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lunes, 6 de marzo de 2017

Tinkunaco 0748/17 - Kaosenlared - Estado democrático-burgués, Ejército, CIA y ciencia monstruosa (I)

Estado democrático-burgués, Ejército, CIA y ciencia monstruosa (I)

Por Aurora Despierta


Las bombas atómicas contra Japón, las verdaderas “razones”, su relación con el Estado democrático y el papel de la ciencia en la Megamáquina capitalista

De las bombas atómicas sobre Japón y la visita de Obama a Hiroshima, a experimentos como los del siniestro programa MK Ultra, el Estado democrático-burgués, muestra una vez más cómo entiende la experimentación científica y su verdadero rostro, muchas veces siniestro.
La visita del presidente de los EEUU a Hiroshima y su negativa a disculparse, demuestra que la cuestión no es algo del pasado que no afecte y mucho al presente. Es una ocasión perfecta para analizar lo que realmente llevó a los EEUU a lanzar dos bombas (dos) atómicas sobre la población civil, cuando ni siquiera las “razones” militares lo justificaban. Las víctimas fueron cobayas humanas en un experimento militar.
Eso supuso un salto cualitativo en la destructividad del sistema capitalista y sus Estados. Terminada la IIª Guerra Mundial, la criminalidad de algunos dirigentes de EEUU se puso de manifiesto de numerosas formas, y algunas de ellas, también utilizando a seres humanos como conejillos de indias en experimentos destinados a ejercer un mayor poder sobre nosotros.
Este artículo se dividirá en dos partes, para comodidad vuestra y para no demorar más que podáis ver en Televisión Española, el documental que inspirará la segunda.
El pasado sábado 28 de mayo, a última hora de la noche (ya iniciado el domingo 29), en el programa de TVE2 “La Noche Temática” se emitió el doble programa documental titulado “El ejército invencible”, compuesto de “Los yonkis de Hitler”, sobre el uso de drogas por las tropas nazis que inicialmente les ayudaban a rendir más en el combate, pero con grave adicción y efectos secundarios, y “Las cobayas de la CIA”, sobre los experimentos de esa agencia, que presenta TVE2 con estas palabras:
Financiados por la CIA, médicos y científicos acosaron a negros, a indígenas y a desvalidos. Los encerraban en prisiones, en hospitales, en barracones e incluso en orfanatos. Y, contra su voluntad, con el pretexto de estudiar el cerebro humano, convertiría a decenas de millares de personas en auténticas ratas de laboratorio.”
Si podéis, no os lo perdáis, sobre todo este último, que dura 55 minutos y está disponible on-line hasta el 12 de junio de 2016 (no sé si inclusive o no).
Aquí tenéis la entrada a los enlaces: http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/
Podeis copiar la transcripción de las voces que viene a la derecha, para repasar su contenido cuantas veces queráis, aunque no aparecen los subtítulos con los nombres y datos de las personas que hablan. Ponéis en marcha el video, esperáis a que justo comience el documental, pausa, definís, copiáis y pegáis la transcripción en un archivo de texto.
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Esta primera parte consta de estas secciones: I:– Las verdaderas “razones” de holocausto nuclear contra Japón dirigido por el Estado burgués democrático norteamericano. II.- La ciencia de la bomba y la megamáquina capitalista. El instrumento al que servimos. III.- La “historia” del victicite. IV.- Fuentes relevantes.
I:- Las VERDADERAS “RAZONES” del HOLOCAUSTO NUCLEAR contra JAPÓN dirigido por el Estado burgués democrático norteamericano
Al Gobierno y ejércitos de los EEUU no les bastó con lanzar una bomba atómica sobre Hiroshima, sino que enseguida arrojaron otra sobre Nagasaki. La excusa que manejaron entonces, y más con el tiempo según se iba conociendo el horror de la bomba atómica, fue la de ahorrar vidas (sobre todo norteamericanas) que costaría una invasión de Japón (inflando cada vez más las cifras más, sin base seria alguna), y acabar de una vez con la guerra.
Pero la verdad es diferente y mucho más siniestra.
Esas dos bombas atómicas fueron precedidas por oleadas de bombardeos masivos y sistemáticos sobre las ciudades japonesas, con unas defensas antiaéreas impotentes, utilizando medios tan criminales como las bombas incendiarias y de napalm que hacía estragos en urbanizaciones que tenían en la madera un material básico y generalizado. En la noche del 9 al 10 de marzo de 1945, Tokio, sin posibilidad de defensa, sufrió un bombardeo incendiario y con napalm por parte de 334 aviones B-29, causando de 90.000 a 100.00 muertos, y dejando sin techo a un millón de personas, siendo por tanto totalmente equiparable a las víctimas de Hiroshima o de Nagasaki.
Los altos jefes, mandos intermedios y aviadores norteamericanos, sabían perfectamente lo que les iba a pasar a toda esa gente, lo que les habían hecho, y además lo reconocían expresamente de las formas más duras y crudas. ¿Qué diferencia esto de los campos de exterminio nazis, sus cámaras de gas y hornos crematorios, cuando además la inmensísima mayor parte de las víctimas eran civiles: ancianos, mujeres, niños?. ¿Cuánta diferencia hay, en los hechos, entre el odio racial al judío, al eslavo, al gitano, y el odio al “japo” al “amarillo”? ¿Cuántas películas, documentales, reportajes… hemos visto sobre los crímenes nazis y cuantas sobre esto?
La destrucción generalizada y el número de víctimas fue tal con esa campaña interminable sobre todo Japón (denominada por ellos mismos como “bombardeo de terror”), que no merece otra calificación que la de crimen de lesa humanidad continuado, que ni siquiera tiene la excusa de que las ciudades de EEUU fuesen en algún momento bombardeadas (la primera vez, algo similar pero muy menor, el 11-SS de 2001; ni en las dos guerras mundiales, ni cuando arrasaban Corea del Norte, ni durante la destrucción de Vietnam). Si los bombardeos incendiarios sobre las ciudades alemanas (como Dresde, en el que también participó EEUU, y que fue de paso una demostración de fuerza aérea cara a la Unión Soviética -URSS, Moscú-) pueden calificarse de crímenes de lesa humanidad, los lanzados contra Japón fueron todavía peores porque además estaban marcados por el racismo hegemonista blanco con un gran odio contra los “amarillos”. Si los EEUU no fueron juzgados en otro Núremberg, fue simplemente porque eran parte de los vencedores y ¡eran muy conscientes de ello!.
Mientras 67 ciudades eran machacadas por los bombardeos, quedaron intactas varias de las grandes (Hiroshima, Nagasaki, Kioto, Yokohama, y alguna menor, como Kokura importante por su arsenal; aunque Nagasaki no fue inicialmente seleccionada, sólo sufrió bombardeos centrados en los astilleros y la fábrica de Mitsubishi), reservándolas para cuando se decidiese lanzar sobre una o varias las bombas atómicas, de modo que fuese más evidente lo que se podía atribuir a su capacidad destructiva, sirviendo además sus habitantes como conejillos de indias, para conocer bien el efecto de la explosión y la radiación sobre los seres humanos. El objetivo de la segunda bomba, Nagasaki, lo fue como sustituto del previsto, Kokura, desechado sobre la marcha porque la nubosidad restaba la visibilidad necesaria para un experimento bien realizado.
