Por Aurora Despierta
Las bombas atómicas contra Japón, las verdaderas “razones”, su relación con el Estado democrático y el papel de la ciencia en la Megamáquina capitalista
De
las bombas atómicas sobre Japón y la visita de Obama a Hiroshima, a
experimentos como los del siniestro programa MK Ultra, el Estado
democrático-burgués, muestra una vez más cómo entiende la
experimentación científica y su verdadero rostro, muchas veces
siniestro.
La
visita del presidente de los EEUU a Hiroshima y su negativa a
disculparse, demuestra que la cuestión no es algo del pasado que no
afecte y mucho al presente. Es una ocasión perfecta para analizar lo que
realmente llevó a los EEUU a lanzar dos bombas (dos) atómicas sobre la
población civil, cuando ni siquiera las “razones” militares lo
justificaban. Las víctimas fueron cobayas humanas en un experimento
militar.
Eso
supuso un salto cualitativo en la destructividad del sistema
capitalista y sus Estados. Terminada la IIª Guerra Mundial, la
criminalidad de algunos dirigentes de EEUU se puso de manifiesto de
numerosas formas, y algunas de ellas, también utilizando a seres humanos
como conejillos de indias en experimentos destinados a ejercer un mayor
poder sobre nosotros.
Este
artículo se dividirá en dos partes, para comodidad vuestra y para no
demorar más que podáis ver en Televisión Española, el documental que
inspirará la segunda.
El pasado sábado 28 de mayo, a última hora de la noche (ya iniciado el domingo 29), en el programa de TVE2 “La Noche Temática” se emitió el doble programa documental titulado “El ejército invencible”, compuesto de “Los yonkis de Hitler”,
sobre el uso de drogas por las tropas nazis que inicialmente les
ayudaban a rendir más en el combate, pero con grave adicción y efectos
secundarios, y “Las cobayas de la CIA”, sobre los experimentos de esa agencia, que presenta TVE2 con estas palabras:
“Financiados
por la CIA, médicos y científicos acosaron a negros, a indígenas y a
desvalidos. Los encerraban en prisiones, en hospitales, en barracones e
incluso en orfanatos. Y, contra su voluntad, con el pretexto de estudiar
el cerebro humano, convertiría a decenas de millares de personas en
auténticas ratas de laboratorio.”
Si podéis, no os lo perdáis, sobre todo este último, que dura 55 minutos y está disponible on-line hasta el 12 de junio de 2016 (no sé si inclusive o no).
Aquí tenéis la entrada a los enlaces: http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica/
Podeis copiar la transcripción de las voces
que viene a la derecha, para repasar su contenido cuantas veces
queráis, aunque no aparecen los subtítulos con los nombres y datos de
las personas que hablan. Ponéis en marcha el video, esperáis a que justo
comience el documental, pausa, definís, copiáis y pegáis la
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Esta primera parte consta de estas secciones: I:– Las verdaderas “razones” de holocausto nuclear contra Japón dirigido por el Estado burgués democrático norteamericano. II.- La ciencia de la bomba y la megamáquina capitalista. El instrumento al que servimos. III.- La “historia” del victicite. IV.- Fuentes relevantes.
I:- Las VERDADERAS “RAZONES” del HOLOCAUSTO NUCLEAR contra JAPÓN dirigido por el Estado burgués democrático norteamericano
Al
Gobierno y ejércitos de los EEUU no les bastó con lanzar una bomba
atómica sobre Hiroshima, sino que enseguida arrojaron otra sobre
Nagasaki. La excusa que manejaron entonces, y más con el tiempo según se
iba conociendo el horror de la bomba atómica, fue la de ahorrar vidas
(sobre todo norteamericanas) que costaría una invasión de Japón
(inflando cada vez más las cifras más, sin base seria alguna), y acabar
de una vez con la guerra.
Pero la verdad es diferente y mucho más siniestra.
Esas
dos bombas atómicas fueron precedidas por oleadas de bombardeos masivos
y sistemáticos sobre las ciudades japonesas, con unas defensas
antiaéreas impotentes, utilizando medios tan criminales como las bombas
incendiarias y de napalm que hacía estragos en urbanizaciones que tenían
en la madera un material básico y generalizado. En la noche del 9 al 10
de marzo de 1945, Tokio, sin posibilidad de defensa, sufrió un
bombardeo incendiario y con napalm por parte de 334 aviones B-29,
causando de 90.000 a 100.00 muertos, y dejando sin techo a un millón de
personas, siendo por tanto totalmente equiparable a las víctimas de
Hiroshima o de Nagasaki.
Los
altos jefes, mandos intermedios y aviadores norteamericanos, sabían
perfectamente lo que les iba a pasar a toda esa gente, lo que les habían
hecho, y además lo reconocían expresamente de las formas más duras y
crudas. ¿Qué diferencia esto de los campos de exterminio nazis, sus
cámaras de gas y hornos crematorios, cuando además la inmensísima mayor
parte de las víctimas eran civiles: ancianos, mujeres, niños?. ¿Cuánta
diferencia hay, en los hechos, entre el odio racial al judío, al eslavo,
al gitano, y el odio al “japo” al “amarillo”? ¿Cuántas películas,
documentales, reportajes… hemos visto sobre los crímenes nazis y cuantas
sobre esto?
La
destrucción generalizada y el número de víctimas fue tal con esa
campaña interminable sobre todo Japón (denominada por ellos mismos como “bombardeo de terror”),
que no merece otra calificación que la de crimen de lesa humanidad
continuado, que ni siquiera tiene la excusa de que las ciudades de EEUU
fuesen en algún momento bombardeadas (la primera vez, algo similar pero
muy menor, el 11-SS de 2001; ni en las dos guerras mundiales, ni cuando
arrasaban Corea del Norte, ni durante la destrucción de Vietnam). Si los
bombardeos incendiarios sobre las ciudades alemanas (como Dresde, en el
que también participó EEUU, y que fue de paso una demostración de
fuerza aérea cara a la Unión Soviética -URSS, Moscú-) pueden calificarse
de crímenes de lesa humanidad, los lanzados contra Japón fueron todavía
peores porque además estaban marcados por el racismo hegemonista blanco
con un gran odio contra los “amarillos”. Si los EEUU no fueron juzgados
en otro Núremberg, fue simplemente porque eran parte de los vencedores y
¡eran muy conscientes de ello!.
Mientras
67 ciudades eran machacadas por los bombardeos, quedaron intactas
varias de las grandes (Hiroshima, Nagasaki, Kioto, Yokohama, y alguna
menor, como Kokura importante por su arsenal; aunque Nagasaki no fue
inicialmente seleccionada, sólo sufrió bombardeos centrados en los
astilleros y la fábrica de Mitsubishi), reservándolas para cuando se
decidiese lanzar sobre una o varias las bombas atómicas, de modo que
fuese más evidente lo que se podía atribuir a su capacidad destructiva,
sirviendo además sus habitantes como conejillos de indias, para conocer
bien el efecto de la explosión y la radiación sobre los seres humanos.
El objetivo de la segunda bomba, Nagasaki, lo fue como sustituto del
previsto, Kokura, desechado sobre la marcha porque la nubosidad restaba
la visibilidad necesaria para un experimento bien realizado.
¿Había
alguna justificación militar para lanzar las bombas?. Ninguna. La
rendición de Japón era cosa de muy poco tiempo (¿semanas, un mes, un
par?).
