Por Aurora Despierta
El catálogo de horrores ocasionados por la investigación científica con fines militares, de espionaje y represivos desde el final de la IIª Guerra Mundial nos ofrece el perfil siniestro de la democracia capitalista y nos hace temer lo que pueden estar tramando y tramarán
El
verdadero rostro del Estado democrático-burgués se muestra una vez más
con la experimentación con soldados y civiles de los efectos de la
radiactividad, y los de control mental del siniestro programa MK Ultra
de la CIA, y otros que tal vez se conozcan en el futuro.
La
primera parte de este artículo se publicó, con el mismo título, el
viernes 3 de junio, y al final aporto el enlace. Lo dediqué a las
verdaderas “razones” por las que se arrojaron las bombas atómicas sobre
Japón, y lo que esto nos enseña sobre la naturaleza de esta sociedad,
del Estado democrático y del papel de la ciencia.
Esta
segunda parte surge tras ver el sábado 28 de mayo, a última hora de la
noche (ya iniciado el domingo 29), en el programa de TVE2 “La Noche Temática” el doble programa documental titulado “El ejército invencible”, compuesto de “Los yonkis de Hitler”,
sobre el uso de drogas por las tropas nazis que inicialmente les
ayudaban a rendir más en el combate, pero con grave adicción y efectos
secundarios, y “Las cobayas de la CIA”, sobre los experimentos de esa agencia.
Este segundo documental lo presentaba TVE2 con estas palabras: “Financiados
por la CIA, médicos y científicos acosaron a negros, a indígenas y a
desvalidos. Los encerraban en prisiones, en hospitales, en barracones e
incluso en orfanatos. Y, contra su voluntad, con el pretexto de estudiar
el cerebro humano, convertiría a decenas de millares de personas en
auténticas ratas de laboratorio.”
Como ya no está disponible en TVE2, probad porque seguro que lo cuelgan en http://www.documaniatv.com/ (tienen muchos de La Noche Temática). Y puede que esté también en Youtube, y en ese caso, en Mas
tendréis la opción de la transcripción de las voces, que podéis copiar y
será un complemento perfecto para este artículo (poned en marcha el
video, pausa, definir, copiar y pegar en un archivo de texto).
Dadas las ramificaciones del programa MK ULTRA hasta en Vietnam, incluso un Anexo dedicado al Programa Fénix.
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leerlo con la calma que se merece e ir accediendo a los textos y
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I.- NO LES BASTÓ con JAPÓN. MÁS EXPERIMENTOS con la RADIACIÓN sobre soldados y civiles
En
1946 y durante siete años, decenas de niños enfermos mentales son
alimentados con cereales radioactivos en una escuela de Massachusetts
(información del documental “Las cobayas de la CIA”).
“en hospitales de nuestro país, se inyectaba plutonio y otros elementos radiactivos a los pacientes.” Dice Allen Hornblum, autor de libros sobre los experimentos de EEUU, en el mencionado documental.
En la prisión Holmesburg
(Pensilvania), además de ser objeto de otro tipo de experimentos, los
presos ignoraban que les estaban inyectando isótopos radioactivos para
los experimentos de la empresa química Dell. Desde 1963 hasta comienzos
de los años 70 el Ejército experimento con un gran número de armas para la guerra química.
Todavía en 1972, en el departamento de medicina de la Universidad de Cincinnati se irradiaba masivamente todo el cuerpo a pacientes que llegaban con tumores benignos. Se trataba de programa financiado por el Ejército.
El 60% de las 90 personas irradiadas eran negras, en una época en la
que sólo el 30% de la población de la ciudad lo era. Los afroamericanos
no tenían ningún otro sitio al que ir. En los años 60, la mayor parte de
los hospitales los rechazaban. Al menos 90 hombres y mujeres fueron
hospitalizados en el sótano del centro médico de la universidad de
Cincinnati entre 1960 y 1972. Veintiuno de ellos murieron en el plazo de tres o cuatro semanas. Dirigía el departamento el reputado radiólogo, doctor Eugene Saenger.
Se trata de hechos probados, porque la Universidad de Cincinnaty fue
condenada por la ley a indemnizar a las familias con cinco millones de
dólares.