¿Había alguna justificación militar para lanzar las bombas?. Ninguna. La rendición de Japón era cosa de muy poco tiempo (¿semanas, un mes, un par?).
Los japoneses, tanto la población civil, como los militares, estaban en su mayoría con la moral por los suelos, y esto no lo podía evitar el fanatismo de unos pocos, sobre todo en el Ejército de tierra. Los ejércitos de mar y aire japoneses tenían sus recursos diezmados. La defensa aérea era incapaz de ofrecer protección contra las oleadas de bombardeos norteamericanos. Entre junio de 1944 y agosto de 1945 hubo más de treinta mil salidas de bombardeos, y se perdieron sólo 74 B-29 (el 0,24%), aunque suponen 900 hombres. Japón era impotente contra la marina y la aviación norteamericana, y esto no podía compensarlo los ataques suicidas kamikaze, también vulnerables. Por el bloqueo naval norteamericano (minas y dominio de la armada USA) se encontraba totalmente aislado de sus recursos en materias primas, energía y combustible que condenaban a la industria al colapso en muy poco tiempo, con la puntilla de los bombardeos norteamericanos que las destruyeron en gran parte, además del sistema ferroviario, vehículos a motor, y el hundimiento de casi toda su marina mercante. La escasez de combustible convierte en cada vez más inoperativos los barcos, aviones y vehículos de motor. Sólo le llegaba los cereales y la sal de Corea ¿hasta que la ocuparan los rusos?. Entre ocho y diez millones de personas debieron abandonar las ciudades arrasadas y expuestas a los bombardeos, para refugiarse en las zonas rurales, cuando la cosecha de arroz (alimento básico y fundamental) de 1945 fue catastrófica, por lo que la mayor parte de la población estaba subalimentada, y en esas condiciones también se hace imposible una resistencia eficaz.
La muestra más clara de la impotencia aérea de los japoneses es que los dos reducidos grupos de bombardeos B-29 que lanzaron las bombas atómicas (entre 4 y 7, con los de reconocimiento y los que acompañaban al que portaba la bomba, para mediciones, fotografías…) no tuvieron que enfrentarse a ninguna resistencia de cazas y de fuego antiaéreo que les pusiese en peligro.
Las fuerzas militares japonesas en el exterior, en particular las de Manchuria, aunque con enormes dificultades, todavía podían servir de reserva y, sobre todo, de medio de presión para conseguir unas mejores condiciones en la rendición. Por eso también jugaba un papel importante la entrada en guerra de la URSS contra Japón, en particular en Manchuria.
Si la capacidad económica, industrial, logística y militar de Japón ya era de entrada incomparablemente inferior a la norteamericana y por tanto lo condenaba a medio plazo a la derrota, cuando además estaba siendo devastado y aislado de sus recursos económicos y militares en el exterior, la rendición ya era inevitable a corto plazo. Y más pronto que tarde, hasta los más fanáticos, deberían aceptar que resistir hasta la muerte solo significaba la destrucción total de Japón y de sus gentes (por las armas y el hambre), por muchos daños que causasen a sus enemigos, que se lo podían tomar con tranquilidad procediendo a la completa asfixia del país, casi como en un asedio medieval; y las fuerzas en el exterior, libradas a sus propios medios, no habrían tardado en rendirse también. ¿Aceptaría la mayoría del pueblo japonés ese destino o se rebelaría contra sus dirigentes?.
Al contrario de lo que durante medio siglo nos ha contado en Occidente la mayor parte de los historiadores, y la propaganda (cine, etc.), quien llevó el mayor peso de la resistencia y la derrota de la Alemania nazi, no fueron los aliados occidentales gracias a la “batalla (aérea) de Inglaterra”, o los combates en el norte de África (el británico Montgomery contra el alemán Rommel), o la invasión de Italia desde Sicilia, y sobre todo el desembarco de Normandía (el Día D), sino la URSS, y tampoco el “general Invierno”, sino sus capacidades y mejor doctrina militar desde Stalingrado sobre todo. Desaparecida la Unión Soviética, esto lo reconocen hoy todos los historiadores militares lo suficientemente serios y objetivos. Derrotados los nazis y fascistas europeos, el Ejército Rojo tenía enormes medios para dedicárselos a Japón. Todo esto lo sabían perfectamente los dirigentes japoneses, y que por tanto, su última esperanza, el ejército instalado en Manchuria, podría desaparecer muy pronto si la URSS les declaraba la guerra.
Aunque yo no pienso que fuese realmente posible, el príncipe Fumimaro Konoe (o Konoye), amigo del emperador y antiguo primer ministro en varias ocasiones, temía que estallase la oposición popular a continuar una guerra condenada, e incluso tras la rendición, y que tomase la forma de una revolución comunista. Relacionado con esto, también debían ser conscientes de que una invasión de Japón por la URSS, si no se limitaba a los acuerdos de Yalta, al contrario que la de los norteamericanos, supondría, con absoluta seguridad, la desaparición de la figura y de la persona del emperador (considerado por la URSS, con toda razón, como un criminal de guerra, por lo que insistía en juzgarlo), el desmantelamiento del aparato de Estado japonés (por supuesto de su ejército y policía; Stalin quería acabar para siempre con el poderío militar japonés), y, como se avecinaba en los países del Este europeo, la expropiación de la clase capitalista y la implantación de una economía similar al Capitalismo de Estado de la URSS.
Así que los más lúcidos (las mayores resistencias se daban en la dirección del ejército de tierra) comprendían que les interesaba rendirse y cuanto antes, procurando preservar ante todo la figura divinizada del Emperador y de ahí la raíz de la legitimidad del Estado burgués japonés, a lo que, finalmente, accederían los norteamericanos. De hecho durante meses antes habían intentado establecer negociaciones de paz a través de la URSS, del Reino Unido y de Suecia, aunque inicialmente pretendiendo conservar también Manchuria, y luego se limitaron al emperador, a que la responsabilidad de la desmovilización y el desarme recayese en el Estado Mayor japonés, que Japón no fuese ocupado militarmente, y que correspondiese a la autoridad japonesa la persecución de los crímenes de guerra (no a otro Núremberg de los vencedores), y todo esto lo sabían los norteamericanos. Pese a que inicialmente rechazaron las exigencias de rendición en los términos norteamericanos, era sólo cuestión de tiempo y de poco, sobre todo si los EEUU admitían respetar al emperador, que además era lo más interesante para los norteamericanos si querían asegurarse un Japón capitalista y un Estado aliado contra el que muy pronto considerarían su enemigo principal en Asia: la URSS. Inicialmente la invasión de Japón estaba pensada para el 1 de noviembre de 1945 ocupando Kyshu (o Kiusiu, la isla donde está Nagasaki, la tercera más grande, debajo y a un salto de la principal, Honshu -o Hondo, prevista para marzo de 1946-, donde están –muy cerca- Hiroshima, luego Kyoto, Osaka, Tokio…); un avance americano precedido por intensos bombardeos habría reducido mucho la voluntad de resistencia; así que los EEUU podían haberse dado tranquilamente tiempo hasta que la manzana japonesa cayese por sí misma del árbol.
