERO DE BINÉFAR (14 DE MARZO DE 2019)
¡Buenas!
Hemos visto la necesidad de emitir este comunicado ante el desconcierto general de los últimos días.
Nuestra situación es la siguiente:
El 9 de marzo establecimos campamento en el área de servicio más cercana a las instalaciones del macromatadero.
Pasadas tres noches, la Policía Local nos hizo saber que esa zona está considerada corno "parque" y que no se permite la acampada ni el estacionamiento de vehículos. Nos dejaron pernoctar esa noche (la del 12 de marzo) con la condición de que nos fuésemos a la mañana siguiente.
Siendo nosotrxs sólo tres personas, y ante la posibilidad de enfrentarnos a multas diarias, decidimos buscar otra zona más segura, A LA ESPERA de más personas sumándose a la causa.
Consideramos que, siendo tres, no tiene sentido hacer resistencia, pero siendo ya un grupo más nutrido (de diez para arriba) podemos empezar a crear un movimiento similar a otros como el 15M, Arraijanal (Málaga), Hamach (Alemania) o ZAD (Francia) donde la gente acampa u ocupa un espacio para defender una causa y/o para protegerlo y al final los cuerpos de seguridad del Estado no pueden hacer frente a la voluntad de las personas, ni se ven con fuerzas para multar a todo el mundo.
Cabe mencionar que el "parque" donde estábamos es una zona totalmente inutilizada, donde sólo hay césped y mesas de picnic. Durante los tres días que estuvimos acampadxs sólo vimos pasear a una persona por allí. Hace tanto tiempo que no cambian las bolsas de basura de las papeleras, que éstas se deshacen si las intentas agarrar. Esto es sólo un ejemplo para hacer ver que, a efectos prácticos, ahí no molestamos a nadie (¡salvo a lxs explotadores de animales!).
Querernos hacer un llamamiento para que vengáis de todas partes de España y del mundo sin miedo y con ganas de defender los derechos de los animales.
Podemos hacer algo importante y dar un gran impulso al movimiento, si nos unimos.
¡Esta es una gran oportunidad para ellxs, lxs animales! Y no podemos dejarla escapar ...
¡Lo merecen!
¡Nos necesitamos!
¡VEN A LA ACAMPADA FRENTE AL MAYOR MACROMATADERO DE EUROPA!
¡POR LA LIBERACIÓN ANIMAL!

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Posted: 18 Mar 2019 11:10 AM PDT
Cada vez con más frecuencia, el ser humano desatiende la realidad y está pendiente de dispositivos tecnológicos,. Nuevas tecnologías que posibilitarían acceder a conocimiento e información veraces se convierten en todo lo contrario, elementos de una clara enajenación apoyados en un sociedad frívola y consumista.
Tal vez esa pintada ácrata, "Cuanto más listo es tu móvil, más tonto eres tú", no esté nada desacertada.
https://www.youtube.com/watch?v=qUm4zKwdtlY
Capi Vidal

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Posted: 18 Mar 2019 11:05 AM PDT
Brevísimo resumen de la Makhnovtchina, abordando temas como el ejército negro, el territorio libre o el tratado Brest-Livosk. - Todos los escritos de Nestor Makhno, o relativos a él: http://www.nestormakhno.info/spanish/
https://www.youtube.com/watch?v=lp8KrrnqCiE

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Posted: 18 Mar 2019 07:08 AM PDT
La inmensa mayoría de los hombres representamos el orden patriarcal de manera clara y directa. Esta representación es inmanente a nuestra construcción social, cultural y biológica.
Pensaremos en “hombres” en vez de “hombre”, porque la representación masculina justamente es diversa. Si bien existe una hegemonía que representa “el hombre” (como palabra y significante), el colectivo entrega la posibilidad de un análisis que involucre diferentes tipos de masculinidades frente a la construcción patriarcal.
Ante esto existen condicionamientos y determinaciones. Quienes se sienten condicionados, saben que el patriarcado es algo que los define, pero no los obliga a reproducir lo que “se supone” deben reproducir en su relación hombre-mujer-diversidades, incluso pueden llegar a cuestionar las actitudes que nos definen como “hombres o machos”. En otro sentido, existen hombres determinados por las condiciones sociales y culturales que no se cuestionan nada y reproducen la desigualdad en la relación hombre-mujer-diversidades valiéndose de las ventajas y privilegios que ostentan en el sistema que transitan. Estos sujetos llegan a parecer soldados dispuestos a ejercer el machismo patriarcal cuando sea y donde sea en perjuicio de las mujeres, en especial cuando ellas, como construcción social históricamente desfavorecida por el machismo, generan espacios de resistencia y emancipación.
