LA CULTURA Y EL PERONISMO
C.A.B.A., Argentina, UNASUR-CELAC, EL EMILIO, De nuestra redacción

Por Victor Leopoldo Martinez
Resulta por
demás interesante incursionar en ese pasado de la historia reciente
(últimos 200 años) que sigue, cuando no escondido, negado o
distorsionado. En esta oportunidad rescaté una reflexión del compañero
Guillermo Mac Loughlin quién se tomó el trabajo de analizar la cultura
de esa argentina “bárbara”; la cultura de ese “aluvión zoológico” que
por primera vez se visibilizó gracias al PERONISMO.
Por eso
resulta bueno refrescar al lector qué se entiende por cultura, cómo y
desde donde se la entiende como fenómeno propio, natural, que establece
identidad.
Según Velkley: «El
término “cultura”, que originalmente significaba la cultivación del
alma o la mente, adquiere la mayoría de sus posteriores significados en
los escritos de los pensadores alemanes del siglo XVIII, quienes en
varios niveles desarrollaron la crítica de Rousseau al liberalismo
moderno y la Ilustración (a continuación nos detendremos en esta etapa: las de la “ilustración”). Además,
un contraste entre “cultura” y “civilización” está usualmente
implícito por estos autores, aun cuando no lo expresen así.» ¿Le suena conocido esto? ¿Se acuerda de la concepción “Civilización o Barbarie”?

Pero
detengamos en esta cuestión de la “ilustración” ya que estamos
padeciendo desde hace años esa plaga de “ilustrado” funcionales a las
clases dominantes vernáculas, formados casualmente en el siglo XIX con
manuales de los colonizadores, pero que sus hijos putativos siguen
operando con categorizaciones similares hasta el día de hoy y no pocos
políticos tomando sus valores como referencia. Sin ir muy lejos, el
despiadado ataque al gusto por “chori” de los “negros de mierda que son arreados en movilizaciones”, muy similar al recordado “usan los parquet de sus casas para hacer fuego”
de finales de los “40” y comienzo de los “50” del siglo pasado, son
muestras contundentes usadas actualmente hasta por el propio Presidente
Macri. Otro ejemplo bien lo es la eterna legisladora Carrio quien hasta
llegó a decir en algún momento de manera burda y peyorativa (con el
perverso fin de sumar votos): “A mí me encantaría comer un choripán con las patas sobre la mesa”; una
acabado ejemplo de la distorsionada visión que tienen no pocos
argentinos de lo que la “cultura” dio en llamar “El aluvión Zoológico”.
Como si el pobre, el laburante, el de abajo argentino, fuera tan “bruto”
y “bandido” para comer con los pies sobre la mesa, algo que esta gorda y
mediocre legisladora sacó de los western yanquis y estúpidamente
traspoló.
Thompson sostenía que: «…
a partir de la Ilustración es cuando surge otra de las clásicas
oposiciones en que se involucra a la cultura, esta vez, como sinónimo de
la civilización. Esta palabra aparece por primera vez en la lengua
francesa del siglo XVIII, y con ella se significaba la refinación de las
costumbres. Civilización es un término relacionado con la idea de
progreso. Según esto, la civilización es un estado de la Humanidad en el
cual la ignorancia ha sido abatida y las costumbres y relaciones
sociales se hallan en su más elevada expresión. La civilización no es un
proceso terminado, es constante, e implica el perfeccionamiento
progresivo de las leyes, las formas de gobierno, el conocimiento. Como
la cultura, también es un proceso universal que incluye a todos los
pueblos, incluso a los más atrasados en la línea de la evolución social.
Desde luego, los parámetros con los que se medía si una sociedad era
más civilizada o más salvaje eran los de su propia sociedad (obviamente las europeas). En
los albores del siglo XIX, ambos términos, cultura y civilización eran
empleados casi de modo indistinto, sobre todo en francés e inglés.»
Sin quitar valor alguno a estas consideraciones, acá podemos detenernos
por un instante para analizar ciertos aspectos relacionados con los
tiempos históricos y esa supuesta “evolución”.
Lo descrito
por Thompson tiene su matriz en la Revolución Industrial (1779-1860) y
su “mayor expresión” en materia cultural en la “Le Belle Epoque”
(1870-1914. Nuestros oligarcas iban a Paris a tirar manteca al techo y
llevaban la vaca atada en los barcos para que sus “nenes tomaran leche
fresca”, costumbre que luego se continuó practicando en la primera parte
de la década infame). Pero esta historia tuvo un colofón trágico: “La
guerra de 14” (Primera Guerra Mundial). Traducido al criollo esa “culta
civilización” despertó en los gobiernos y pueblos europeos de la época
ese mal llamado “codicia” ya que dicha disputa en el fondo estuvo
vinculada pura y exclusivamente al control colonial de los territorios
de ultramar. Asociando ambas cuestiones no resulta casual la codicia
que acompaña a nuestra oligarquía desde el siglo XIX.
Volviendo a la cuestión central de este artículo, según otros autores, «la
palabra “cultura” en la antropología americana está referida a la
evolucionada capacidad humana de clasificar y representar las
experiencias con símbolos y actuar de forma imaginativa y creativa; o
bien las distintas maneras en que la gente vive en diferentes partes del
mundo, clasificando y representando sus experiencias y actuando
creativamente.»