Incluso Curtis LeMay, el general norteamericano de la fuerza aérea que había dirigido la campaña de bombardeos sobre Japón, y que por tanto no se distinguía precisamente por sus consideraciones humanitarias, pensaba que Japón se habría rendido muy pronto, sin necesidad de una sola bomba atómica incluso ni de la entrada en guerra de la URSS. Douglas MacArthur era también de la opinión de que no era necesario lanzar la bomba. Y así mismo, el jefe del Estado Mayor, el almirante William Leahy. Las declaraciones posteriores de dirigentes civiles y militares japoneses a encuestadores norteamericanos, dejaron claro que para antes de fin de año sin duda Japón se habría rendido sin invasión y sin ni siquiera la intervención militar de la URSS, pero que ésta fue la que les empujó a dar el paso.
Si los EEUU se decidieron a lanzar una bomba tras otra, fue: a) para acelerar ese proceso; b) impedir así que la URSS tuviese motivos para seguir adelante y controlar más territorio asiático, c) lanzar un mensaje a todo el mundo y muy en especial a la URSS: “somos no sólo los vencedores sino los más poderosos del mundo porque disponemos en exclusiva esta arma apocalíptica, así que atended a nuestras exigencias.” De que éstas eran las verdaderas intenciones, hay testimonios muy cualificados.
Y era mucho más aceptable para la mentalidad occidental hacerlo sobre un pueblo asiático “amarillo”, que les había arrebatado sus colonias o zonas de influencia en Asia, de lo que habría sido sobre Alemania. Existía además en los norteamericanos un odio racial incomparablemente superior al sentido contra los alemanes, porque en este caso el odio se centraba en los nazis y sus dirigentes. De hecho los ciudadanos norteamericanos de origen alemán no sufrieron el trato que sí padecieron los de origen japonés, internados en campos de concentración, pese a que el FBI (Edgard Hoover) dijo que no era necesaria la medida. La deshumanización de la imagen de los japoneses para los norteamericanos, era incluso mayor que la de los judíos por los nazis, si bien también es incomparable el comportamiento objetivamente atribuible a unos (las barbaridades de sus ejércitos) y a otros (ciudadanos como otros, distribuidos por varios estados).
Era tal el interés en lanzar la bomba que los EEUU renunciaron a ofrecer una demostración a los japoneses en un atolón o isla deshabitada y aislada o en un desierto, ni siquiera lanzaron un ultimátum, un último aviso anunciando que lanzarían una bomba atómica sobre alguna ciudad (Hiroshima 6 de agosto de 1945). Y tampoco lo hicieron con la segunda (Nagasaki, a los tres días, el 9-8-1945), pese a conocer suficientemente bien los resultados terribles de la primera.
En la Conferencia de Yalta (4 a 11-2-1945), los aliados habían acordado que la URSS rompería su tratado de no agresión con Japón y entraría en guerra en dos o tres meses tras la rendición de Alemania (a cambio conseguiría la parte meridional de la isla Sajalín –japonesa- y adyacentes, y las islas Kuriles, territorios en histórica disputa con Japón, más otros privilegios). Es más, los norteamericanos ya habían conseguido el compromiso de la URSS para atacar al ejército japonés en Manchuria. En la conferencia de Postdam (17 de julio al 2 de agosto 1945) Stalin garantizó al presidente de los EEUU (Truman), que para mediados de agosto declararían la guerra de Japón. Pero los EEUU ya no estaban tan interesados en la colaboración soviética y corrieron a lanzar la primera bomba. Las prisas norteamericanas de debían a que preferían conseguir ellos solos la rendición de Japón y que así la URSS pudiese ejercer menos presión cara al cumplimiento de las concesiones territoriales pactadas en Yalta, y no participase en la ocupación de Japón (a diferencia de la ocurrido con Alemania, que llevo también a su partición, quedando el Este bajo control soviético). La URSS (para estar en mejor posición diplomática tras la guerra y ocupar más territorio), visto también que se había explosionado la bomba sobre Hiroshima (6 agosto), adelantó la fecha y declaró la guerra a Japón el día 8 de agosto (exactamente a los tres meses del fin de la guerra europea, cumpliendo su compromiso en Yalta), y pasada la medianoche, ya en el día 9 de agosto lanzó el ataque en Machuria. Pese a esto, y sin más excusa para arrojar una segunda bomba que presionar más a la rendición (segura y pronta tras la intervención soviética que terminaba con las esperanzas japonesas en su mediación diplomática), a las 11 de la mañana del día 9, tras renunciar a bombardear Kokura, los EEUU lanzaron la segunda bomba, sobre Nagasaki.
Mediante una rápida maniobra envolvente y dificultando la retirada por mar, el Ejército Rojo derrotó –pese a su feroz resistencia en muchos puntos- a las fuerzas japoneses en Manchuria, que constituían las mayores y más próximas reservas del ejército japonés en el exterior (entre 750.000 y 1 millón de soldados, según las fuentes; apoyados por 1.155 tanques, 5.360 cañones y 1.800 aviones). Si ya habría sido muy complicado el traslado de ese ejército a Japón, dada la presencia dominante de la marina norteamericana, su derrota le privaba definitivamente de ese recurso potencial y medio de presión para una rendición en términos más ventajosos para los dirigentes políticos y militares japoneses. Como estaba previsto que los rusos ocupasen la zona japonesa de la isla de Sajalín (11-25 agosto), y las islas Kuriles (18 agosto a 1 septiembre) y el norte de Corea (15-24 agosto), dirigentes japoneses temieron que también lo hiciesen con la segunda isla más importante de Japón, también en el norte, Hokkaido, a un salto de la principal, Honshu, y que eso acabase desencadenando una revolución comunista. Por lo que se sintieron todavía más impulsados a rendirse a los norteamericanos. Pesaba más la amenaza rusa que los bombardeos, pues a falta de conocer las consecuencias a largo plazo de la radiación, poca diferencia encontraban para ellos entre ser destruidos (como venía ocurriendo) por flotas de centenares de aviones lanzando miles de bombas incendiarias, que por unos pocos con una sola. Los japoneses no lo sabían, pero EEUU solo tenía preparadas tres bombas atómicas (la del ensayo en Alamogordo, y las dos arrojadas). ¿Cuánto habría tardado en fabricar otra? ¿Habría habido más oposición interna a lanzarla? Fue la pérdida inevitable del ejército de Manchuria, y la amenaza de la presencia rusa ya en la Sajalín japonesa, lo que acabó con todas sus esperanzas de conseguir mejores condiciones de rendición.