Entonces sí, los hombres condicionados y determinados nos convertimos en el principal sujeto de cuestionamiento del feminismo, es lógico que lo sea cuando como colectivo, el género (hombre) no tiene un cuestionamiento claro de sus privilegios frente a la relación de género hombre-mujer-diversidades. Ni siquiera quienes se sienten condicionados se movilizan a si mismos para cuestionarse colectivamente en espacios públicos sus argumentos respecto a esta relación desigual. Los hombres críticos generalmente no pueden auto cuestionarse sin “preguntarle” al feminismo qué hacer, cómo hacerlo y para qué hacerlo. Lo hacen a partir de la emergencia e interpelación del grupo de mujeres, no entendiendo que esta interpelación es para que los varones nos hagamos cargo por fuera del movimiento feminista, y no como protagonistas o parte fundamental de este. Un error esencial de los hombres críticos con su masculinidad, es que se asume naturalmente desde un espacio que le es cómodo en esa relación, incluso le es cómodo cuestionarse sus privilegios cuando llega a ser placentero o provechoso en el terreno del ego social, cultural y político.
Cuando los hombres se presentan críticos frente al cuestionamiento que plantean las problemáticas de género, no se presentan sino representando su género (hombre), su posición de poder (machismo) y un contexto que le es favorable (patriarcado). Quizás los hombres críticos sienten que no todos son así, y que específicamente quien lo piensa no lo es. Mucho de esta postura viene de lugares de privilegio, contextos donde se detiene el cotidiano para reflexionar teóricamente respecto a una relación hombre-mujer-diversidades idealizada, donde la desigualdad entre los géneros no se evidencia dado otros factores cotidianos que son más significativos en el momento específico. Sin embargo, la desigualdad subsiste al momento o al contexto individual, incluso puede manifestarse en actitudes machistas que se asumen como “normales” o que las mujeres presentes pueden obviar por sentir que no las afectan. Esto último es ocupado por el patriarcado como muestra de “igualismo forzado”, sin embargo, aunque algunas mujeres específicas puedan obviar, saltar u omitir estas actitudes, no quiere decir que no existan, y que por lo mismo se reproduzcan como “normal” en lugares donde sí son parte de una violencia activa con “micromachismos” invisibles.
El machismo, como ejercicio de poder de los hombres en su cotidiano (por el mero hecho de “ser hombres) se manifiesta en una actitud machista. La actitud machista es hacer alarde de los privilegios que se tiene por parecer, actuar y simular los códigos varoniles en una sociedad. Aquellos hombres machistas son directamente el enemigo del feminismo dado el carácter activo que representan en la opresión que combaten los espacios feministas. Los machistas ocupan la posición de poder que históricamente construyeron los hombres como género, para desacreditar violentamente la postura crítica que presenta el feminismo frente a la relación desigual de género entre los hombres, las mujeres y las diversidades. No necesita más argumentos o fundamentos que aquellos dados por su estatus de “poseedor de la verdad irrefutable”. Como siente tener el poder de definir que es o no verdad frente a posturas a las cuales no les muestra sumisión (como el feminismo), define quienes y como son las relaciones opresivas de las que es parte y cuando existen o no existen desigualdades. Incluso si esas desigualdades son responsabilidad individual o están fuera de su rango de control u opinión. Esto último siempre a favor de su propio lugar de poder. Este poder se ejerce de manera pública y privada, pasando por la definición de una sexualidad hegemónica heterosexual, el control del deseo como consumo individual y privado, el fetiche de la mercancía como forma de identificación, y la violencia política como poder absoluto frente al control de las diversidades.
Los hombres machistas sustentan su poder en una sociedad que lo valida. Esta sociedad lo valida porque está construida bajo una imposición cultural histórica de hombres que han mantenido su poder en base al sometimiento de otros y otras. Esto consolida el patriarcado como sistema social, político, cultural y económico, donde el hombre (como género) es el principal protagonista del funcionamiento de la sociedad. Como es el principal elemento, se trata como imprescindible e importante, no así la mujer, quien está relegada a las tareas de “mantenimiento” de este sistema por medio de los cuidados y atenciones a los hombres. Este lugar de privilegio en la relación hombre-mujer-diversidades está presente y es socializado en cada una de las instituciones en las que los sujetos y sujetas sociales aprendemos y adquirimos el significado de nuestras propias existencias dentro de la sociedad en la que nacemos.