El Ejército de los EEUU lleva las riendas, y desde 1946 realiza pruebas a gran escala, sobre todo en el atolón de Bikini
(en el Pacífico). Para constatar los efectos de la radiactividad
utiliza soldados. Se explosionan bombas y luego se les ordena que vayan a
“limpiar” los daños (terminar de hundir buques, etc.) o a apagar los
incendios. Entre 250.000 y 500.000 fueron los soldados irradiados en esas pruebas nucleares. Lincoln Grahlfs (director
de la asociación de veteranos de la bomba atómica) fue uno de ellos.
Entonces tenía 22 años y cuenta su experiencia. Cómo iban a la zona de
la explosión sin protección alguna, con su mono
de trabajo ordinario; cogían agua de mar (radiactiva) y con las
mangueras la rociaban sobre los buques destruidos para apagar los fuegos
de la explosión; y de vuelta, se llevaban la radiactividad en su ropa,
sin que tampoco se le diese ningún tratamiento especial, y ¡continuó
llevando el mismo mono hasta que le licenciaron de la Marina!. Para
asegurarse la impunidad, obligaban a los soldados a tener la boca
cerrada, pues antes de entrar en servicio debían firmar un contrato por
el que se comprometían a no contar a nadie aquello de lo que fuesen
testigos durante la misión. Tras su experiencia en el atolón de Bikini,
Lincoln fue hospitalizado en varias ocasiones, su salud empeoró y la
radiación afectó gravemente a toda su descendencia.
En la revista “Ecologista” nº 50, invierno 2006/2007, en el artículo “Proliferación nuclear: última ratio regis” de Francisco Castejón leo, lo siguiente: “Un
estudio encargado por el Congreso norteamericano en 1998 muestra el
precio humano que los propios americanos han tenido que pagar por las
pruebas nucleares. Se trata de 33.000 casos de cáncer, 11.000 de ellos mortales que,
según el Center for Disease Control and Prevention (CDC), se produjeron
en EEUU como consecuencia de 11 años de pruebas nucleares, entre 1951 y
1962. 19 de las pruebas nucleares americanas lanzaron cada una de ellas
a la atmósfera niveles de radiación de una escala comparable al
accidente registrado en 1986 en la central nuclear ucraniana de
Chernóbil”. En una nota se advierte que las pruebas continuaron más allá de 1962.
EEUU, en las pruebas con explosiones atómicas llevadas a cabo en el desierto de Nevada, en la década de los 50 (en particular 1956, 1957), también utilizó a los soldados como cobayas, incluso con mayor perversión que en las del Pacífico.
Consistían
en lo siguiente: se trataba de comprobar el comportamiento (estrés,
decisión, obediencia…) de la tropa en una situación de combate con
ataque nuclear. Los soldados, simplemente con su uniforme, casco y
fusil, ni siquiera con una máscara antigás ni gafas de protección,
usando colillas de cigarros para proteger los oídos, se metían en una
trinchera de escasa profundidad para salir fácilmente, por lo que debían
agacharse. Mucho antes de la línea del horizonte, estallaba la bomba
atómica que, dado el objeto del experimento, podía ser de relativa
escasa intensidad (no como otras ensayadas para avanzar en el
armamento). El viento de la explosión pasaba sobre la trinchera y se
introducía en ella parcialmente, aunque no siempre estaban los soldados
lo bastante agachados y mirando en dirección contraria, sino de pie,
sobresaliendo de la trinchera, en dirección a la explosión y expuestos a
la potente onda de viento y polvo. Cuando cesaba el viento, los
soldados se incorporaban e iniciaban la marcha hacia la zona cero
de la explosión (donde se había producido) mientras ante ellos se
elevaba imponente el hongo atómico. Las imágenes en color son
sobrecogedoras. Se supone que si se registraba un nivel de radiación
considerado superior al tolerable, se les advertiría y haría volver a
zona más segura, pero no está claro que eso se hiciese siempre, cuando
además no era fácil controlar la situación por la variación en el
movimiento del aire sobre todo con el desbarajuste atmosférico causado
por una explosión atómica, por lo que incluso el campamento de la tropa,
supuestamente en zona segura, podía verse afectado tras la explosión.