Entre los dirigentes políticos y militares japoneses (incluido el Emperador) hubo disputas sobre el paso a la rendición y en qué condiciones, incluso una intentona de golpe de estado (noche del 14 a 15 de agosto) por parte de un grupo de militares que, fracasado, terminarían haciéndose el hara-kiri. El 14 de agosto, los norteamericanos enviaron una nueva oleada de bombardeos. Más de mil aviones lanzaron bombas incendiarias sobre Tokio. Esa misma noche, el emperador Hirohito ratificó los términos de la rendición, y el 15, a través de una comunicación radiada (la primera vez) del emperador se lo comunicó a sus súbditos. Pero como no hubo orden precisa de rendición, los soldados no lo hicieron y continuaron los combates en Manchuria. El 19, fue radiado el mensaje a las tropas japonesas en Manchuria, y el 20, su mando dió la orden de deponer las armas. La autoridad del emperador facilitará la aceptación de la rendición por parte del resto de las tropas distribuidas por Asia. La escenificación de la firma de la rendición de Japón, cara a la propaganda, se postergó para el 2 de septiembre, en la ceremonia a bordo del acorazado USS Missouri, en la Bahía de Tokio.
Que los EEUU lanzasen una segunda bomba atómica puede tener que ver también con que ésta era de plutonio y la primera de uranio, así que podrían comparar los resultados sobre los objetos y las personas.
Nunca podrán alegar que el objetivo fuese alcanzar cuanto antes la paz, porque no se la puede buscar con el exterminio de los menos responsables, sino la mera victoria militar, como sea y a costa de lo que sea.
Hay que destacar una y otra vez que la mayoría de las víctimas de los bombardeos eran mujeres, ancianos y niños, porque los hombres en edad de combatir estaban en otros lugares donde eran más necesarios.
Durante mucho tiempo, con la ocupación americana de Japón, se censuró toda la información sobre los efectos inmediatos y posteriores de las bombas, para ocultar su realidad, sostener el apoyo de los norteamericanos a ese crimen, y dar luz verde al armamentismo nuclear.
Pero los bombardeos norteamericanos, la búsqueda y utilización sin justificación alguna de las bombas atómicas (no una, sino dos, y sobre todo la segunda), demuestran que los crímenes de guerra y contra la Humanidad no son exclusivos de los Estados fascistas, sino que también se dan ¡y de qué manera! en aquellos que se las dan de abanderados de la libertad y del humanismo en el mundo.
¿Qué tienen en común? Que son estados modernos que responden sobre todo a los intereses de la misma clase dominante (capitalista) que, bajo una forma u otra (privada o estatal), y con unos u otros métodos (“democráticos”, fascistas, burocrático-estalinistas), explotan el trabajo humano, sobre todo el de los trabajadores/as asalariados.
Entre sus dirigentes tenemos desde los que no tienen las intenciones más malvadas pero son incapaces de hacer un movimiento eficaz en contra, a los psicópatas y más maquiavélicos empeñados en seguir hasta el final sin detenerse en ninguna consideración humanitaria, y en medio, las mediocridades como Truman que impulsan y dejan hacer y se alegran enormemente con la noticia de la bomba sobre Hiroshima.
La consecuencia de lanzar aquellas dos bombas fue la carrera armamentista nuclear, con la invención de la bomba atómica de hidrogeno, las instalaciones de misiles también en submarinos, etc. que, como hemos ido sabiendo, en varias ocasiones ha estado a punto de llevarnos a una guerra mundial atómica. Si no la ha habido no es tanto por el miedo a la destrucción mutua, como porque el capitalismo mundial no ha necesitado ese recurso para ir “saliendo” de sus sucesivas crisis desde la IIª Guerra Mundial. En ausencia de armamento nuclear, lanzarse a una guerra mundial convencional tampoco habría sido tan fácil porque, como sobre todo demuestra la experiencia de la Iª Guerra Mundial, existe el peligro potencial de que desencadene un proceso revolucionario, a diferencia de lo que probablemente ocurriría en caso de guerra nuclear que, de tan rápida en su escalada y efectos apocalípticos, no daría tiempo ni lugar para esa reacción popular.
Que permitamos que siga en pie un arsenal nuclear mundial, que su desmantelamiento no forme parte de la agenda política permanente, da la medida también de nuestro grado de ceguera y sometimiento al Estado y al monstruo que apunta directamente a nuestra existencia. Porque ya no se trata sólo de los EEUU y de la exUnión Soviética, sino de estados nucleares tan próximos como Francia y Reino Unido, del secretismo nuclear del Israel imperialista, del antagonismo entre Pakistán e India, y del régimen estalino-demente de Corea del Norte.
El presidente de los EEUU, Barac Obama con motivo de su reciente visita a Hiroshima (27-5-2016), ha dejado claro que no pensaba pedir perdón, por lo que todo se resume a un gesto sentimental (reconocimiento y empatía con el dolor) y las declaraciones rituales a favor de la paz y el desarme. Con su negativa avala que sigan proliferando, como durante décadas, las mentiras y justificaciones sobre las bombas (“ahorró vidas humanas”, “fue lo que les obligó a rendirse”, “permitió traer antes a casa a nuestros muchachos” etc.) incluso de la pluma de muy promocionados historiadores (como Antony Beevor, Robert James Maddox…). No pueden reconocer que esto constituye probablemente el mayor crimen contra la Humanidad de toda la historia, porque inauguró, con muertos, el inicio de la era del armamento nuclear que, discretamente, sigue amenazando nuestra existencia; y de esto fueron advertidas las autoridades por algunas mentes científicas lúcidas, antes de las explosiones, pero se prefirió seguir adelante. No bastó con tener todos los conocimientos necesarios para fabricar la bomba, ni con fabricarla, ni con hacerla explotar en el desierto. Lo peor no fueron las víctimas en Hiroshima y Nagasaki, ni siquiera la escalada armamentística nuclear, sino que los norteamericanos quisieron sentar el precedente de que, no una sino dos veces, ya se había utilizado contra decenas de miles de seres humanos, y como ni siquiera se pide perdón por eso, se está diciendo que si no fue un crimen, ni siquiera un error y que incluso tiene justificación o cuando menos comprensión, es admisible volver a hacerlo cuando lo crean conveniente. Por eso, todos los bonitos discursos pseudopacifistas, deseando la desaparición del armamento nuclear, etc., no son más que bonitas palabras para engañar a la gente, sembrar vanas esperanzas, anestesiar las conciencias, dejarnos pasivos, y por tanto, totalmente vulnerables para cuando quieran volver a lanzarlas desde silos, aviones o submarinos… La negativa de Obama es señal también de que él mismo no renuncia a usar el armamento nuclear si así lo demandasen las circunstancias, entendido a la manera de 1945, si hace falta. Y porque ir hasta el fondo del cuestionamiento del uso de las bombas atómicas, acaba apuntando al sistema económico-social-político-científico que hizo y hace posible esa monstruosidad.
Pero tampoco Japón ha pedido perdón por la matanza de Nankín (entonces capital de China, 1937, 300.000 civiles brutalmente asesinados, muchos mujeres tras ser violadas, mutiladas…, por eso se le llama también “la violación de Nankin”; más que las víctimas iniciales de Hiroshima -80.000 y para final de año entre 90.000 y 140.000- y Nagasaki -70.000- juntas, aunque con el tiempo llegarían al medio millón).