El patriarcado es cuestionado por el feminismo. Al cuestionarlo, el hombre siente cuestionado su rol en la sociedad, su importancia dentro del funcionamiento. Por tanto, la actitud frente al cuestionamiento es defender su importancia y su rol, dado que, sin este, no sabe qué lugar ocupar, siente golpeado el ego construido en base al único poder que siente tener. Sin esta importancia, tendría que asumir otras dimensiones de su vida donde puede que no sea importante y su rol sea secundario, incluso donde su rol sea efectivamente de un sujeto oprimido (dimensiones como la económica, la política y la intelectual). Asimismo, pueden existir mujeres que ante el cuestionamiento de sus roles que reproducen las relaciones patriarcales, prefieran mantener el “rol conocido por ellas” antes que la “incertidumbre de lo desconocido”. Algunas defenderán el sistema impulsadas por la amenaza inminente de “perder sus lugares” construidos en una estrategia “moderna” del patriarcado por cederle ciertos lugares de privilegio. Otras mujeres simplemente querrán seguir reproduciendo la relación patriarcal ante la amenaza directa de despojarlas de la “seguridad” que siente en su rol (seguridad que el mismo sistema se encargó de formarles como forma única de subsistir en esta sociedad).
Justificar al patriarcado poniendo como ejemplo a la mujer que “reivindica su machismo”, posiciona a los hombres en un lugar cínico. La mujer que reproduce el patriarcado es funcional al machista, quien se aprovecha y consolida sus actitudes de poder frente a la mujer.
Cuando nos pensamos como hombres hablando sobre el rol de las mujeres, entonces es necesario hablar directamente de un lugar opresor hablando y definiendo el lugar de lo oprimido. Ojo, ese lugar oprimido puede ser activo y luchador. El feminismo, por ejemplo, como lugar de las oprimidas, no da cuenta de un lugar estático, sino muy por el contrario, hablamos de un lugar de lucha y batalla frente a un contexto construido con privilegios hacia el lado opresor.
Hablar de la opresión, desde una posición de poder, tiene varios problemas que pasan de largo. Hablar de opresión, representando el lugar opresor, siempre se hará desde lo “correcto”, desde el lugar donde está la “verdad”. Desde este lugar se puede definir lo que hay y no hay que discutir. Definir desde el poder lo que es la opresión para la gente oprimida, es una forma de justificación, análisis o simplemente una manera de narrar lo que se considera “normal” para una sociedad de competencia, donde hay ganadorxs y perdedorxs.
Pero siempre hay resistencias, interpelaciones y quiebres. El feminismo representa esta contrahegemonía. La opresión define una resistencia casi al mismo tiempo en que se imprime como modo de relación social. Ambas formas son claras. Quizás puede haber quienes “no se sientan parte de ninguna de las dos partes”, ni oprimidx ni opresxr. Sin embargo, quien no se define en un lugar, reproduce la parte opresora. ¿Por qué? Debido a que la opresión ya está impuesta y es parte del contexto, la relación desigual ya está explícita en la sociedad. Entonces quienes no se definen, lo hacen como una estrategia infértil de omisión, no de definición. En este caso quien silencia reproduce, no corta ni elimina el contexto donde hace su cotidiano.
Cuando la parte opresora habla de las opresiones a nivel social, habla y reproduce las ideas desde un lugar de privilegio, el lugar que le corresponde a esa persona por pertenecer al lugar donde se ubican las mayores ventajas. Por lo tanto, dado que está en un mejor lugar social, puede imponer su concepto de igualdad, exclusión y opresión. Puede imponer opiniones frente a quienes no le cuestionarán nada por creer que su lugar en la sociedad los hace mejores (gente alienada al poder y estática en su lugar social), o enfrentarse a quienes no están de acuerdo pero que no tienen tanto privilegio como para exponer sus fundamentos sin ser desacreditados. La persona privilegiada no tiene que fundamentar ni justificar nada de lo que dice, dado que su lugar en la sociedad les respalda sus palabras y opiniones por sobre las palabras de personas que pueden estar en menores condiciones.