Antes de la prueba se les “explicaba” y tranquilizaba sobre los riesgos.
Después de la prueba, supuestamente para evitarles peligros, todavía
vestidos ¡otro soldado barría el uniforme del compañero con una escoba o
un cepillo!, supuestamente para librarle así de polvo con material
radiactivo, y a continuación se duchaban, pero sin advertir del peligro
por inhalar partículas radiactivas al respirar. Antes y después se les
hacía una encuesta para conocer sus conocimientos y opiniones sobre el
particular y la guerra atómica en general.
Al
menos el 21 de julio de 1956 los soldados fueron dejados en una zona,
como quien dice, a tiro de piedra del punto de la explosión (una torre a
unos metros del suelo). Los soldados buscaron las trincheras pero como
no las encontraban y estaban evidentemente más cerca que nunca de la
torre, supusieron que había un error, pero les confirmaron por radio la
corrección de sus coordenadas y sólo tuvieron tiempo para echarse al
suelo hasta ser violentamente arrastrados por el viento de la explosión.
Hubo
casos en los que los soldados pudieron ver ¡sus huesos! a través de los
uniformes, por una fracción de segundo, debido a la emisión de rayos X
por la explosión atómica.
Muchos soldados de estas pruebas enfermarían con el tiempo a causa de la radiación.
Esto
lo vi hace ya unos cuantos años en un documental por televisión pero no
puedo precisar en cuál. Las notas las iba tomando según lo iba viendo
con calma gracias a una grabación en video.
Como
prueba de que mis apuntes y memoria no me fallan, y por si os cuesta
creerlo, aquí tenéis unas fotografías que lo demuestran y con casos
todavía peores, y testimonios de testigos, https://aquellasarmasdeguerra.wordpress.com/2014/11/12/las-primeras-bombas-atomicas/ Bastante
avanzada la página, cuando lleguéis a una fotografía en blanco y negro
con un hongo nuclear cerca de la línea del horizonte (aparente) y con un
montón de soldados sentados en el suelo, o directamente, en las
opciones de vuestro navegador “Buscar: Operación Buster”
Y aquí un video del Ejército de los EEUU que pone los pelos de punta https://www.youtube.com/watch?v=ZWSMoE3A5DI
“Más
de 6.500 soldados estadounidenses fueron utilizados como conejillos de
indias durante la pruebas atómicas de Nevada, fue el primer ejercicio de
campo de los Estados Unidos que se llevó a cabo en tierra; las tropas
fueron colocadas a 6 millas [9 kilómetros con 656 metros] del punto de explosión”
Para colmo, los soldados debían mantener en secreto lo que habían vivido; así el Ejército se aseguraba su impunidad.
También
recuerdo haber visto alguna fotografía impresionante de estos
experimentos en un número de la excelente y muy seria revista de
información y divulgación científica (para gente con cierto nivel
cultural, no como Muy Interesante y otras) “Mundo científico. La Recherche”,
desaparecida hace unos años, pues por lo visto en España somos tan
ignorantes y desinteresados de la ciencia que no había mercado para dos:
la edición española de la francesa La Recherche y la de la americana Scientific American -Investigación y Ciencia-, algo menos divulgativa y políticamente más “aséptica” y “americana”.
En la película “Avance hacia la zona cero”
1990, director Peter Markle, interpretada por Martin Sheen, sobre la
experiencia de un joven encuestador (doctor), en nota final nos informa
que entre
1945 y 1962, más de 235.000 miembros (hombres y mujeres) del ejército
americano fueron expuestos -a mayor o menor distancia- a las explosiones
atómicas en superficie.
Que
viendo los responsables las explosiones de las bombas atómicas, sobre
todo las de hidrógeno (parecen fenómenos de otro mundo capaces de
consumir el nuestro), y conociendo los efectos de las bombas sobre Japón
y en las simulaciones de las pruebas (edificios, maniquíes, animales
cobayas…), no se les revelase como algo evidente que ningún grupo
humano, y menos toda la especie, puede ser sometido a la posibilidad de
semejante destrucción, demuestra la fascinación ejercida por las bombas
en los militares sobre todo, el grado de irracionalidad de la ciencia
bajo el mando del Estado capitalista, y el embrutecimiento emocional y
moral alcanzado en este sistema social.