Y es que los Estados, la clase capitalista ¡no tiene remedio! ¡ni siquiera son capaces de un gesto como ese, aunque sea mentira!
La IIª Guerra Mundial como la Iª, fue una guerra interimperialista, entre grandes potencias, y con estados asociados. Alemania e Italia iban en busca de un imperio que el reparto del mundo previo y los resultados de la Iª GM, les había negado. Francia y el Reino Unido, defendían el que ya tenían con su colonialismo. Japón “liberaba” a Asia del colonialismo blanco para imponer su dominio. Los EEUU perseguían su expansión pero bajo una modalidad neo-colonial, más avanzada que la colonialista, pero eso no les impidió apoyar a Francia en sus intentos por recuperar Indochina (Vietnam) de las manos de los independentistas dirigidos por Ho Chi Minh. La URSS también era imperialista, como lo demostró ya sin duda alguna su política en la Europa del Este. La única diferencia es que su régimen de Capitalismo de Estado, se disfrazaba de comunismo al partir del proceso contrarrevolucionario bolchevique contra la propia revolución de 1917. Cuanto más débiles y a más importantes enemigos se debían enfrentar, más brutales eran los métodos, como se vio con Alemania y Japón sobre todo. Pero el imperialismo democrático de los EEUU demostró que, en lo substancial, participaba totalmente de su naturaleza, y por eso no se frenó pese a ser absolutamente consciente de que sus ensayos con cobayas humanos en Hiroshima y Nagasaki suponían un gigantesco salto cualitativo en la capacidad de autodestrucción de la Humanidad. Nada de eso fue suficiente para que quienes estaban en contra luchasen de verdad por impedirlo, ni para detenerse a los que estaban a favor. El resultado, lo conocemos y lo seguimos sufriendo, aunque parezca no existir, hasta que estalle una verdadera crisis militar entre países con armamento nuclear.
La gente joven lo ignora porque todas lo tenemos casi olvidado. Pero a finales de la década de los 70, los EEUU tenían la pretensión de desplegar por Europa misiles con la llamada “bomba de neutrones”, pero debido a la importante oposición que provocó, tuvieron que echarse atrás. Lo que caracteriza a esa tecnología es que, siendo atómica, apenas afecta a los objetos, aunque durante un tiempo corto los radiactive, pero sí es mucho más letal para las personas, porque también es más capaz de atravesar blindajes como bunkers. Podía utilizarse también en combates más tácticos y de proximidad, por lo que podría proliferar su uso. En ese sentido táctico, supongo que sería algo parecido al uso del uranio empobrecido en los misiles y balas de cañón durante la guerra de Irak, que ha resultado ser más radiactivo y peligroso (tanto para los militares como para los civiles terminado el combate) de lo que inicialmente quisieron hacernos creer.
Así que no desesperemos, seguramente nos prepararán alguna otra sorpresa, porque existen las mismas relaciones sociales (capitalismo y su Estado burgués) que en 1945 y en la década de los 70, dieron lugar a la bomba atómica y a la de neutrones.
En la segunda parte de esta serie conoceremos algunos otros experimentos de radiación con humanos, tanto militares como civiles.
II.- La CIENCIA de la BOMBA y la MEGAMÁQUINA CAPITALISTA. El INSTRUMENTO al que SERVIMOS
Fueron los científicos, y además figuras del más alto nivel, como Albert Einstein, quienes tomaron la iniciativa para impulsar la investigación y desarrollo de la bomba atómica. Muchos de ellos eran judíos, conocían bien la catadura de los nazis y temían que tomasen la delantera. No se les puede achacar intenciones criminales, ni siquiera contra los alemanes, sino una visión demasiado estrecha e ingenua de la realidad.
Al menos inicialmente y durante el período crítico, la mayoría de ellos fue incapaz de comprender que su saber no iban a ponerlo en buenas manos, en manos inocentes, sino en otras tan criminales (a su manera) como los nazis, sólo que con discurso democrático. Y que independientemente del primer detentador de la bomba, inauguraría la era en la que estamos, con el peligro siempre latente del holocausto nuclear, por error, “calentón” o lo que fuere, porque continuamos en una sociedad de clases explotadora con su correspondiente aparato militar de Estado.
La participación de los científicos en la bomba atómica, y selección de las ciudades objeto del bombardeo, fue guiada, además de por el “patriotismo” (servicio al propio Estado capitalista) y el “antifascismo” (respeto por la democracia capitalista) y tal vez en algunos el desprecio racista por los “amarillos”, por un altísimo grado de irresponsabilidad social. Aunque algunos eran bastante conscientes y advirtieron muy seriamente de las consecuencias que tendría no sólo sobre las víctimas directas, sino a largo plazo para toda la Humanidad, no tuvieron el coraje suficiente para enfrentarse y negarse a continuar. Acabó pesando más, la sumisión al poder, y la gratificación de la “ciencia por la ciencia”, el descubrimiento y la invención por sí mismas, conseguir el “éxito en su trabajo” cuando el Estado ponía a su disposición grandes recursos.
Los científicos japoneses, bajo la dirección del ejército, también cometieron, en la Manchuria ocupada, atrocidades con numerosos experimentos de guerra biológica que utilizaron también contra la población china, causando miles de muertos.
El sistema capitalista, con su división social del trabajo (científicos-ingenieros, trabajadores, correspondiendo a clases sociales diferentes), sistema jerárquico y burocrático, facilita la disolución de las responsabilidades, porque nadie se responsabiliza de hacer de principio a fin una bomba atómica y lanzarla sobre la gente. Cada uno hace una parte de la tarea, tiene su parcela de responsabilidad, puede que ni siquiera sepa cómo acabará todo. Los más responsables, se remiten a Dios, o a la patria, o al mandato de la “soberanía popular” (aunque no les haya pedido eso precisamente o ni siquiera consultado) o porque hay que rentabilizar de alguna forma todos los recursos empleados… La lealtad (bajo la forma de patriotismo, espíritu de cuerpo, etc.) da prioridad al “nosotros” contra “los otros” aun pasando por encima de las más elementales consideraciones humanitarias, e incluso sobre el “todos” de la Humanidad. Finalmente se impone por la obediencia espontanea, la disciplina, o como último recurso, por el temor, pero sobre todo, por un sentimiento de impotencia personal ya que cada uno se siente como una pequeña parte del mecanismo total.
La dinámica, la inercia y la escalada militar, llevó a cotas cada vez más asesinas y monstruosas, creando situaciones en las que seres humanos corrientes se comportaron como monstruos, si no sádicos, sin por su indiferencia; y quienes ya eran monstruos (psicópatas integrados, que pasaban por “normales” pero tenían una gran iniciativa destructiva) se desataban provocando toda la destrucción que la Megamáquina (capitalismo-Estado) les permitía, con la complicidad de los más cínicos valedores de los intereses de la clase capitalista, la complicidad de otros, la indolencia de quienes podían hacer algo pero no lo hicieron, y la impotencia del resto. Mediocridades humanas como Truman, fueron aupadas por los engranajes de esa Megamáquina, a la posición de más altura, en la que creían llevar los mandos, a la vez que aplaudían los resultados. Ni siquiera se puede decir que fuese un gran malvado como otros; era sobre todo un burgués corriente egocéntrico, estrecho de miras, y un imbécil moral; despreciaba a gentes de otras razas como si fuesen menos humanos que él, cuando era él quien se situaba muy bajo en el escalafón de la especie humana.