A nivel político, hablar de opresión desde el lugar opresor implica hablar desde lo hegemónico, o sea, hablar desde el poder validado. Esta validación puede ser por la fuerza, por lo electoral o por lo cotidiano (entre otros mecanismos). Entonces, quien ostenta el poder político, puede definir los conceptos sobre quien o quienes son las personas oprimidas, cómo actuar sobre ellas y como se debe hacer cargo el Estado a nivel de política pública. Puede, además, imponerse sobre los movimientos sociales respecto a quienes, como y por qué existen grupos oprimidos. Esta imposición siempre es violenta, pero se valida o se deja accionar por el resto de la sociedad debido a que justamente quien ostenta el poder político construye un discurso en base a la confrontación y el “enemigo interno”. Las personas temen al conflicto cuando les es ajeno, por lo tanto, hay que construir los discursos de quienes están oprimidxs como una forma excluyente, específica, de “unxs pocxs que quieren romper el ‘pacto social’ de la (supuesta) mayoría”.
A nivel cultural, el discurso opresor sobre la opresión se manifiesta en las acciones arraigadas a la costumbre. La opresión romantiza las opresiones para que no manchen demasiado la historia cultural de las sociedades. A partir de ahí, se las apropia y las banaliza. Las convierte en un fetiche mercantil y las pone a un nivel en que las personas puedan consumirlas o bien producirlas como objetos de contemplación. En esta forma, el lado opresor es el único que habla pública y masivamente sobre las opresiones. Sin embargo, la contracultura abraza las opresiones porque son, en la gran mayoría de las veces, su origen. Las enfrenta a la cultura hegemónica e intenta interpelar a la sociedad de sus propias contradicciones. Esta forma contrahegemónica, planteada y promovida por el lugar oprimidx, justamente se esmera en desmercatilizar la cultura y darle el lugar en la batalla cultural a las expresiones diversas y de reclamo frente a la injusticia social.
A nivel intelectual, hablar de las opresiones dependerá de la disciplina desde donde se construya. Sin embargo, el lugar de la opinión siempre dependerá del lugar que se ocupe en la estructura de validación académica. Esta validación es un juego de poder, donde se reproducen todas las estructuras de la sociedad, desde el machismo patriarcal hasta la postura de clase. El poder de la opinión la ostentará siempre quien, de manera conveniente para el poder hegemónico de turno, pueda justificar la opinión de quien cree poseer “la verdad”. Incluso, el “progresismo intelectual” intentarán darle “voz a los sin voz”, como si la gente que no pertenece a lo intelectual no tuviese algo que decir sin que sean “habilitadxs” por el campo de lo intelectual. Esa verdad intelectual es una estructura de poder que reproduce a nivel cultural aquello que “está correcto” o la “mirada incorrecta” frente a los conflictos sociales.
Esta verdad intelectual, tiene personas que intentan disputar esos lugares de validación cultural para desacreditarlos, para deconstruirlos, o bien simplemente para eliminarlos de los pedestales donde se paran para fomentar un tipo de conocimiento abierto, donde la opresión manifieste sus propios lugares de definición de acuerdo con la realidad y contexto que viven.
Cuando se define lo masculino como lo opresor, hablamos justamente de formas contrahegemónicas de analizar los lugares sociales. Contrahegemónico, porque lo masculino se definirá asimismo como una parte de un binario, donde por un lado está “lo masculino y por el otro lo femenino”, no se asumirá asimismo como el lado opresor. Puede hacerlo porque considera que quien se lo critica (el feminismo) no es un igual ni está por encima de él cómo para interpelar su forma de autodefinirse. Definirá un lugar estático y subjetivo, incluso para quien se piense a si mismo como un “buen tipo” que no quiere hacer diferencias.
Esta forma de poder es una forma de poder hegemónico, y define nuestra masculinidad. Opinar de la opresión desde los lugares opresores es una forma explícita de demostrar el poder que ya se ostenta.
Para los movimientos contrahegemónicos como el feminismo, opinar y accionar desde la opresión es una forma de reivindicar los lugares excluidos, aquellos que se definen a partir de injusticias y que incluso llegan a ser peligrosos.