Por
medio de las películas, sobre todo de hace tiempo, nos acostumbramos al
personaje del “científico loco, malvado”. Pero en realidad es el
capitalismo mismo y su Estado el que desarrolla la ciencia monstruosa.
II.- La DEMOCRACIA de EEUU HEREDA la “CIENCIA” NAZI y JAPONESA
Con
el final de la Segunda Guerra Mundial, salió a la luz la verdadera
dimensión de los horrores perpetrados en los campos de concentración
nazis, donde se habían realizado experimentos con millares de
prisioneros, inoculándoles virus, irradiando, torturando y
desmembrándolos vivos.
Durante
los procesos de Núremberg contra los criminales nazis, a finales de
1947 tuvo lugar el juicio contra veinte médicos y tres oficiales nazis.
Cinco fueron absueltos, siete condenados a muerte, y el resto, a penas
de prisión. Durante el proceso, EEUU creó el Código de Núremberg en el
que se define el Código ético que debe prevalecer en la experimentación
médica con seres humanos. Pero al mismo tiempo, los estadounidenses
codiciaban a los médicos y científicos alemanes, y conseguían llevarlos a
los EEUU.
Collin Ross, psiquiatra experto en manipulación mental dice: “Justo
después de la guerra había unos científicos alemanes expertos en
bombardeos, en energía, en misiles, en cine, en medicina, y los
franceses, los ingleses, los rusos y los americanos querían llevarlos a
sus países para que trabajaran a su servicio. El problema era que muchos
de ellos estaban considerados criminales de guerra. El Departamento de
Estado no quería concederles visados, de forma que no podían entrar en
EEUU. Entonces se iniciaron una serie de programas. El más famoso fue la
Operación Paperclip.
Gracias a ellos, muchos científicos alemanes fueron expatriados
eludiendo la exigencia de un visado del Departamento de Estado.”. (Documental Las cobayas de la CIA). Sobre la Operación Paperclip (sujeta papeles) hay bastante información en la web.
La
autoridad máxima de las fuerzas de ocupación en Japón, el general
MacArhur, amnistió a los científicos y técnicos japoneses que habían
participado en la guerra biológica para que EEUU aprovechase sus
conocimientos y experiencia. Y los británicos se hicieron con un
laboratorio japonés en Singapur, totalmente operativo.
III.- EXPERIMENTOS de GUERRA BACTERIOLÓGICA, con la POBLACIÓN
“Por
su parte, la CIA no permanecía de brazos cruzados. Con la excusa de la
guerra fría ataco ciudades enteras. En 1950 un barco de guerra propagó
una enfermedad infecciosa fumigando sobre la bahía de San Francisco.
Once personas fueron hospitalizadas y una murió de neumonía. Y no se
trata de ficción. Todos esos experimentos han sido revelados por
documentos desclasificados recientemente.”
“La
CIA y el ejército estaban tan cegados por su objetivo, que llegaron a
diseminar bacterias mediante bombillas eléctricas en el metro de Nueva
York en 1956. Querían calcular la propagación en caso de guerra
biológica. Tampoco esto es ficción. Los documentos sobre estos
experimentos también han sido desclasificados.”
“La
CIA y el Ejército competían en sus demenciales prácticas. El Ejército
también realizaba experimentos a gran escala, sobre todo en el Arsenal
de Edgewood, donde se probaban armas químicas con la inestimable ayuda
de algunos científicos del Tercer Reich” (mismo documental)
IV.- El Programa MKULTRA, o la ultraperversidad científica al servicio de los crímenes de Estado
Este
programa, malvado donde los haya, tuvo sus prolegómenos y sus
extensiones, acabando por llegar a Vietnam y mezclarse con otro programa
de asesinatos llamado Programa Phoenix,
al que le decido el Anexo. Tened en cuenta que aquí sólo trataré lo
fundamental. Tanto en libros, como en documentales y artículos que
también se pueden encontrar en internet, podréis profundizar todo lo que
queráis. Vayamos por pasos.