Truman podía pensar que la bomba se había inventado contra los japoneses (inicialmente pensando en los alemanes, pues los nazis intentaron desarrollarla), y contra los rusos si se ponían rebeldes, o contra quien fuese en contra de los EEUU. Pero en realidad, la bomba se ha inventado contra toda la Humanidad, incluidos los propios norteamericanos, su propio Estado, porque ha sido imposible contenerla como su patrimonio exclusivo.
Una de las cumbres de la racionalidad humana, la comprensión de los más intrincados secretos de la Naturaleza, como es el átomo, se trastocó en una de las expresiones más primitivas pero sobre todo más pervertidas de nuestra naturaleza: la violencia destructiva criminal y genocida, y la irracional racionalización de los medios para ejecutarla (cuanto más se pueda matar con el menor esfuerzo, mejor), con las racionalizaciones ideológicas más irracionales (racismo y deshumanización de los “japos”, etc.; nosotros somos los buenos porque somos demócratas y humanistas, no como los nazis y estos, y por tanto nada de lo que hagamos puede ser tan como lo que ellos hacen).
La misma existencia del armamento nuclear, para su mantenimiento y evitar que sea pirateado por “señores de la guerra”, grupos terroristas, precisa del cuidado y protección del aparato militar y servicios secretos. Así que refuerza y legitima al Estado. Tratándose de un asunto que exige discreción en sí y en lo que le rodea, termina desembocando en el secretismo interesado para dar poder a organismos que escapan en la práctica a todo control democrático, por lo que el Estado burgués se autonomiza más, y su protección sirve de escusa para más medidas de control y represivas (NOTA 1).
La necesidad de no caer en desventaja ante los potenciales enemigos nucleares, conduce a que el Estado se comporte permanentemente como si estuviese en situación casi de guerra, incluso de “guerra fría”, aunque no sea ya con la URSS y China. Para poder “estar al día”, necesita extender sus tentáculos a las instituciones científicas, universitarias, además de las empresas armamentistas, por lo que una buena parte del talento humano se dedica a esta finalidad destructiva; aunque tal vez luego tenga algunas aplicaciones civiles útiles, para llegar a eso no hacía falta ese recorrido y despilfarro. También necesita recaudar una cantidad enorme de recursos del trabajo humano, ya no como servicios especiales para construir una pirámide, sino en forma de impuestos. Toda una nueva “casta sacerdotal” debe servir en los nuevos templos de los dioses de la guerra para que no se sientan desatendidos y nos sean propicios.
El Estado, para proteger su poder nuclear y evitar el rechazo popular, se encarga de la gestión psicológica de esta locura colectiva. Así, se mueve entre fomentar la psicosis del miedo y su seudo-protección (como en los años críticos de la “guerra fría” con absurdas campañas hasta en la escuela, con consejos como “protégete de la bomba: métete debajo del pupitre”) o procurar que el tema pase desapercibido, que la gente corriente se olvide incluso de la existencia de las armas nucleares, o se muestre indiferente, como viene a ser hoy el caso. La información se controla para que la población no tenga una idea exacta de lo que les ocurriría a ellos (podemos dar el primer golpe definitivo, ganar, reconstruirnos…) y con el “enemigo” (durante años se minimizaron los datos de las consecuencias de las explosiones sobre Japón; se fomenta la falta de empatía con las víctimas e incluso el odio: “japos”, “rojos”, etc.). Todo ello conduce a un grado de ceguera cognitiva, irracionalidad, embrutecimiento y descomposición moral, incluso desconocido para otras épocas de la Humanidad que también destacaron por una enorme brutalidad.
Es tal el absurdo, que si se hubiese publicado la fotografía de unos marines exhibiendo, orgullosos y burlones, las cabezas cortadas y los testículos amutados de unos soldados o civiles japoneses, habría provocado más escándalo y horror que el que desataba “cocinando” a la decenas de miles de personas con bombas incendiarias o atómicas. Esta es la locura de nuestra civilización.
La invención y producción de la bomba atómica fue una tarea ciclópea (elijo esta imagen en lugar del simple coloso, porque los cíclopes sólo tenían un ojo, por tanto una baja calidad de visión, sin sensación de profundidad, como implica, en términos humanos, el propio proyecto Manhattan). Necesito de poderosísimos recursos materiales y humanos, sólo posibles en una sociedad industrial, tecno-científica. Por esto, por estar ligada estrechamente al Estado, por ser parte de la dinámica imperialista-guerrera y de dominio mundial, expresión del culto a “la ciencia” y la “técnica”, es por lo que era la expresión máxima de la naturaleza de la Megamáquina industrial-capitalista creada por nosotros pero que también se nos impone, potencia la destructividad, y pone en riesgo la misma existencia de la especie, con la explotación, pobreza, guerras, crisis ecológica, riesgo permanente de holocausto nuclear.
Los primeros seres humanos se sirvieron de material pétreo para fabricar hachas, raspadores, puntas de lanza, etc. Desde entonces hemos ido desarrollado unas relaciones sociales de producción, unas instituciones (como la empresa, el Estado) con efectos destructivos crecientes, y una tecnología que cada vez es menos claro si son nuestros sirvientes o si les servimos. Porque el sistema industrial-capitalista tienen requerimientos para su “buen funcionamiento” que nos empujan a la constante explotación, la desigualdad social, la opresión política manifiesta o sutil con el fortalecimiento creciente del Estado, las guerras, la puesta del conocimiento al servicio de lo anterior, la perversión de la ciencia y la invención de artefactos monstruosos, volviéndose constantemente nuestra creación contra nosotros, como en el cuento del “aprendiz de brujo”, pero trágicamente.
El conocimiento profundo del átomo llevo rápidamente, impulsado por la guerra, a su traducción en armamento nuclear; su aplicación civil, con la energía nuclear, ha demostrado hasta la saciedad sus enormes peligros para hoy y el futuro. ¿Podría ocurrir algo parecido con la comprensión de la inteligencia humana y de la programación informática? ¿Podría una guerra importante acelerar todo lo relacionado con la Inteligencia Artificial, puesta además sobre todo al servicio de la guerra, y luego con aplicaciones civiles aparentemente inocuas? ¿Corremos el peligro de desarrollar la Inteligencia Artificial, que inicialmente la creemos a nuestro servicio, pero que finalmente podría tomar el mando aunque casi ni siquiera nos demos cuenta, o nos parezca normal una sociedad cyborg, como hoy nos lo parece el capitalismo y todos los males que ocasiona, o en su tiempo ocurría con el esclavismo (no tan lejano, siglo XIX en EEUU)?. Muchísimos hechos que ya se vienen dando hasta en la vida cotidiana (la adicción al móvil…), las reflexiones de científicos de primer orden, y las especulaciones de la ciencia-ficción, apuntan a un peligro real.