Por eso, y pensando en una primera forma autocrítica de vivir la masculinidad, son los hombres quienes deben entender que no es rol ni responsabilidad de las mujeres andar con cuidado de “no herir ni molestar” a los hombres por creer (y demostrar) que a partir de un caso “todos los hombres son capaces de reproducir la misma actitud machista". Cuestionar a las mujeres en ese sentido es una forma de reproducción patriarcal histórica esperando “protección y cuidado” de las mujeres frente a nuestra importancia en el sistema. Esperar eso es nuevamente reproducir el sistema patriarcal en nuestra relación cotidiana.
Por el contrario, cuando los hombres queremos pensarnos dentro de la problemática de género nos explican que debemos cuestionarnos los privilegios. Los privilegios son ventajas que poseen los hombres frente a las mujeres y las diversidades. Tales privilegios son “mejores recursos y oportunidades frente a una realidad dispareja”, son privilegios porque al ser los ejecutores de tales acciones tenemos “la ventaja” de correr un mínimo riesgo frente al peligro real que corren las mujeres y las diversidades por el mero hecho de ser, parecer o constituirse como tal. Los privilegios los creamos y los reproducimos los hombres, los aprovechamos y nos construyen las ventajas que creemos son parte de “lo normal”.
Entonces, si entendemos que los privilegios son parte de nuestra socialización, o nos formamos un lindo lió existencial para probar que frente a la posibilidad de reproducir lo considerado “normal” no somos todos lo mismo; o nos vamos por la superficial fácil y nos declaramos aliados (feministos, sensibles, hombres feministas, antipatriarcales) para no parecer los villanos, ocupando los significantes y símbolos de un movimiento que justamente pretender interpelarnos sobre lo que hacemos y como pasamos por encima de las voluntades de las mujeres frente a nuestra masculinidad.
El lugar del patriarcado de los hombres que pretenden ser críticos, parte por entender el lugar que ocupan en la dinámica social. Parte por sentirse interpelado y asumir esa interpelación en sus lugares de poder. Por ende, no se puede jugar al “igualismo” respecto a las desigualdades que se pueda forzar frente a la relación de género hombre-mujer-diversidades, ya que estadísticamente no existe tal igualdad, y forzarla es caer en falacias argumentativas. Cabe destacar que las falacias argumentativas es el método más utilizado por los hombres al momento de “charlar sobre su rol en la problemática de género”, y en espacial al intentar “responder” a las interpelaciones del feminismo. ¿Por qué falacias? Porque se basan en las respuestas autoritarias y arbitrarias de los hombres justificando las ideas que las feministas ponen en conflicto y que no tienen una base veraz ni indiscutible dentro del cotidiano que se comparte (pueden ser fácilmente cuestionadas). Los hombres que argumentan de esta forma quieren defender lo que creen saber y no poner en cuestionamiento esas ideas. Las defienden con argumentos validados solo por el “poder” que tienen para definir que es o no es verdad (como se planteó anteriormente), no lo ponen en análisis ni aceptan otra hipótesis como válida. Tampoco aceptan la “falsación” (demostración empírica que algo no es lo que dice ser) como forma de deconstruir verdades culturales e históricas, y menos validan el argumento testimonial de las mujeres como forma demostrativa de que las cosas que ocurren tienen consecuencias y condicionantes que van más allá de se puede saber “públicamente”.
Puede que el primer paso para cuestionarse de manera real las implicancias del patriarcado en nuestras propias formas críticas de entender el género, sea el cuestionar y entender qué son los privilegios. Luego sigue entender el daño provocado por la desigualdad a partir de la empatía en las relaciones de género cercanas (mamá, hermana, polola, amigas, etc.), pero no puede quedarse ahí, dado que es un lugar discursivo que corre el riesgo de quedarse en lo específico. Por eso hay que avanzar en preguntarse y cuestionar los cimientos mismos de nuestra socialización, deconstruir los códigos que nos hacen formar parte de una hegemonía opresora.
Deconstruir la existencia no implica eliminar el cotidiano, sino asumirlo y revisar en su accionar diario la evidencia de aquello que los hombres críticos se pueden cuestionar (y que el feminismo nos interpela respecto a nuestras formas, modos y aplicaciones). Ese lugar ayuda a respetar las luchas feministas, no abrazarlas e intentar ser parte de ellas. No se trata de ocupar un lugar en el feminismo, sino se trata de hacerse cargo del lugar que se tiene en la dinámica patriarcal. De ahí, estrategias de visualización y cambio entre los pares, de cuestionamiento colectivo, de exponer las estructuras que nos hacen estar por sobre otras personas por el mero hecho de pertenecer a un género.