Los
japoneses, tanto la población civil, como los militares, estaban en su
mayoría con la moral por los suelos, y esto no lo podía evitar el
fanatismo de unos pocos, sobre todo en el Ejército de tierra. Los
ejércitos de mar y aire japoneses tenían sus recursos diezmados. La
defensa aérea era incapaz de ofrecer protección contra las oleadas de
bombardeos norteamericanos. Entre junio de 1944 y agosto de 1945 hubo
más de treinta mil salidas de bombardeos, y se perdieron sólo 74 B-29
(el 0,24%), aunque suponen 900 hombres. Japón era impotente contra la
marina y la aviación norteamericana, y esto no podía compensarlo los
ataques suicidas kamikaze,
también vulnerables. Por el bloqueo naval norteamericano (minas y
dominio de la armada USA) se encontraba totalmente aislado de sus
recursos en materias primas, energía y combustible que condenaban a la
industria al colapso en muy poco tiempo, con la puntilla de los
bombardeos norteamericanos que las destruyeron en gran parte, además del
sistema ferroviario, vehículos a motor, y el hundimiento de casi toda
su marina mercante. La escasez de combustible convierte en cada vez más
inoperativos los barcos, aviones y vehículos de motor. Sólo le llegaba
los cereales y la sal de Corea ¿hasta que la ocuparan los rusos?. Entre
ocho y diez millones de personas debieron abandonar las ciudades
arrasadas y expuestas a los bombardeos, para refugiarse en las zonas
rurales, cuando la cosecha de arroz (alimento básico y fundamental) de
1945 fue catastrófica, por lo que la mayor parte de la población estaba
subalimentada, y en esas condiciones también se hace imposible una
resistencia eficaz.
La
muestra más clara de la impotencia aérea de los japoneses es que los
dos reducidos grupos de bombardeos B-29 que lanzaron las bombas atómicas
(entre 4 y 7, con los de reconocimiento y los que acompañaban al que
portaba la bomba, para mediciones, fotografías…) no tuvieron que
enfrentarse a ninguna resistencia de cazas y de fuego antiaéreo que les
pusiese en peligro.
Las
fuerzas militares japonesas en el exterior, en particular las de
Manchuria, aunque con enormes dificultades, todavía podían servir de
reserva y, sobre todo, de medio de presión para conseguir unas mejores
condiciones en la rendición. Por eso también jugaba un papel importante
la entrada en guerra de la URSS contra Japón, en particular en
Manchuria.
Si
la capacidad económica, industrial, logística y militar de Japón ya era
de entrada incomparablemente inferior a la norteamericana y por tanto
lo condenaba a medio plazo a la derrota, cuando además estaba siendo
devastado y aislado de sus recursos económicos y militares en el
exterior, la rendición ya era inevitable a corto plazo. Y más pronto que
tarde, hasta los más fanáticos, deberían aceptar que resistir hasta la
muerte solo significaba la destrucción total de Japón y de sus gentes
(por las armas y el hambre), por muchos daños que causasen a sus
enemigos, que se lo podían tomar con tranquilidad procediendo a la
completa asfixia del país, casi como en un asedio medieval; y las
fuerzas en el exterior, libradas a sus propios medios, no habrían
tardado en rendirse también. ¿Aceptaría la mayoría del pueblo japonés
ese destino o se rebelaría contra sus dirigentes?.
Al
contrario de lo que durante medio siglo nos ha contado en Occidente la
mayor parte de los historiadores, y la propaganda (cine, etc.), quien
llevó el mayor peso de la resistencia y la derrota de la Alemania nazi,
no fueron los aliados occidentales gracias a la “batalla (aérea) de
Inglaterra”, o los combates en el norte de África (el británico
Montgomery contra el alemán Rommel), o la invasión de Italia desde
Sicilia, y sobre todo el desembarco de Normandía (el Día D), sino la
URSS, y tampoco el “general Invierno”, sino sus capacidades y mejor
doctrina militar desde Stalingrado sobre todo. Desaparecida la Unión
Soviética, esto lo reconocen hoy todos los historiadores militares lo
suficientemente serios y objetivos. Derrotados los nazis y fascistas
europeos, el Ejército Rojo tenía enormes medios para dedicárselos a
Japón. Todo esto lo sabían perfectamente los dirigentes japoneses, y que
por tanto, su última esperanza, el ejército instalado en Manchuria,
podría desaparecer muy pronto si la URSS les declaraba la guerra.
Aunque
yo no pienso que fuese realmente posible, el príncipe Fumimaro Konoe (o
Konoye), amigo del emperador y antiguo primer ministro en varias
ocasiones, temía que estallase la oposición popular a continuar una
guerra condenada, e incluso tras la rendición, y que tomase la forma de
una revolución comunista. Relacionado con esto, también debían ser
conscientes de que una invasión de Japón por la URSS, si no se limitaba a
los acuerdos de Yalta, al contrario que la de los norteamericanos,
supondría, con absoluta seguridad, la desaparición de la figura y de la
persona del emperador (considerado por la URSS, con toda razón, como un
criminal de guerra, por lo que insistía en juzgarlo), el
desmantelamiento del aparato de Estado japonés (por supuesto de su
ejército y policía; Stalin quería acabar para siempre con el poderío
militar japonés), y, como se avecinaba en los países del Este europeo,
la expropiación de la clase capitalista y la implantación de una
economía similar al Capitalismo de Estado de la URSS.
Así
que los más lúcidos (las mayores resistencias se daban en la dirección
del ejército de tierra) comprendían que les interesaba rendirse y cuanto
antes, procurando preservar ante todo la figura divinizada del
Emperador y de ahí la raíz de la legitimidad del Estado burgués japonés,
a lo que, finalmente, accederían los norteamericanos. De hecho durante
meses antes habían intentado establecer negociaciones de paz a través de
la URSS, del Reino Unido y de Suecia, aunque inicialmente pretendiendo
conservar también Manchuria, y luego se limitaron al emperador, a que la
responsabilidad de la desmovilización y el desarme recayese en el
Estado Mayor japonés, que Japón no fuese ocupado militarmente, y que
correspondiese a la autoridad japonesa la persecución de los crímenes de
guerra (no a otro Núremberg de los vencedores), y todo esto lo sabían
los norteamericanos. Pese a que inicialmente rechazaron las exigencias
de rendición en los términos norteamericanos, era sólo cuestión de
tiempo y de poco, sobre todo si los EEUU admitían respetar al emperador,
que además era lo más interesante para los norteamericanos si querían
asegurarse un Japón capitalista y un Estado aliado contra el que muy
pronto considerarían su enemigo principal en Asia: la URSS. Inicialmente
la invasión de Japón estaba pensada para el 1 de noviembre de 1945
ocupando Kyshu (o Kiusiu, la isla donde está Nagasaki, la tercera más
grande, debajo y a un salto de la principal, Honshu -o Hondo, prevista
para marzo de 1946-, donde están –muy cerca- Hiroshima, luego Kyoto,
Osaka, Tokio…); un avance americano precedido por intensos bombardeos
habría reducido mucho la voluntad de resistencia; así que los EEUU
podían haberse dado tranquilamente tiempo hasta que la manzana japonesa
cayese por sí misma del árbol.