III.- La “historia” del VICTICITE
Relacionado indirectamente con todo esto, existe una película muy interesante, falso documental, titulada “La Gran Guerra Marciana (1913-1917)” emitida por TVE2 a finales de diciembre de 2015 y primeros de 2016. Supuestamente sería un documental reciente (de 2013, por el centenario) en el que testigos, veteranos de guerra, especialistas militares e historiadores, repasarían un gran acontecimiento histórico ocurrido entre 1913-1917. Adaptando en parte la historia historial real a la ciencia-ficción ucrónica, aprovechando imágenes de lo que en realidad fue nuestra Primera Guerra Mundial combinadas con imágenes por ordenador de máquinas extraterrestres muy similares a las descritas por H. G. Wells en su novela “La guerra de los mundos” y vistas en adaptaciones como la película de 2005, del mismo nombre, del director Steven Spielberg (protagonizada por Tom Cruise), se nos muestran las batallas en las tierras de Europa entre los humanos y unos extraterrestres que resultaban invencibles pues cuanto más les atacábamos más fuertes se hacían. Se debía a que eran capaces de utilizar todo lo que usábamos contra ellos para revertirlo contra nosotros; pues gracias a máquinas llamadas “piojos”, recolectaban y reciclaban el material (metales, etc.) para fabricar sus propias máquinas, tanto las “garzas” como las “arañas”.
Porque los extraterrestres tenían tres tipos de máquinas: dos de combate y una recolectora. Las enormes (llamadas “garzas”, parecidas a las de las películas) y las más pequeñas (más altas que un soldado) que parecían sus auxiliares (llamadas “arañas”); los “piojos”, que a la noche recorrían los campos de batalla arrastrándose por entre los cadáveres y restos del combate. Los humanos consiguieron capturar dos “garzas”, y entonces las “arañas” que estaban cerca dejaron de atacar, como si se hubiesen quedado sin jefes; se rindieron y además colaboraron con los hombres, transportando las cabinas de las garzas. Allí encontraron a las criaturas extraterrestres, muertas. Las “arañas” fueron analizadas pero no descubrieron piloto ni nada que se pareciese a un ser vivo, pero sí un elemento líquido que descubrieron que era un metal orgánico capaz de autorreproducirse y de percibir y responder (consciente), colaborando con los humanos (el victicite, lo llamaron). Así que los humanos sacaron la impresión de que aquello que había estado bajo dominio de las “garzas” ahora podía ser prácticamente domesticado por el hombre.
Lo utilizaron para producir armas contra los alienígenas que entonces redoblaron sus ataques, “garzas” junto con “arañas”. La captura del extraterrestre piloto de una “garza” derribada en Londres permitió descubrir que había muerto por un virus terrestre y eso se utilizó para llevar adelante una guerra biológica que acabó con los invasores alienígenas, pero que también tuvo un coste humano gigantesco (inspirado en la real “gripe española”). Al vencer a los alienígenas de las “garzas”, todas las “arañas” se rindieron. Los humanos descubrieron sus almacenes, apoderándose de sus enormes reservas de victicite. Como ya no era necesario para la guerra contra los alienígenas se aplicó a la producción en la paz, con innumerables aplicaciones que provocaron toda una revolución tecnológica (telecomunicaciones, ingeniería, medicina, transporte…).
Pero la verdad tras todo esto era que aquel maravilloso material en realidad no eran los auxiliares de los alienígenas, sino que los había manipulado y utilizado para que nos invadieran trayéndolos con ellos. El tripulante de la “garza” que había llegado a Londres también quiso advertirnos de que tanto ellos como nosotros estábamos siendo engañados por el victicite, un parásito que modifica la conducta del huésped para controlarlo cada vez más. Cuando las primeras “arañas” se dieron cuenta de que los alienígenas de las “garzas” capturadas habían sido derrotados, decidieron cambiar de bando.
El victicite siguió impulsado la guerra en ambos bandos. De esta manera fomentaba la selección natural sabiendo que, ganase quien ganase, el victicite se quedaría con el vencedor, el mejor adaptado a la existencia terrícola y la lucha.
Habían conseguido unos nuevos huéspedes: los humanos. Con la paz, el victicite permitió desarrollar una tecnología de múltiples aplicaciones que impulsaba nuestro desarrollo económico. Ahora esa materia consciente, nos empujaría inadvertidamente a la conquista de otros mundos, lo que seguramente nos llevaría a nuevas guerras. Así conseguirá lo que en realidad era el propósito de su existencia: expandirse por todo el Universo, a costa de los conflictos y destrucción mutua entre los seres vivos.
Aunque te haya contado el argumento, vale la pena que veas, o al menos oigas, la película. No parece estar disponible para verla gratis, pero aquí tenéis el audio (1,36 horas) y en otras páginas de internet tienen imágenes y videos cortos de presentación o resumen, con los que os podéis hacer una idea bastante aproximada: http://www.ivoox.com/gran-guerra-marciana-audios-mp3_rf_6580658_1.html — que también se puede descargar. Y video resumen de 3,30 minutos en http://contraprensadistopica.blogspot.com.es/2015/08/la-gran-guerra-marciana-un-documental.html
Esto viene a ser como una fábula de ciencia-ficción ucrónica de lo que en parte nos está ocurriendo. Condicionados por el nivel de recursos con los que contamos y por la división del trabajo alcanzada, establecemos determinadas relaciones sociales que a su vez potencian una división del trabajo que ya no es sólo técnica, sino social, lo que a su vez impulsa el desarrollo tecnológico en determinada dirección; esa tecnología también impone su escenario y tiene sus requerimientos. Todo va conduciendo a una evolución en las relaciones sociales de producción y de poder entre los humanos (Estado), y a un mundo tecnológico que de ser sirviente va convirtiéndose cada vez más en determinantes de nuestras vidas, hasta el punto que podemos estar sirviendo a nuestra creación, de modo que su mismo desarrollo acabe volviéndose contra nosotros de muchas formas.
Con el desarrollo del conocimiento científico, y de la física en particular, determinada por las relaciones sociales capitalistas apoyadas en el industrialismo y el poder creciente del Estado (la Megamáquina de la civilización capitalista), con sus necesidades imperialistas y guerreras, hemos llegado a lo que seguro que no es el resultado último en nuestra contra: el armamento nuclear.
Esta película también nos ayuda a recordar que, bien sea bajo la forma de democracia, fascismo, nazismo, militarismo asiático, “comunismo” estalinista, lo que subyace es el capitalismo y el Estado burgués, diferenciado por su nivel de desarrollo y necesidades en la lucha inter-imperialista y contra la clase trabajadora y el pueblo. Desaparecidos casi todo los competidores del Estado democrático, lo que se sigue extendiendo y permanece es el capitalismo y su Estado; nuestro particular victicite. Y en el caso de la Primera Guerra Mundial, era todavía más claro que en el de la Segunda.