Los hombres críticos frente a su masculinidad nunca dejan de ser hombres, no necesitan negar su lugar en lo social, sino tienen que asumirlo para entender el lugar del opresor que quieren cuestionar. Pueden empezar a dejar de reproducir aquellas cosas que lo construyen como un sujeto con mayores privilegios frente a lo femenino. Este ejercicio es autoconciente y se vuelve colectivo a medida que vamos avanzando en la interpelación a los círculos directos, y se toma posición reflexiva en la problemática de género desde el cotidiano.
Si no hay voluntad de cuestionamiento, es imposible hacer este ejercicio o entender cualquier cuestionamiento crítico a la construcción patriarcal del cual los hombres son parte. Entonces, volviendo a los ejemplos anteriores, el hombre convierte su acción crítica en una búsqueda individual, descontextualizada, y superficial. Una actitud que solo funciona en contextos de microvalidación, donde no se cuestiona ningún tipo de poder ni de desigualdad.
La idea es entendernos desde nuestro propio lugar y no reproducir la necesidad de cooptar los espacios feministas. Como hombres nos falta asumir que "lo personal es político". La dimensión pública que define lo "antipatriarcal" es fácil de reproducir superficialmente como un discurso, la masculinidad como construcción está acostumbrada a construirse sobre eso. Profundizar, complejizar y exponerse, no. Al final, nos queda el desafío de matar al macho, no solo al interno, sino al de tus amigos, al de tu contexto, al de tus consumos.
Cracklitos

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Posted: 16 Mar 2019 12:23 AM PDT
La conflictividad de la vida político-social española entre 1917 y 1939, período durante el cual se enfrentaron clases y grupos sociales antagónicos, obliga aun mejor conocimiento de sus expresiones extremistas.
El fascismo y el anarquismo fueron rivales puntas de lanza de los bandos en que se dividió la historia de España, y sin embargo no han merecido una suficiente atención de los historiadores.
El profesor Carlos M. Rama, de la Universidad Autónoma de Barcelona, muy conocido por sus anteriores libros sobre la problemática española (La crisis española del siglo XX, Ideología, regiones y clases en la España contemporánea, Itinerario Español y España: crónica entrañable, 1973 1977, que acaba de aparecer), proporciona en este volumen muchas pistas valiosas para cercar un tema tan apasionante como difícil, y llega, incluso, a examinar las estructuras sociales de la época franquista, en cuanto realización de un pensamiento autoritario orientado a la modelación de una nueva comunidad española.

Descargar Libro [PDF]


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Posted: 14 Mar 2019 07:04 PM PDT
El reciente traslado de Teto a la cárcel de Teixeiro (A Coruña) supone el inicio del fin de la dispersión de los presos independentistas galegos y su deseado retorno a Galiza.
Más que nunca queremos hacerle llegar todo el apoyo y calor posibles. La cruda realidad de las cárceles españolas vuelve a ensañarse con nuestro compañero incluso en esta tan deseada vuelta a su Tierra.
Teto salía de la prisión de Palencia el pasado día 6. Después de tres días de traslado en diferentes centros penitenciarios y sin poder acceder a sus pertenencias, el sábado ingresa en la cárcel de Teixeiro, donde le permiten una llamada de menos de un minuto para informar de su llegada y le adjudican módulo y celda compartida.
La reivindicación del derecho a celda individual es una de las condiciones que los presos políticos galegos exigen de forma sistemática. La prisión reacciona enviándolo a aislamiento. He aquí la bienvenida de la cárcel de Cúrtis. En la celda, completamente vacía y sin calefacción, solamente hay una manta. Al frío hay que sumarle las sensaciones propias de llegar al nuevo destino y comenzar castigado por plantarse para ver respetados sus derechos.
La cárcel de Teixeiro es escenario habitual de denuncias por torturas y malos tratos. Después de cuatro días de encierro solitario, Teto pudo realizar una llamada y contarnos lo sucedido. En este momento ya está en un módulo ordinario de segundo grado. Dice que cuando se pasa mal, el piensa en cosas buenas para compensar...

Anímate a escribir y mostrarle tu solidaridad. Que sepa que muchas de nosotras estamos vigilantes y que nunca estará solo.