Incluso
Curtis LeMay, el general norteamericano de la fuerza aérea que había
dirigido la campaña de bombardeos sobre Japón, y que por tanto no se
distinguía precisamente por sus consideraciones humanitarias, pensaba
que Japón se habría rendido muy pronto, sin necesidad de una sola bomba
atómica incluso ni de la entrada en guerra de la URSS. Douglas MacArthur
era también de la opinión de que no era necesario lanzar la bomba. Y
así mismo, el jefe del Estado Mayor, el almirante William Leahy. Las
declaraciones posteriores de dirigentes civiles y militares japoneses a
encuestadores norteamericanos, dejaron claro que para antes de fin de
año sin duda Japón se habría rendido sin invasión y sin ni siquiera la
intervención militar de la URSS, pero que ésta fue la que les empujó a
dar el paso.
Si los EEUU se decidieron a lanzar una bomba tras otra, fue: a) para acelerar ese proceso; b) impedir así que la URSS tuviese motivos para seguir adelante y controlar más territorio asiático, c)
lanzar un mensaje a todo el mundo y muy en especial a la URSS: “somos
no sólo los vencedores sino los más poderosos del mundo porque
disponemos en exclusiva esta arma apocalíptica, así que atended a
nuestras exigencias.” De que éstas eran las verdaderas intenciones, hay
testimonios muy cualificados.
Y
era mucho más aceptable para la mentalidad occidental hacerlo sobre un
pueblo asiático “amarillo”, que les había arrebatado sus colonias o
zonas de influencia en Asia, de lo que habría sido sobre Alemania.
Existía además en los norteamericanos un odio racial incomparablemente
superior al sentido contra los alemanes, porque en este caso el odio se
centraba en los nazis y sus dirigentes. De hecho los ciudadanos
norteamericanos de origen alemán no sufrieron el trato que sí padecieron
los de origen japonés, internados en campos de concentración, pese a
que el FBI (Edgard Hoover) dijo que no era necesaria la medida. La
deshumanización de la imagen de los japoneses para los norteamericanos,
era incluso mayor que la de los judíos por los nazis, si bien también es
incomparable el comportamiento objetivamente atribuible a unos (las
barbaridades de sus ejércitos) y a otros (ciudadanos como otros,
distribuidos por varios estados).
Era
tal el interés en lanzar la bomba que los EEUU renunciaron a ofrecer
una demostración a los japoneses en un atolón o isla deshabitada y
aislada o en un desierto, ni siquiera lanzaron un ultimátum, un último
aviso anunciando que lanzarían una bomba atómica sobre alguna ciudad
(Hiroshima 6 de agosto de 1945). Y tampoco lo hicieron con la segunda
(Nagasaki, a los tres días, el 9-8-1945), pese a conocer suficientemente
bien los resultados terribles de la primera.
En
la Conferencia de Yalta (4 a 11-2-1945), los aliados habían acordado
que la URSS rompería su tratado de no agresión con Japón y entraría en
guerra en dos o tres meses tras la rendición de Alemania (a cambio
conseguiría la parte meridional de la isla Sajalín –japonesa- y
adyacentes, y las islas Kuriles, territorios en histórica disputa con
Japón, más otros privilegios). Es más, los norteamericanos ya habían
conseguido el compromiso de la URSS para atacar al ejército japonés en
Manchuria. En la conferencia de Postdam (17 de julio al 2 de agosto
1945) Stalin garantizó al presidente de los EEUU (Truman), que para
mediados de agosto declararían la guerra de Japón. Pero los EEUU ya no
estaban tan interesados en la colaboración soviética y corrieron a
lanzar la primera bomba. Las prisas norteamericanas de debían a que
preferían conseguir ellos solos la rendición de Japón y que así la URSS
pudiese ejercer menos presión cara al cumplimiento de las concesiones
territoriales pactadas en Yalta, y no participase en la ocupación de
Japón (a diferencia de la ocurrido con Alemania, que llevo también a su
partición, quedando el Este bajo control soviético). La URSS (para estar
en mejor posición diplomática tras la guerra y ocupar más territorio),
visto también que se había explosionado la bomba sobre Hiroshima (6
agosto), adelantó la fecha y declaró la guerra a Japón el día 8 de
agosto (exactamente a los tres meses del fin de la guerra europea,
cumpliendo su compromiso en Yalta), y pasada la medianoche, ya en el día
9 de agosto lanzó el ataque en Machuria. Pese a esto, y sin más excusa
para arrojar una segunda bomba que presionar más a la rendición (segura y
pronta tras la intervención soviética que terminaba con las esperanzas
japonesas en su mediación diplomática), a las 11 de la mañana del día 9,
tras renunciar a bombardear Kokura, los EEUU lanzaron la segunda bomba,
sobre Nagasaki.
Mediante
una rápida maniobra envolvente y dificultando la retirada por mar, el
Ejército Rojo derrotó –pese a su feroz resistencia en muchos puntos- a
las fuerzas japoneses en Manchuria, que constituían las mayores y más
próximas reservas del ejército japonés en el exterior (entre 750.000 y 1
millón de soldados, según las fuentes; apoyados por 1.155 tanques,
5.360 cañones y 1.800 aviones). Si ya habría sido muy complicado el
traslado de ese ejército a Japón, dada la presencia dominante de la
marina norteamericana, su derrota le privaba definitivamente de ese
recurso potencial y medio de presión para una rendición en términos más
ventajosos para los dirigentes políticos y militares japoneses. Como
estaba previsto que los rusos ocupasen la zona japonesa de la isla de
Sajalín (11-25 agosto), y las islas Kuriles (18 agosto a 1 septiembre) y
el norte de Corea (15-24 agosto), dirigentes japoneses temieron que
también lo hiciesen con la segunda isla más importante de Japón, también
en el norte, Hokkaido, a un salto de la principal, Honshu, y que eso
acabase desencadenando una revolución comunista. Por lo que se sintieron
todavía más impulsados a rendirse a los norteamericanos. Pesaba más la
amenaza rusa que los bombardeos, pues a falta de conocer las
consecuencias a largo plazo de la radiación, poca diferencia encontraban
para ellos entre ser destruidos (como venía ocurriendo) por flotas de
centenares de aviones lanzando miles de bombas incendiarias, que por
unos pocos con una sola. Los japoneses no lo sabían, pero EEUU solo
tenía preparadas tres bombas atómicas (la del ensayo en Alamogordo, y
las dos arrojadas). ¿Cuánto habría tardado en fabricar otra? ¿Habría
habido más oposición interna a lanzarla? Fue la pérdida inevitable del
ejército de Manchuria, y la amenaza de la presencia rusa ya en la
Sajalín japonesa, lo que acabó con todas sus esperanzas de conseguir
mejores condiciones de rendición.
Entre
los dirigentes políticos y militares japoneses (incluido el Emperador)
hubo disputas sobre el paso a la rendición y en qué condiciones, incluso
una intentona de golpe de estado (noche del 14 a 15 de agosto) por
parte de un grupo de militares que, fracasado, terminarían haciéndose el
hara-kiri. El 14 de agosto, los norteamericanos enviaron una nueva
oleada de bombardeos. Más de mil aviones lanzaron bombas incendiarias
sobre Tokio. Esa misma noche, el emperador Hirohito ratificó los
términos de la rendición, y el 15, a través de una comunicación radiada
(la primera vez) del emperador se lo comunicó a sus súbditos. Pero como
no hubo orden precisa de rendición, los soldados no lo hicieron y
continuaron los combates en Manchuria. El 19, fue radiado el mensaje a
las tropas japonesas en Manchuria, y el 20, su mando dió la orden de
deponer las armas. La autoridad del emperador facilitará la aceptación
de la rendición por parte del resto de las tropas distribuidas por Asia.