El Programa MK ULTRA, de la CIA (1951-1963) parte de la Operación Bluebird y Artichoke, de la CIA
(1950-1). Inicialmente empezó con el nombre de Bluebird (1950) y en
1951 paso a llamarse Arichoke. MK Ultra desarrolla todo esto y con
muchos más medios.
Tenía
como objetivo conseguir métodos para la manipular la mente humana y
aplicarlos en interrogatorios, también aplicando la tortura. Se recurría
a la privación del sueño, la desorientación horaria, la privación de ir
al baño, el aislamiento sensorial, los electrochoques (30-40 veces la
dosis de electricidad que entonces se recomendaba), la cirugía cerebral,
la aplicación de electrodos en el cerebro, la hipnosis, el uso de
drogas como el LSD… Su mayor ambición era al parecer conseguir que una
persona actuase siguiendo órdenes, sin conciencia, como un robot y que
una vez llevado a cabo el cometido para el que se le había programado,
no recordase nada (el conocido como “candidato manchú”).
Los experimentos se realizaron en locales y laboratorios de la CIA, en
hospitales psiquiátricos y en prisiones, mediante la dirección,
contrato, financiación de la CIA.
Sin
el consentimiento de las víctimas, se experimentó con miles de
soldados, clientes de prostitutas (prostíbulos montados por la propia
CIA), prostitutas, personas (incluso niños) recluidas coactivamente en
hospitales psiquiátricos, y bajo engaños con los presos en las cárceles
(como, por ejemplo, la de Holmesburg, en Pensilvania), e incluso con
algún agente de la CIA.
Como el director general de la CIA (Richard Helms),
ordenó en 1973 destruir los archivos de todo lo referente a las
actividades de MKULTRA, y sólo se salvaron algunos documentos (sobre
todo relativos a la financiación), conocemos sólo una pequeñísima parte
de lo ocurrido, y ello gracias a las denuncias de algunas personas, las
consiguientes investigaciones de comisiones parlamentarias y sentencias
judiciales.
“La Corte Suprema de Estados Unidos definiría el programa de esta forma:
Preocupado
por “la investigación y desarrollo de armas químicas, biológicas,
radiológicas y materiales capaces de emplearse en operaciones
clandestinas para el control del comportamiento humano”, el programa
consistió en 149 subproyectos
que la agencia contrató a varias universidades, fundaciones dedicadas a
la investigación e instituciones similares. Participaron al menos 80 instituciones y 185 investigadores privados.
Debido a que la CIA financió MK Ultra indirectamente, muchas de las
personas que participaban no sabían que se trataba de la agencia.” [de la Wikipedia]
Collin Ross: “En
los documentos de la CIA aparecen experimentos dispuestos a crear
superespías. Se trataba de crear una nueva personalidad en una cobaya,
darle una misión, por ejemplo, matar a alguien, robar documentos o
infiltrarse en una red de espionaje. Al terminar la misión se le
reprogramaría y el sujeto no recordaría nada.” (documental mencionado).
Mientras
el ejército reclutaba principalmente en las prisiones, la CIA merodeaba
por los hospitales. Había prometido una recompensa para quien lograra
transformar a un ser humano en un robot.
La
CIA estaba interesada en el trabajo de un científico español, el doctor
Delgado (bastante conocido, de vuelta ya en España, por su presencia en
programas de tve durante los años 70, con la democracia), que realizó
sus primeros experimentos con un toro (joven), implantándole unos
electrodos en el cerebro y controlando así sus embestidas (deteniéndolo)
mientras era toreado. Los documentos desclasificados demuestran que se
utilizaron sistemas más sofisticados en el cerebro de seres humanos.