Pero es un
antropólogo peronista (que venía del marxismo y que nunca renegó de él
por ser otra víctima de esa deformada ilustración) -Rodolfo Kusch- es
quién, según mí muy modesto entender, introduce la base histórica del
fenómeno y es el que mejor define esta cuestión:
«Un
individuo que pasa a ser personaje histórico se hunde en la
inconsciencia social, se aleja del presente para reintegrase al
semiolvido de los archivos. Por eso la historia es en primer término una
sumisión inconfesa del presente inteligente al demonismo original del
suelo. Hacer historia es, ante todo, poner en juego la verdad del
presente.»
Ahora sí los dejo en la grata compañía del compañero Mac Loughlin para entender nuestro peronismo como fenómeno cultural:

“Con
el peronismo de las alpargatas la Argentina se vuelve pionera en la
actividad cultural y referente de las naciones hispanoparlantes con sus
revistas, libros, películas y obras musicales. La Argentina desde el
lejano sur, se transforma casi sin proponérselo en una alternativa ante
el nuevo imperio de origen anglosajón que surge en el hemisferio norte,
una de cuyas armas es precisamente la industria cultura que
desarrollaban con premura febril (televisión y cine) y total conciencia de su valor como Instrumento de penetración y consolidación de su proyecto de expansión.”
“Pero
el gran acto revolucionario fue posibilitar que un reprimido y negado
por la Argentina liberal-conservadora, a saber la Argentina mestiza o
criolla, el cabecita negra, el componente (que es más más importante y
numeroso de lo que se quiere admitir) tuviera en sus manos los
instrumentos para empezar a ser actor de la historia. A través de los
canales que abre el peronismo, todos estos conciudadanos afirman su
presencia en el escenario político para hacer escuchar su propia
historia.”
“Con
los instrumentos para desarrollar su música y acompañar su voz,
pinceles para mezclar sus propios colores y sobre todo, con los medios
para hacer llegar ese tesoro a sus compatriotas, empezaron así a
escribir la historia común.”
“Hasta
aquel momento, hablar de cultura en la Argentina era hablar de mundos
paralelos con pocos vasos comunicantes. La clase media y alta de las
grandes ciudades de la pampa húmeda (quienes fijaban los parámetros para establecer qué era lo “culto” y qué “bárbaro”) veneraba e imitaba solamente la cultura universal, o mejor dicho la así consagrada por Francia e Inglaterra
(No por casualidad tanto para Churchill como para la Tatcher el enemigo
del mundo –o sea ellos- tiene nombre y apellido: Juan Domingo Perón). El
folclore, en sus distintas variantes, era solo “cosa de negros y
borrachos”. Estos últimos son esa parte de la Argentina bárbara que
fingen ignorar porque es diferente a la “civilización a la que aspiran.
Apenas si aceptan el tango, exótico producto de los bajos fondos,
simplemente porque París y otra capitales del mundo lo han santificado
con su aprobación.” (*)
(*) “Del aluvión zoológico a la derrota y la recuperación” (Apuntes peronistas para el debate nacional – 2004)
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