La escenificación de la firma de la rendición de Japón, cara a la
propaganda, se postergó para el 2 de septiembre, en la ceremonia a bordo
del acorazado USS Missouri, en la Bahía de Tokio.
Que
los EEUU lanzasen una segunda bomba atómica puede tener que ver también
con que ésta era de plutonio y la primera de uranio, así que podrían
comparar los resultados sobre los objetos y las personas.
Nunca
podrán alegar que el objetivo fuese alcanzar cuanto antes la paz,
porque no se la puede buscar con el exterminio de los menos
responsables, sino la mera victoria militar, como sea y a costa de lo
que sea.
Hay
que destacar una y otra vez que la mayoría de las víctimas de los
bombardeos eran mujeres, ancianos y niños, porque los hombres en edad de
combatir estaban en otros lugares donde eran más necesarios.
Durante
mucho tiempo, con la ocupación americana de Japón, se censuró toda la
información sobre los efectos inmediatos y posteriores de las bombas,
para ocultar su realidad, sostener el apoyo de los norteamericanos a ese
crimen, y dar luz verde al armamentismo nuclear.
Pero
los bombardeos norteamericanos, la búsqueda y utilización sin
justificación alguna de las bombas atómicas (no una, sino dos, y sobre
todo la segunda), demuestran que los crímenes de guerra y contra la
Humanidad no son exclusivos de los Estados fascistas, sino que también
se dan ¡y de qué manera! en aquellos que se las dan de abanderados de la
libertad y del humanismo en el mundo.
¿Qué tienen en común? Que son estados modernos que responden sobre todo a los intereses de la misma clase dominante
(capitalista) que, bajo una forma u otra (privada o estatal), y con
unos u otros métodos (“democráticos”, fascistas,
burocrático-estalinistas), explotan el trabajo humano, sobre todo el de
los trabajadores/as asalariados.
Entre
sus dirigentes tenemos desde los que no tienen las intenciones más
malvadas pero son incapaces de hacer un movimiento eficaz en contra, a
los psicópatas y más maquiavélicos empeñados en seguir hasta el final
sin detenerse en ninguna consideración humanitaria, y en medio, las
mediocridades como Truman que impulsan y dejan hacer y se alegran
enormemente con la noticia de la bomba sobre Hiroshima.
La
consecuencia de lanzar aquellas dos bombas fue la carrera armamentista
nuclear, con la invención de la bomba atómica de hidrogeno, las
instalaciones de misiles también en submarinos, etc. que, como hemos ido
sabiendo, en varias ocasiones ha estado a punto de llevarnos a una
guerra mundial atómica. Si no la ha habido no es tanto por el miedo a la
destrucción mutua, como porque el capitalismo mundial no ha necesitado
ese recurso para ir “saliendo” de sus sucesivas crisis desde la IIª
Guerra Mundial. En ausencia de armamento nuclear, lanzarse a una guerra
mundial convencional tampoco habría sido tan fácil porque, como sobre
todo demuestra la experiencia de la Iª Guerra Mundial, existe el peligro
potencial de que desencadene un proceso revolucionario, a diferencia de
lo que probablemente ocurriría en caso de guerra nuclear que, de tan
rápida en su escalada y efectos apocalípticos, no daría tiempo ni lugar
para esa reacción popular.
Que
permitamos que siga en pie un arsenal nuclear mundial, que su
desmantelamiento no forme parte de la agenda política permanente, da la
medida también de nuestro grado de ceguera y sometimiento al Estado y al
monstruo que apunta directamente a nuestra existencia. Porque ya no se
trata sólo de los EEUU y de la exUnión Soviética, sino de estados
nucleares tan próximos como Francia y Reino Unido, del secretismo
nuclear del Israel imperialista, del antagonismo entre Pakistán e India,
y del régimen estalino-demente de Corea del Norte.
El presidente de los EEUU, Barac Obama
con motivo de su reciente visita a Hiroshima (27-5-2016), ha dejado
claro que no pensaba pedir perdón, por lo que todo se resume a un gesto
sentimental (reconocimiento y empatía con el dolor) y las declaraciones
rituales a favor de la paz y el desarme. Con su negativa avala que sigan
proliferando, como durante décadas, las mentiras y justificaciones
sobre las bombas (“ahorró vidas humanas”, “fue lo que les obligó a
rendirse”, “permitió traer antes a casa a nuestros muchachos” etc.)
incluso de la pluma de muy promocionados historiadores (como Antony
Beevor, Robert James Maddox…). No pueden reconocer que esto constituye
probablemente el mayor crimen contra la Humanidad de toda la historia,
porque inauguró, con muertos, el inicio de la era del armamento nuclear
que, discretamente, sigue amenazando nuestra existencia; y de esto
fueron advertidas las autoridades por algunas mentes científicas
lúcidas, antes de las explosiones, pero se prefirió seguir adelante. No
bastó con tener todos los conocimientos necesarios para fabricar la
bomba, ni con fabricarla, ni con hacerla explotar en el desierto. Lo
peor no fueron las víctimas en Hiroshima y Nagasaki, ni siquiera la
escalada armamentística nuclear, sino que los norteamericanos quisieron
sentar el precedente de que, no una sino dos veces, ya se había
utilizado contra decenas de miles de seres humanos, y como ni siquiera
se pide perdón por eso, se está diciendo que si no fue un crimen, ni
siquiera un error y que incluso tiene justificación o cuando menos
comprensión, es admisible volver a hacerlo cuando lo crean conveniente.
Por eso, todos los bonitos discursos pseudopacifistas, deseando la
desaparición del armamento nuclear, etc., no son más que bonitas
palabras para engañar a la gente, sembrar vanas esperanzas, anestesiar
las conciencias, dejarnos pasivos, y por tanto, totalmente vulnerables
para cuando quieran volver a lanzarlas desde silos, aviones o
submarinos… La negativa de Obama es señal también de que él mismo no
renuncia a usar el armamento nuclear si así lo demandasen las
circunstancias, entendido a la manera de 1945, si hace falta. Y porque
ir hasta el fondo del cuestionamiento del uso de las bombas atómicas,
acaba apuntando al sistema económico-social-político-científico que hizo
y hace posible esa monstruosidad.
Pero tampoco Japón ha pedido perdón por la matanza de Nankín
(entonces capital de China, 1937, 300.000 civiles brutalmente
asesinados, muchos mujeres tras ser violadas, mutiladas…, por eso se le
llama también “la violación de Nankin”; más que las víctimas iniciales
de Hiroshima -80.000 y para final de año entre 90.000 y 140.000- y
Nagasaki -70.000- juntas, aunque con el tiempo llegarían al medio
millón).
Y es que los Estados, la clase capitalista ¡no tiene remedio! ¡ni siquiera son capaces de un gesto como ese, aunque sea mentira!