IV.- FUENTES relevantes
Aunque no comparto su orientación demócrata-liberal de izquierda, un libro muy documentado, con muchísimos detalles que no he comentado ni reproducido, es el de Oliver Stone y Peter Kuznick “La historia silenciada de Estados Unidos” La Esfera de los libros. 2015, 1050 páginas, que transcribe y amplía muchísimo lo relatado en la serie documental de Oliver Stone “La historia no contada de los EEUU”, emitida dos veces por Televisión Española. Su interés se extiende a muchísimos más temas que el de las bombas atómicas.
Henri Michel.- “La Segunda Guerra Mundial. Tomo II. La victoria de los aliados” Akal. 463 páginas. 1991
Para datos relevantes y un análisis político yendo a la raíz, utilizando el instrumental marxista, aunque en su vertiente trotskista (que no comparto), dos libros (NOTA 2):
Chris Bambery.- “Historia marxista de la Segunda Guerra Mundial” Pasado & Presente. 445 páginas. 2015.
Ernest Mandel.- “El significado de la Segunda Guerra Mundial” Los libros de Viento Sur. La oveja roja. 272 páginas. 2015.
Sobre el progreso humano y tecnológico, el desarrollo de la organización social, del Estado y de la destructividad, desde la Megamáquina social que construyó las pirámides de Egipto a la Megamáquina industrial-nuclear, una obra para leer y pensar despacio. Lewis Mumford “El pentágono del poder. El mito de la máquina (dos).” Pepitas de calabaza ed. 2011, 800 páginas. El tomo I se titula “El mito de la máquina. Técnica y evolución humana” Pepitas de calabaza ed. 2010, 552 páginas. Probad a ver si se puede descargar en algún sitio autorizado.

NOTAS

NOTA 1.- Un caso espectacular en este sentido. El israelí Mordegai Vanunu, por revelar al mundo en 1986 el secreto del programa de armamento nuclear israelí (armas de destrucción masivas no declaradas ni fiscalizadas internacionalmente), fue secuestrado en Roma (1986) por agentes israelíes, juzgado en secreto violando sus más elementales derechos, encarcelado en condiciones brutales y cuando se vieron obligados a excarcelarlo (2004), quedó sometido a una libertad vigilada muy restrictiva. La lealtad a la Humanidad, a la paz mundial, a la verdad y a la convivencia en Oriente próximo, le convirtió en “traidor al Estado”. Israel, con el apoyo de los EEUU, sigue sin comprometerse con el Tratado de No Proliferación Nuclear y pasándose, por donde siempre se los pasa, las condenas y requerimientos de las Naciones Unidas. Vanunu, tratado por su Estado como un criminal de la peor especie, fue en realidad un héroe de nuestra especie y el Estado de Israel sigue siendo una amenaza para el mundo. Israel cuenta al menos de 150 a 200 cabezas nucleares (revista “Ecologista” nº 50, invierno 2006/2007, artículo “Proliferación nuclear: ultima ratio regis” de Francisco Castejón).
NOTA 2.- Como no comparto su posición de considerar a la URSS (Rusia y estados asociados) como un “Estado obrero burocratizado”, pues considero que era una forma de Capitalismo de Estado, con todas las consecuencias que esto tenía en cuanto a la posición política ante la IIª Guerra Mundial, os aporto una relación de textos importantes de crítica al trotskismo, desde posiciones antiestalinistas.
Sobre la naturaleza de la URSS el tag de la web del economista marxista Rolando Astarita; dad abajo para que aparezcan los artículos más antiguos (al menos dos veces) que son muy interesantes https://rolandoastarita.wordpress.com/tag/urss/
Otra crítica muy interesante al mismo Programa, en la web de Debates. Teoría y praxis, con textos relevantes, en esta dirección http://www.debates.teoriaypraxis.org/ . El libro sobre el Programa en http://www.teoriaypraxis.org/libros/libros/critica_al_programa_de_transicion_de_Trotsky.pdf
Una crítica general del trotskismo desde posiciones de izquierda comunista, de la Corriente Comunista Internacional http://es.internationalism.org/Trotski/titulo.htm
ÚLTIMOS ARTÍCULOS MÍOS en Kaos en la red.
Carta de Rajoy a Juncker. Nadie comenta ¡lo principal!” (25-5-2016) —– http://kaosenlared.net/carta-de-rajoy-a-juncker-nadie-comenta-lo-principal/
Francia: lucha contra la reforma laboral, odio y violencia” (20-5-2016) — http://kaosenlared.net/francia-lucha-contra-la-reforma-laboral-odio-y-violencia/
PODEMOS e IU ¿contra la austeridad?. Empezó mal y terminará peor” (17-5-2016) — comentarios — http://kaosenlared.net/podemos-e-iu-contra-la-austeridad-empezo-mal-y-terminara-peor/
El Mayo del 68 real, contado a la generación 15M y del precariado” (11-5-2016) — con versión PDF con imágenes, —- http://kaosenlared.net/el-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado/ Enlace directo a la versión pdf http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/05/Mayo-68-para-15M-en-PDF-a.pdf Tiene la relación de todos los artículos desde el 1-12-2015, pero omití el de “Podemos sabe […] prueba del video” del 22-4-2016 que sí consta en “Para profundizar”.
Francia 28-A ¿malas noticias? ¿cómo nos afecta? ¿qué hacer?” (29-4-2016) —– http://kaosenlared.net/francia-28-a-malas-noticias-como-nos-afecta-que-hacer/
PODEMOS sabe pero, cómplice, calla. La prueba del video” (22-4-2016) —- http://kaosenlared.net/podemos-sabe-pero-complice-calla-la-prueba-del-video/
Los franceses luchan también por lo nuestro ¿Qué hacemos?” (13-4-2016) —– http://kaosenlared.net/los-franceses-luchan-tambien-por-lo-nuestro-que-hacemos/
Para acceder a mis artículos, informes y libros. Los artículos a partir de 2015, los podéis encontrar poniendo http://kaosenlared.net/author/aurora-despierta/ o escribiendo en Google: Aurora Despierta. Kaos en la red, y cogiendo la primera que aparece, o lo mismo poniendo “Aurora Despierta” site:kaosenlared.net . Te sugiero que la trates en tu navegador como Favorito o Marcador. Podrás acceder desde este artículo, si mi nombre está en azul, haciendo clic en él.
PARA NO TENER NINGUNA DUDA, disponer de la relación completa de mis documentos en Kaos en la red, hasta el 1/12/2015 con TODOS los ENLACES CORRECTOS, lo mejor, DESCÁRGATE la versión PDF del artículo “PODEMOS 20-D: del “Juego de tronos” al juego del trilero” (1-12-15) — http://kaosenlared.net/podemos-20-d-del-juego-de-tronos-al-juego-del-trilero/ Y directamente como archivo PDF http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2015/12/Podemos-trilero-para-PDF.pdf
Para los de fechas posteriores, hasta el 11-5-2016, “El Mayo del 68 real, contado a la generación 15M y del precariado” (11-5-2016) — con versión PDF con imágenes, y relación de todos los artículos desde el 1-12-2015 —- http://kaosenlared.net/el-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado/ Enlace directo a la versión pdf http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/05/Mayo-68-para-15M-en-PDF-a.pdf

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