Los responsables directos más destacados del MKULTRA fueron el doctor Sidney Gottlieb (conocido como el “hechicero negro” o también “doctor Muerte”) y el doctor Ewen Cameron,
presidente de la Asociación de Psiquiatría de América. Éste realizaba
su tarea, bajo financiación de la CIA, en el hospital del Allan Memorial Institute, del departamento psiquiátrico de la Universidad McGill
en Montreal (Canadá, en la frontera con EEUU) para que así las
autoridades norteamericanas pudiesen alegar que no sabían nada porque no
se realizaban en el país. Su prestigio le servía para atraer víctimas y
parecer libre de cualquier sospecha de malas prácticas, no digamos
criminales. Se lee en la Wikipedia: “no
sólo la CIA había financiado los esfuerzos de Cameron, sino tal vez
incluso más chocante, que el gobierno canadiense fue plenamente
consciente de ello, y había prestado más tarde otros $ 500 000 en fondos
para continuar los experimentos”.
El doctor Ewen Cameron, en el curso de sus experimentos, llegaba a inducir el estado de coma durante tiempo prolongado “durante
semanas (hasta tres meses en un caso) mientras se reproducían sonidos
repetidos o simples declaraciones repetitivas. Sus experimentos se
llevaron a cabo normalmente sobre pacientes que habían entrado en el
instituto para problemas menores, como los trastornos de ansiedad y la
depresión posparto, muchos de los cuales sufrieron daño permanente a
causa de sus acciones.” [de la Wikipedia]
Refiriéndose a él, dice Gina Blasbalg, una mujer que fue su víctima durante años: “Todos
los pacientes le tenían miedo. Ninguno de nosotros queríamos tener
contacto personal con él. Era un hombre extraño. Él representaba el
sufrimiento.” (documental mencionado).
Gina
Blasbalg y su marido, creen que hubo personas que murieron en aquel
hospital del horror y que otras quedaron tan mal que, al salir, se
suicidaron.
Aunque
se desconoce su número exacto e identidad personal, fueron muchos los
médicos y científicos los que, en muchas instituciones (universidades,
hospitales, empresas farmacéuticas, prisiones…), colaboraron con este
programa de experimentos. La CIA también creó organizaciones “tapadera”
(como es habitual en otros muchos casos) para realizar actividades de su
programa, con nombres tan inocentes como “Sociedad para la Investigación sobre la Ecología Humana”. La CIA contó con enormes recursos económicos
(decenas de millones de dólares de entonces). Para eso se nota que no
suele haber “recortes”. Por tanto, es absolutamente evidente que lo que
se hizo con ese programa no fue iniciativa de alguien que iba “por
libre” aprovechándose de su posición en la CIA, ni tampoco de una
sección de la CIA que escapase al control (ferreo) del propio organismo,
sino la CIA misma,
desde su cabeza hasta el último ejecutor. Y la CIA no va más allá de lo
que sabe está tolerado por el conjunto del Estado, empezando por su
presidente, conozca o no sus detalles.
Hace
falta mucho valor para denunciar haber sido víctima de unas
instituciones importantes, de prestigio, como un hospital y con
psiquiatras tan renombrados como Ewen Cameron. ¿Qué médico te iba a
creer si le ibas explicando una historia de terror acusando a Cameron?
“¿Viene usted del psiquiátrico? Sí, está claro que usted está loco
¡debería volver allí en lugar de calumniar a esa eminencia!”. Y más si
se sospecha que detrás está el Estado, a través del Ejército o la CIA.
Sobre todo si se trata de una persona pobre, enferma, que ni siquiera
puede entender bien lo que le está pasando porque confiaba en los
médicos que le estaban tratando porque en su profesión se jura no causar
daño deliberadamente a los pacientes. Por eso, unido a la destrucción
de la inmensa mayoría de las pruebas documentales, los victimarios se
quedaron tranquilos porque las víctimas que no hubiesen muerto en los
experimentos, no se hubiesen suicidado, o fallecido por el paso de los
años, no se volverían contra ellos.