La
IIª Guerra Mundial como la Iª, fue una guerra interimperialista, entre
grandes potencias, y con estados asociados. Alemania e Italia iban en
busca de un imperio que el reparto del mundo previo y los resultados de
la Iª GM, les había negado. Francia y el Reino Unido, defendían el que
ya tenían con su colonialismo. Japón “liberaba” a Asia del colonialismo
blanco para imponer su dominio. Los EEUU perseguían su expansión pero
bajo una modalidad neo-colonial, más avanzada que la colonialista, pero
eso no les impidió apoyar a Francia en sus intentos por recuperar
Indochina (Vietnam) de las manos de los independentistas dirigidos por
Ho Chi Minh. La URSS también era imperialista, como lo demostró ya sin
duda alguna su política en la Europa del Este. La única diferencia es
que su régimen de Capitalismo de Estado, se disfrazaba de comunismo al
partir del proceso contrarrevolucionario bolchevique contra la propia
revolución de 1917. Cuanto más débiles y a más importantes enemigos se
debían enfrentar, más brutales eran los métodos, como se vio con
Alemania y Japón sobre todo. Pero el imperialismo democrático de los
EEUU demostró que, en lo substancial, participaba totalmente de su
naturaleza, y por eso no se frenó pese a ser absolutamente consciente de
que sus ensayos con cobayas humanos en Hiroshima y Nagasaki suponían un
gigantesco salto cualitativo en la capacidad de autodestrucción de la
Humanidad. Nada de eso fue suficiente para que quienes estaban en contra
luchasen de verdad por impedirlo, ni para detenerse a los que estaban a
favor. El resultado, lo conocemos y lo seguimos sufriendo, aunque
parezca no existir, hasta que estalle una verdadera crisis militar entre
países con armamento nuclear.
La
gente joven lo ignora porque todas lo tenemos casi olvidado. Pero a
finales de la década de los 70, los EEUU tenían la pretensión de
desplegar por Europa misiles con la llamada “bomba de neutrones”,
pero debido a la importante oposición que provocó, tuvieron que echarse
atrás. Lo que caracteriza a esa tecnología es que, siendo atómica,
apenas afecta a los objetos, aunque durante un tiempo corto los
radiactive, pero sí es mucho más letal para las personas, porque también
es más capaz de atravesar blindajes como bunkers. Podía utilizarse
también en combates más tácticos y de proximidad, por lo que podría
proliferar su uso. En ese sentido táctico, supongo que sería algo
parecido al uso del uranio empobrecido
en los misiles y balas de cañón durante la guerra de Irak, que ha
resultado ser más radiactivo y peligroso (tanto para los militares como
para los civiles terminado el combate) de lo que inicialmente quisieron
hacernos creer.
Así
que no desesperemos, seguramente nos prepararán alguna otra sorpresa,
porque existen las mismas relaciones sociales (capitalismo y su Estado
burgués) que en 1945 y en la década de los 70, dieron lugar a la bomba
atómica y a la de neutrones.
En la segunda parte de esta serie conoceremos algunos otros experimentos de radiación con humanos, tanto militares como civiles.
II.- La CIENCIA de la BOMBA y la MEGAMÁQUINA CAPITALISTA. El INSTRUMENTO al que SERVIMOS
Fueron
los científicos, y además figuras del más alto nivel, como Albert
Einstein, quienes tomaron la iniciativa para impulsar la investigación y
desarrollo de la bomba atómica. Muchos de ellos eran judíos, conocían
bien la catadura de los nazis y temían que tomasen la delantera. No se
les puede achacar intenciones criminales, ni siquiera contra los
alemanes, sino una visión demasiado estrecha e ingenua de la realidad.
Al
menos inicialmente y durante el período crítico, la mayoría de ellos
fue incapaz de comprender que su saber no iban a ponerlo en buenas
manos, en manos inocentes, sino en otras tan criminales (a su manera)
como los nazis, sólo que con discurso democrático. Y que
independientemente del primer detentador de la bomba, inauguraría la era
en la que estamos, con el peligro siempre latente del holocausto
nuclear, por error, “calentón” o lo que fuere, porque continuamos en una
sociedad de clases explotadora con su correspondiente aparato militar
de Estado.
La
participación de los científicos en la bomba atómica, y selección de
las ciudades objeto del bombardeo, fue guiada, además de por el
“patriotismo” (servicio al propio Estado capitalista) y el
“antifascismo” (respeto por la democracia capitalista) y tal vez en
algunos el desprecio racista por los “amarillos”, por un altísimo grado
de irresponsabilidad social. Aunque algunos eran bastante conscientes y
advirtieron muy seriamente de las consecuencias que tendría no sólo
sobre las víctimas directas, sino a largo plazo para toda la Humanidad,
no tuvieron el coraje suficiente para enfrentarse y negarse a continuar.
Acabó pesando más, la sumisión al poder, y la gratificación de la
“ciencia por la ciencia”, el descubrimiento y la invención por sí
mismas, conseguir el “éxito en su trabajo” cuando el Estado ponía a su
disposición grandes recursos.
Los
científicos japoneses, bajo la dirección del ejército, también
cometieron, en la Manchuria ocupada, atrocidades con numerosos
experimentos de guerra biológica que utilizaron también contra la
población china, causando miles de muertos.
El
sistema capitalista, con su división social del trabajo
(científicos-ingenieros, trabajadores, correspondiendo a clases sociales
diferentes), sistema jerárquico y burocrático, facilita la disolución
de las responsabilidades, porque nadie se responsabiliza de hacer de
principio a fin una bomba atómica y lanzarla sobre la gente. Cada uno
hace una parte de la tarea, tiene su parcela de responsabilidad, puede
que ni siquiera sepa cómo acabará todo. Los más responsables, se remiten
a Dios, o a la patria, o al mandato de la “soberanía popular” (aunque
no les haya pedido eso precisamente o ni siquiera consultado) o porque
hay que rentabilizar de alguna forma todos los recursos empleados… La
lealtad (bajo la forma de patriotismo, espíritu de cuerpo, etc.) da
prioridad al “nosotros” contra “los otros” aun pasando por encima de las
más elementales consideraciones humanitarias, e incluso sobre el
“todos” de la Humanidad. Finalmente se impone por la obediencia
espontanea, la disciplina, o como último recurso, por el temor, pero
sobre todo, por un sentimiento de impotencia personal ya que cada uno se
siente como una pequeña parte del mecanismo total.
La
dinámica, la inercia y la escalada militar, llevó a cotas cada vez más
asesinas y monstruosas, creando situaciones en las que seres humanos
corrientes se comportaron como monstruos, si no sádicos, sin por su
indiferencia; y quienes ya eran monstruos (psicópatas integrados, que
pasaban por “normales” pero tenían una gran iniciativa destructiva) se
desataban provocando toda la destrucción que la Megamáquina
(capitalismo-Estado) les permitía, con la complicidad de los más cínicos
valedores de los intereses de la clase capitalista, la complicidad de
otros, la indolencia de quienes podían hacer algo pero no lo hicieron, y
la impotencia del resto. Mediocridades humanas como Truman, fueron
aupadas por los engranajes de esa Megamáquina, a la posición de más
altura, en la que creían llevar los mandos, a la vez que aplaudían los
resultados. Ni siquiera se puede decir que fuese un gran malvado como
otros; era sobre todo un burgués corriente egocéntrico, estrecho de
miras, y un imbécil moral; despreciaba a gentes de otras razas como si
fuesen menos humanos que él, cuando era él quien se situaba muy bajo en
el escalafón de la especie humana.