¡Carta a carta hacemos más débiles los muros!
Que Voltem
Roberto Rodrigues Fialhega
Módulo 12, Camino de Paradela, s/n, Teixeiro
15310 (A Coruña) 

Breve contexto:
Roberto Rodrigues Fialhega, vecino de Vigo, fue arrestado en noviembre de 2011. Condenado a 18 años de prisión, el Tribunal Supremo redujo posteriormente la sentencia a 13 años y 9 meses. Durante los casi siete años que lleva preso, Roberto ha pasado por la cárcel de Estremera (Madrid), la de Villanubla (Valladolid), y hasta el pasado 6 de marzo, en Dueñas, Palencia (a 471 km de su hogar familiar). El padre de Teto murió mientras estaba bajo custodia. Todos los presos tienen derecho a asistir al funeral de un pariente directo, pero se le impidió hacer el viaje por motivos de seguridad. Varios días después, cuando ya no era necesario, se otorgaría dicho permiso... Roberto ha estado 7 años clasificado en 1.º grado y bajo régimen FIES (20 horas al día en la celda) hasta el reciente cambio de grado y penitenciaría.
En 2013, la Audiencia Nacional dictó la primera sentencia que contemplaba la existencia de un grupo armado independentista operativo en Galicia, a pesar de que nunca se ha dado un atentado o ataque que pusiera en peligro a personas. Desde entonces se cuentan al menos seis personas condenadas con penas de entre seis y 18 años de cárcel, y nueve personas más imputadas en el marco de la operación Jaro. La asociación Que voltem para a casa! denunció ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos la vulneración de derechos de los presos independentistas galegos durante su juicio en la Audiencia Nacional y reclamó la revisión de la condena, pero esta petición fue desestimada.
Que voltem

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Posted: 14 Mar 2019 02:26 PM PDT
A continuación, sigue el comunicado emitido por les compañeres Elisa di Bernardo y Gabriel Pombo desde algún lugar, y que nosotres hemos recibido anónimamente en el correo electrónico. Desde aquí, todo nuestro apoyo y solidaridad a les compas y a su “clan”, y a quienes siguen desafiando el control y las normas de los Estados en todas partes.

Libres y Peligrosxs
Ardire, Scripta Manent, Operación Buyo… Os suenan? Son solo algunas de las “operaciones” jurídico-policiales que nuestro “clan” ha experimentado en carne propia por el hecho de ser y estar anarquistas hasta las últimas consecuencias.
Somos un clan-nómada que va de país en país en busca de cómplices que practiquen el anarquismo sin buscar la aprobación y el consenso, que accionen sin preocuparles el discurso “políticamente correcto” (tan de boga en nuestros tiempos) que hoy infesta nuestras tiendas. Tampoco nos interesa la “estética” si no la “ética”, lo práctico, lo real… Procuramos un anarquismo que nos manche las manos, que nos mantenga despiertx y siempre en guardia (lo opuesto a toda auto-complacencia); ése anarquismo que desagrada e inquieta a los siervos del Estado que no cejan en su empeño de encarcelarnos.
No es fácil ir de un lugar a otro. Aún es más arduo con nuestra hija a cuestas, esa pequeña hermosura que hemos llamado Iraultza y, una compañera canina que jamás renunciaremos a llevar con nosotrxs, porque es parte integral de nuestro clan.
Al parecer, el Estado español tampoco ha renunciado a quererme encarcelar por un “resto de condena” que solo existe en sus podridas mentes y en sus papeles de mierda.
Estando así las cosas, hemos decidido vivir en la sombra, aportando nuestro granito de arena invisible en todos aquellos proyectos que nos resultan de interés y con los que nos sentimos cómplices.
Expresamos toda nuestra solidaridad subversiva para lxs compañerxs DIGNXS juzgadxs en Italia y en el mundo. No tenemos declaraciones que ofrecer en aulas de “togadxs” porque nos cagamos en sus teatros y sainetes, en sus acusaciones y absoluciones.
El mejor modo de propagar la Anarquía es viviéndola intensamente y, no representándola. No se nos da la farsa ni la comedia.
No habrá más “comunicados” de nuestro clan: Estamos libres y somos peligrosxs
¡Por la Anarquía!
El clan nómada-anárquico.
Elisa-Gabriel-Iraultza y la cuadrúpeda.

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