Una de las pocas víctimas oficialmente reconocidas fue Frank Olson,
científico del Ejército para el que realizaba tareas siniestras (armas
biológicas, aplicadas con aerosoles), y que colaboraba con Gottlieb (por
tanto lo más alejado que quepa imaginar de un angelito), pero tal vez
díscolo con su jefe y sus métodos por lo que hay sospechas de que no se
le consideraba ya una persona segura pues se temía que pudiese irse de
la lengua, y que por eso se pudo decidir matarlo. Gottlieb ordeno que,
sin su conocimiento, se le administrase LSD cuando bebía unas copas con
unos colegas. El resultado fue que se trastornó mentalmente tanto que a
los pocos días se arrojó al vacío desde una gran altura en un edificio
de Nueva York, muriendo por el impacto (19 noviembre 1953). Sin embargo,
investigaciones posteriores indicaban que previamente había sido
golpeado en la cabeza (zona superior del ojo junto a la sien) hasta
quedar inconsciente, aunque no sea judicialmente concluyente. Para más
detalles, sobre todo sobre la muerte de Olson, podéis ver este
documental: “Secretos de la historia – Los experimentos secretos de la CIA” — https://www.youtube.com/watch?v=qNqhEjJLPSg
Si
fueron capaces de hacer esto con uno de los suyos, podemos imaginarnos
los pocos escrúpulos que tendrían para hacer lo que fuese con gente
corriente.
Claudia Mullen (una mujer joven) declaró ante el Comité encargado de evaluar los daños infligidos a las víctimas: “Me
convertí en un peón en manos del gobierno. El objetivo era someterme y
crear al espía ideal con la ayuda de productos químicos. Utilizaban
irradiación, drogas, hipnosis, electrochoques, inmersiones en bañeras
llenas de agua, privación del sueño, lavado de cerebro, y abusos
mentales, físicos y sexuales. Fui explotada durante casi 30 años de mi
vida y la única explicación que recibí fue que el fin justifica los
medios, y que servía a mi patria en su valeroso esfuerzo por luchar
contra el comunismo.” (documental mencionado)
Collin Ross dice: “Lo
que me parece más indignante no es la actitud de la CIA o del Ejército,
sino la de los propios psiquiatras. Porque ellos, junto con los
científicos y los cirujanos, participaron en todo eso y la CIA no habría
podido hacerlo sin su participación. Las más altas instancias de la
psiquiatría hicieron todo lo posible para que no saliese a la luz. Y no
se trataba de un par de psiquiatras desconocidos, sino de los
principales nombres de la psiquiatría [como el doctor Ewen Cameron].”
Si
bien parece que el programa MKULTRA fracasó en sus objetivos máximos
(conseguir un robot humano), sirvió para sacar conclusiones útiles para
la CIA, por ejemplo en materia de interrogatorios. La CIA se inspiró en
el psiquiatra Ewen Cameron para redactar un manual de interrogatorios
(de fecha julio 1963). El manual siguió vigente muchos años. Y las
ilustraciones que vemos en él no dejan ninguna duda de que la CIA lo
utilizó como libro de referencia en el campo carcelario de la base
militar norteamericana de Guantánamo (en la isla de Cuba), y en la cárcel irakí de Abu Graib.
Aunque
algunos investigadores dicen que el programa MK Ultra terminó en 1963,
se sabe por documentos de la CIA que Sidney Gottlieb y algunos de sus
colaboradores se fueron a Vietnam del Sur cooperando en el Programa Phoenix o Fénix, de la CIA (ved ANEXO).
El equipo de Gottlieb se sirvió de algunos de los secuestrados víctimas
de esa campaña de terror para realizar con ellos horribles experimentos
para controlar sus mentes, de los que se dan detalles en el libro de
Eric Frattini “CIA. Joyas de Familia”, datos al final de éste.
V.- ¿VIEJAS
HISTORIAS IRREPETIBLES? O ¿DENTRO de UNOS AÑOS, NOS ENTERAREMOS de que
DURANTE todo este TIEMPO, HAN ESTADO HACIENDO COSAS HORRIBLES?