Truman
podía pensar que la bomba se había inventado contra los japoneses
(inicialmente pensando en los alemanes, pues los nazis intentaron
desarrollarla), y contra los rusos si se ponían rebeldes, o contra quien
fuese en contra de los EEUU. Pero en realidad, la bomba se ha inventado
contra toda la Humanidad, incluidos los propios norteamericanos, su
propio Estado, porque ha sido imposible contenerla como su patrimonio
exclusivo.
Una
de las cumbres de la racionalidad humana, la comprensión de los más
intrincados secretos de la Naturaleza, como es el átomo, se trastocó en
una de las expresiones más primitivas pero sobre todo más pervertidas de
nuestra naturaleza: la violencia destructiva criminal y genocida, y la
irracional racionalización de los medios para ejecutarla (cuanto más se
pueda matar con el menor esfuerzo, mejor), con las racionalizaciones
ideológicas más irracionales (racismo y deshumanización de los “japos”,
etc.; nosotros somos los buenos porque somos demócratas y humanistas, no
como los nazis y estos, y por tanto nada de lo que hagamos puede ser
tan como lo que ellos hacen).
La
misma existencia del armamento nuclear, para su mantenimiento y evitar
que sea pirateado por “señores de la guerra”, grupos terroristas,
precisa del cuidado y protección del aparato militar y servicios
secretos. Así que refuerza y legitima al Estado. Tratándose de un asunto
que exige discreción en sí y en lo que le rodea, termina desembocando
en el secretismo interesado para dar poder a organismos que escapan en
la práctica a todo control democrático, por lo que el Estado burgués se
autonomiza más, y su protección sirve de escusa para más medidas de
control y represivas (NOTA 1).
La
necesidad de no caer en desventaja ante los potenciales enemigos
nucleares, conduce a que el Estado se comporte permanentemente como si
estuviese en situación casi de guerra, incluso de “guerra fría”, aunque
no sea ya con la URSS y China. Para poder “estar al día”, necesita
extender sus tentáculos a las instituciones científicas, universitarias,
además de las empresas armamentistas, por lo que una buena parte del
talento humano se dedica a esta finalidad destructiva; aunque tal vez
luego tenga algunas aplicaciones civiles útiles, para llegar a eso no
hacía falta ese recorrido y despilfarro. También necesita recaudar una
cantidad enorme de recursos del trabajo humano, ya no como servicios
especiales para construir una pirámide, sino en forma de impuestos. Toda
una nueva “casta sacerdotal” debe servir en los nuevos templos de los
dioses de la guerra para que no se sientan desatendidos y nos sean
propicios.
El Estado, para proteger su poder nuclear y evitar el rechazo popular, se encarga de la gestión psicológica de esta locura colectiva.
Así, se mueve entre fomentar la psicosis del miedo y su
seudo-protección (como en los años críticos de la “guerra fría” con
absurdas campañas hasta en la escuela, con consejos como “protégete de la bomba: métete debajo del pupitre”)
o procurar que el tema pase desapercibido, que la gente corriente se
olvide incluso de la existencia de las armas nucleares, o se muestre
indiferente, como viene a ser hoy el caso. La información se controla
para que la población no tenga una idea exacta de lo que les ocurriría a
ellos (podemos dar el primer golpe definitivo, ganar, reconstruirnos…) y
con el “enemigo” (durante años se minimizaron los datos de las
consecuencias de las explosiones sobre Japón; se fomenta la falta de
empatía con las víctimas e incluso el odio: “japos”, “rojos”, etc.).
Todo ello conduce a un grado de ceguera cognitiva, irracionalidad,
embrutecimiento y descomposición moral, incluso desconocido para otras
épocas de la Humanidad que también destacaron por una enorme brutalidad.
Es tal el absurdo, que si se hubiese publicado la fotografía de unos marines
exhibiendo, orgullosos y burlones, las cabezas cortadas y los
testículos amutados de unos soldados o civiles japoneses, habría
provocado más escándalo y horror que el que desataba “cocinando” a la
decenas de miles de personas con bombas incendiarias o atómicas. Esta es
la locura de nuestra civilización.
La invención y producción de la bomba atómica fue una tarea ciclópea (elijo esta imagen en lugar del simple coloso, porque los cíclopes sólo tenían un ojo, por tanto una baja calidad de visión, sin sensación de profundidad, como implica, en términos humanos, el propio proyecto Manhattan).
Necesito de poderosísimos recursos materiales y humanos, sólo posibles
en una sociedad industrial, tecno-científica. Por esto, por estar ligada
estrechamente al Estado, por ser parte de la dinámica
imperialista-guerrera y de dominio mundial, expresión del culto a “la
ciencia” y la “técnica”, es por lo que era la expresión máxima de la
naturaleza de la Megamáquina industrial-capitalista creada por nosotros
pero que también se nos impone, potencia la destructividad, y pone en
riesgo la misma existencia de la especie, con la explotación, pobreza,
guerras, crisis ecológica, riesgo permanente de holocausto nuclear.
Los
primeros seres humanos se sirvieron de material pétreo para fabricar
hachas, raspadores, puntas de lanza, etc. Desde entonces hemos ido
desarrollado unas relaciones sociales de producción, unas instituciones
(como la empresa, el Estado) con efectos destructivos crecientes, y una
tecnología que cada vez es menos claro si son nuestros sirvientes o si
les servimos. Porque el sistema industrial-capitalista tienen
requerimientos para su “buen funcionamiento” que nos empujan a la
constante explotación, la desigualdad social, la opresión política
manifiesta o sutil con el fortalecimiento creciente del Estado, las
guerras, la puesta del conocimiento al servicio de lo anterior, la
perversión de la ciencia y la invención de artefactos monstruosos,
volviéndose constantemente nuestra creación contra nosotros, como en el
cuento del “aprendiz de brujo”, pero trágicamente.
El
conocimiento profundo del átomo llevo rápidamente, impulsado por la
guerra, a su traducción en armamento nuclear; su aplicación civil, con
la energía nuclear, ha demostrado hasta la saciedad sus enormes peligros
para hoy y el futuro. ¿Podría ocurrir algo parecido con la comprensión
de la inteligencia humana y de la programación informática? ¿Podría una
guerra importante acelerar todo lo relacionado con la Inteligencia
Artificial, puesta además sobre todo al servicio de la guerra, y luego
con aplicaciones civiles aparentemente inocuas? ¿Corremos el peligro de
desarrollar la Inteligencia Artificial, que inicialmente la creemos a
nuestro servicio, pero que finalmente podría tomar el mando aunque casi
ni siquiera nos demos cuenta, o nos parezca normal
una sociedad cyborg, como hoy nos lo parece el capitalismo y todos los
males que ocasiona, o en su tiempo ocurría con el esclavismo (no tan
lejano, siglo XIX en EEUU)?. Muchísimos hechos que ya se vienen dando
hasta en la vida cotidiana (la adicción al móvil…), las reflexiones de
científicos de primer orden, y las especulaciones de la ciencia-ficción,
apuntan a un peligro real.
III.- La “historia” del VICTICITE
Relacionado indirectamente con todo esto, existe una película muy interesante, falso documental, titulada “La Gran Guerra Marciana (1913-1917)”
emitida por TVE2 a finales de diciembre de 2015 y primeros de 2016.
Supuestamente sería un documental reciente (de 2013, por el centenario)
en el que testigos, veteranos de guerra, especialistas militares e
historiadores, repasarían un gran acontecimiento histórico ocurrido
entre 1913-1917. Adaptando en parte la historia historial real a la
ciencia-ficción ucrónica, aprovechando imágenes de lo que en realidad
fue nuestra Primera Guerra Mundial combinadas con imágenes por ordenador
de máquinas extraterrestres muy similares a las descritas por H. G. Wells en su novela “La guerra de los mundos” y
vistas en adaptaciones como la película de 2005, del mismo nombre, del
director Steven Spielberg (protagonizada por Tom Cruise), se nos
muestran las batallas en las tierras de Europa entre los humanos y unos
extraterrestres que resultaban invencibles pues cuanto más les
atacábamos más fuertes se hacían. Se debía a que eran capaces de
utilizar todo lo que usábamos contra ellos para revertirlo contra
nosotros; pues gracias a máquinas llamadas “piojos”, recolectaban y
reciclaban el material (metales, etc.) para fabricar sus propias
máquinas, tanto las “garzas” como las “arañas”.
Porque
los extraterrestres tenían tres tipos de máquinas: dos de combate y una
recolectora. Las enormes (llamadas “garzas”, parecidas a las de las
películas) y las más pequeñas (más altas que un soldado) que parecían
sus auxiliares (llamadas “arañas”); los “piojos”, que a la noche
recorrían los campos de batalla arrastrándose por entre los cadáveres y
restos del combate. Los humanos consiguieron capturar dos “garzas”, y
entonces las “arañas” que estaban cerca dejaron de atacar, como si se
hubiesen quedado sin jefes; se rindieron y además colaboraron con los
hombres, transportando las cabinas de las garzas. Allí encontraron a las
criaturas extraterrestres, muertas. Las “arañas” fueron analizadas pero
no descubrieron piloto ni nada que se pareciese a un ser vivo, pero sí
un elemento líquido que descubrieron que era un metal orgánico capaz de autorreproducirse y de percibir y responder (consciente), colaborando con los humanos (el victicite,
lo llamaron). Así que los humanos sacaron la impresión de que aquello
que había estado bajo dominio de las “garzas” ahora podía ser
prácticamente domesticado por el hombre.
Lo
utilizaron para producir armas contra los alienígenas que entonces
redoblaron sus ataques, “garzas” junto con “arañas”. La captura del
extraterrestre piloto de una “garza” derribada en Londres permitió
descubrir que había muerto por un virus terrestre y eso se utilizó para
llevar adelante una guerra biológica que acabó con los invasores
alienígenas, pero que también tuvo un coste humano gigantesco (inspirado
en la real “gripe española”). Al vencer a los alienígenas de las
“garzas”, todas las “arañas” se rindieron. Los humanos descubrieron sus
almacenes, apoderándose de sus enormes reservas de victicite.
Como ya no era necesario para la guerra contra los alienígenas se
aplicó a la producción en la paz, con innumerables aplicaciones que
provocaron toda una revolución tecnológica (telecomunicaciones,
ingeniería, medicina, transporte…).
Pero
la verdad tras todo esto era que aquel maravilloso material en realidad
no eran los auxiliares de los alienígenas, sino que los había
manipulado y utilizado para que nos invadieran trayéndolos con ellos. El
tripulante de la “garza” que había llegado a Londres también quiso
advertirnos de que tanto ellos como nosotros estábamos siendo engañados
por el victicite,
un parásito que modifica la conducta del huésped para controlarlo cada
vez más. Cuando las primeras “arañas” se dieron cuenta de que los
alienígenas de las “garzas” capturadas habían sido derrotados,
decidieron cambiar de bando.
El victicite
siguió impulsado la guerra en ambos bandos. De esta manera fomentaba la
selección natural sabiendo que, ganase quien ganase, el victicite se quedaría con el vencedor, el mejor adaptado a la existencia terrícola y la lucha.
Habían conseguido unos nuevos huéspedes: los humanos. Con la paz, el victicite
permitió desarrollar una tecnología de múltiples aplicaciones que
impulsaba nuestro desarrollo económico. Ahora esa materia consciente,
nos empujaría inadvertidamente a la conquista de otros mundos, lo que
seguramente nos llevaría a nuevas guerras. Así conseguirá lo que en
realidad era el propósito de su existencia: expandirse por todo el
Universo, a costa de los conflictos y destrucción mutua entre los seres
vivos.
Aunque
te haya contado el argumento, vale la pena que veas, o al menos oigas,
la película. No parece estar disponible para verla gratis, pero aquí
tenéis el audio
(1,36 horas) y en otras páginas de internet tienen imágenes y videos
cortos de presentación o resumen, con los que os podéis hacer una idea
bastante aproximada: http://www.ivoox.com/gran-guerra-marciana-audios-mp3_rf_6580658_1.html — que también se puede descargar. Y video resumen de 3,30 minutos en http://contraprensadistopica.blogspot.com.es/2015/08/la-gran-guerra-marciana-un-documental.html
Esto
viene a ser como una fábula de ciencia-ficción ucrónica de lo que en
parte nos está ocurriendo. Condicionados por el nivel de recursos con
los que contamos y por la división del trabajo alcanzada, establecemos
determinadas relaciones sociales que a su vez potencian una división del
trabajo que ya no es sólo técnica, sino social, lo que a su vez impulsa
el desarrollo tecnológico en determinada dirección; esa tecnología
también impone su escenario y tiene sus requerimientos. Todo va
conduciendo a una evolución en las relaciones sociales de producción y
de poder entre los humanos (Estado), y a un mundo tecnológico que de ser
sirviente va convirtiéndose cada vez más en determinantes de nuestras
vidas, hasta el punto que podemos estar sirviendo a nuestra creación, de
modo que su mismo desarrollo acabe volviéndose contra nosotros de
muchas formas.
Con
el desarrollo del conocimiento científico, y de la física en
particular, determinada por las relaciones sociales capitalistas
apoyadas en el industrialismo y el poder creciente del Estado (la
Megamáquina de la civilización capitalista), con sus necesidades
imperialistas y guerreras, hemos llegado a lo que seguro que no es el
resultado último en nuestra contra: el armamento nuclear.
Esta
película también nos ayuda a recordar que, bien sea bajo la forma de
democracia, fascismo, nazismo, militarismo asiático, “comunismo”
estalinista, lo que subyace es el capitalismo y el Estado burgués,
diferenciado por su nivel de desarrollo y necesidades en la lucha
inter-imperialista y contra la clase trabajadora y el pueblo.
Desaparecidos casi todo los competidores del Estado democrático, lo que
se sigue extendiendo y permanece es el capitalismo y su Estado; nuestro
particular victicite. Y en el caso de la Primera Guerra Mundial, era todavía más claro que en el de la Segunda.
IV.- FUENTES relevantes
Aunque
no comparto su orientación demócrata-liberal de izquierda, un libro muy
documentado, con muchísimos detalles que no he comentado ni
reproducido, es el de Oliver Stone y Peter Kuznick “La historia silenciada de Estados Unidos”
La Esfera de los libros. 2015, 1050 páginas, que transcribe y amplía
muchísimo lo relatado en la serie documental de Oliver Stone “La historia no contada de los EEUU”, emitida dos veces por Televisión Española. Su interés se extiende a muchísimos más temas que el de las bombas atómicas.
Henri Michel.- “La Segunda Guerra Mundial. Tomo II. La victoria de los aliados” Akal. 463 páginas. 1991
Para
datos relevantes y un análisis político yendo a la raíz, utilizando el
instrumental marxista, aunque en su vertiente trotskista (que no
comparto), dos libros (NOTA 2):
Chris Bambery.- “Historia marxista de la Segunda Guerra Mundial” Pasado & Presente. 445 páginas. 2015.
Ernest Mandel.- “El significado de la Segunda Guerra Mundial” Los libros de Viento Sur. La oveja roja. 272 páginas. 2015.
Sobre
el progreso humano y tecnológico, el desarrollo de la organización
social, del Estado y de la destructividad, desde la Megamáquina social
que construyó las pirámides de Egipto a la Megamáquina
industrial-nuclear, una obra para leer y pensar despacio. Lewis Mumford “El pentágono del poder. El mito de la máquina (dos).” Pepitas de calabaza ed. 2011, 800 páginas. El tomo I se titula “El mito de la máquina. Técnica y evolución humana” Pepitas de calabaza ed. 2010, 552 páginas. Probad a ver si se puede descargar en algún sitio autorizado.
NOTAS
NOTA 1.- Un caso espectacular en este sentido. El
israelí Mordegai Vanunu, por revelar al mundo en 1986 el secreto del
programa de armamento nuclear israelí (armas de destrucción masivas no
declaradas ni fiscalizadas internacionalmente), fue secuestrado en Roma
(1986) por agentes israelíes, juzgado en secreto violando sus más
elementales derechos, encarcelado en condiciones brutales y cuando se vieron
obligados a excarcelarlo (2004), quedó sometido a una libertad vigilada
muy restrictiva. La lealtad a la Humanidad, a la paz mundial, a la
verdad y a la convivencia en Oriente próximo, le convirtió
en “traidor al Estado”. Israel, con el apoyo de los EEUU, sigue sin
comprometerse con el Tratado de No Proliferación Nuclear y pasándose,
por donde siempre se los pasa, las condenas y requerimientos de las
Naciones Unidas. Vanunu, tratado por su Estado como un criminal de la
peor especie, fue en realidad un héroe de nuestra especie y el Estado de Israel sigue siendo una amenaza para el mundo. Israel cuenta al menos
de 150 a 200 cabezas nucleares (revista “Ecologista” nº 50, invierno
2006/2007, artículo “Proliferación nuclear: ultima ratio regis” de
Francisco Castejón).
NOTA 2.-
Como no comparto su posición de considerar a la URSS (Rusia y estados
asociados) como un “Estado obrero burocratizado”, pues considero que era
una forma de Capitalismo de Estado, con todas las consecuencias que
esto tenía en cuanto a la posición política ante la IIª Guerra Mundial,
os aporto una relación de textos importantes de crítica al trotskismo,
desde posiciones antiestalinistas.
Sobre
la naturaleza de la URSS el tag de la web del economista marxista
Rolando Astarita; dad abajo para que aparezcan los artículos más
antiguos (al menos dos veces) que son muy interesantes https://rolandoastarita.wordpress.com/tag/urss/
Del mismo, una crítica al Programa de Transición de Trotsky https://rolandoastarita.files.wordpress.com/2012/04/crc3adtica-del-programa-de-transicic3b3n-rolando-astarita.pdf
Otra crítica muy interesante al mismo Programa, en la web de Debates. Teoría y praxis, con textos relevantes, en esta dirección http://www.debates.teoriaypraxis.org/ . El libro sobre el Programa en http://www.teoriaypraxis.org/libros/libros/critica_al_programa_de_transicion_de_Trotsky.pdf
Una crítica general del trotskismo desde posiciones de izquierda comunista, de la Corriente Comunista Internacional http://es.internationalism.org/Trotski/titulo.htm
ÚLTIMOS ARTÍCULOS MÍOS en Kaos en la red.
“Carta de Rajoy a Juncker. Nadie comenta ¡lo principal!” (25-5-2016) —– http://kaosenlared.net/carta-de-rajoy-a-juncker-nadie-comenta-lo-principal/
“Francia: lucha contra la reforma laboral, odio y violencia” (20-5-2016) — http://kaosenlared.net/francia-lucha-contra-la-reforma-laboral-odio-y-violencia/
“PODEMOS e IU ¿contra la austeridad?. Empezó mal y terminará peor” (17-5-2016) — comentarios — http://kaosenlared.net/podemos-e-iu-contra-la-austeridad-empezo-mal-y-terminara-peor/
“El Mayo del 68 real, contado a la generación 15M y del precariado” (11-5-2016) — con versión PDF con imágenes, —- http://kaosenlared.net/el-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado/ Enlace directo a la versión pdf http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/05/Mayo-68-para-15M-en-PDF-a.pdf
Tiene la relación de todos los artículos desde el 1-12-2015, pero omití
el de “Podemos sabe […] prueba del video” del 22-4-2016 que sí consta
en “Para profundizar”.
“Francia 28-A ¿malas noticias? ¿cómo nos afecta? ¿qué hacer?” (29-4-2016) —– http://kaosenlared.net/francia-28-a-malas-noticias-como-nos-afecta-que-hacer/
“PODEMOS sabe pero, cómplice, calla. La prueba del video” (22-4-2016) —- http://kaosenlared.net/podemos-sabe-pero-complice-calla-la-prueba-del-video/
“Los franceses luchan también por lo nuestro ¿Qué hacemos?” (13-4-2016) —– http://kaosenlared.net/los-franceses-luchan-tambien-por-lo-nuestro-que-hacemos/
Para acceder a mis artículos, informes y libros. Los artículos a partir de 2015, los podéis encontrar poniendo http://kaosenlared.net/author/aurora-despierta/ o escribiendo en Google: Aurora Despierta. Kaos en la red, y cogiendo la primera que aparece, o lo mismo poniendo “Aurora Despierta” site:kaosenlared.net . Te sugiero que la trates en tu navegador como Favorito o Marcador. Podrás acceder desde este artículo, si mi nombre está en azul, haciendo clic en él.
PARA NO TENER NINGUNA DUDA, disponer de la relación completa de mis documentos en Kaos en la red, hasta el 1/12/2015 con TODOS los ENLACES CORRECTOS, lo mejor, DESCÁRGATE la versión PDF del artículo “PODEMOS 20-D: del “Juego de tronos” al juego del trilero” (1-12-15) — http://kaosenlared.net/podemos-20-d-del-juego-de-tronos-al-juego-del-trilero/ Y directamente como archivo PDF http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2015/12/Podemos-trilero-para-PDF.pdf
Para los de fechas posteriores, hasta el 11-5-2016, “El Mayo del 68 real, contado a la generación 15M y del precariado” (11-5-2016) — con versión PDF con imágenes, y relación de todos los artículos desde el 1-12-2015 —- http://kaosenlared.net/el-mayo-del-68-real-contado-a-la-generacion-15m-y-del-precariado/ Enlace directo a la versión pdf http://kaosenlared.net/wp-content/uploads/2016/05/Mayo-68-para-15M-en-PDF-a.pdf
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