Mientras
se desarrollaron todas estas prácticas, se hizo con la mayor discreción
y secreto posibles. Aunque perjudicaron a miles de personas y
estuvieron implicadas centenares, sólo por algunas denuncias y
consiguientes investigaciones se ha llegado a conocer al menos una parte
de la verdad pero salvando obstáculos enormes puestos por el mismo
Estado, cuando menos, de algunos de sus más poderosos organismos,
pasándose por el arco del triunfo las obligaciones democráticas,
alegando la “razón de estado” o “porque yo lo digo”. Si el caso Olson
consiguió llegar a los tribunales, seguramente tuvo que ver con que no
era un negro pobre enfermo, ni un ciudadano corriente, sino un
científico militar de alta posición en investigaciones secretas. El director de la CIA ordenó la destrucción de la documentación relativa al programa MK ULTRA,
por lo que perfectamente pudo haber destruido pruebas incriminatorias
en actividades criminales ¿Fue juzgado y castigado por ello? NO. ¿Se
castigó a alguien del programa MK ULTRA? NO. ¿Se declaró a la CIA
organización criminal y se dispuso su disolución? NO. ¿Se castigó a los
jefes militares responsables de los experimentos con soldados, y también
con otros similares al MK ULTRA? NO. ¿Se….? NO. A lo sumo, en estos
casos se modifica alguna legislación para que supuestamente esos sucesos
no vuelvan a ocurrir aunque si sucedieron saltándose lo que ya eran
principios establecidos desde los juicios de Núremberg, además de otras
(cuando menos el juramento hipocrático -que no, hipócrita- de los
médicos, y el más elemental código ético de cualquier profesión) ¿por
qué no iban a saltarse lo que se siga legislando, cuando ya sabemos que
hecha le ley, hecha la trampa, y más si, como el agente 007, se tiene
“licencia para matar”?.
Imaginad
que todo esto lo hubiese hecho el KGB de la Unión Soviética. ¡La que se
habría armado! Menuda campaña hubiesen montando en los EEUU. Todavía
estaría resonando en nuestros oídos. Pero tratándose de los EEUU, a lo
máximo que parece que se llega es a cancelar un programa, compensar a
alguna de las víctimas con dinero (¡poderoso cabañero…!), y que el
Presidente de los EEUU pida públicas disculpas. Enternecedor. Ni
siquiera algún funcionario paga el pato como chivo expiatorio.
¿Sigue
siendo EEUU el mismo país capitalista? SI ¿Sigue siendo su aparato de
Estado, su organigrama institucional, su sistema de representación
“democrática”, sus policías, ejércitos, agencias secretas, etc.,
substancialmente e incluso en la mayoría de los detalles, los mismos?
SI. Como se decía antes: “líquido, blanco y en botella ¿qué es?”
(leche).
Las
prácticas secretas funcionan en la mayoría de los casos y la mayor
parte del tiempo. Si no fuese así sería una tontería tanto secretismo.
Por eso sólo ocasionalmente, a veces “por accidente”, por algún
arrepentido, filtración, nos acabamos enterando. Pero sigue habiendo
organismos estatales o para-estatales en cuya naturaleza está tener
asuntos secretos, así que sin duda los hay y muchos.
Ahora
os pregunto ¿creéis que este tipo de prácticas, no necesariamente las
mismas, pero también de grave perfil antidemocrático y criminal ya no se
realizan y que más adelante tampoco se llevarán a cabo? Estos casos
demuestran, contra el argumento de algunos, que es posible mantener un terrible secreto en el que participan muchas personas.
Algunas cosas se han sabido, pero sólo en una medida muy pequeña. ¿No
se ha conocido hace poco, por filtración de quien por ello se arriesga a
ser castigado en extremo –incluso quizás asesinado- y tiene que vivir
escondido (Edward Snowden), que la agencia norteamericana NSA
lleva tiempo vigilando las comunicaciones telefónicas, por internet… de
todo el mundo?. ¿Se ha puesto fin a todo esto? NO ¿Se ha castigado a
los responsables? NO.
El
Estado consigue mantener a salvo sus secretos para siempre, o cuando
menos por muchos años (los suficientes para que el daño ya esté hecho,
sea irreparable, y a poder ser, los directos responsables ya estén
muertos y no deban pagar por ello), por medio de numerosos mecanismos y
procesos:
Por
el interés en que así sea de los implicados (les puede ir la vida en
ello); la obligación legal de no hablar ¡incluso de las victimas! (lo
hemos visto con los soldados de los experimentos nucleares); la
disciplina, compartimentación y división de tareas en la cadena de
mando, que a cada uno le permite conocer sólo la parte que le atañe
directamente, eludir su responsabilidad remitiéndola al escalón superior
(“cumplo órdenes”, “hago mi trabajo”, “soy un mandao”; leed sobre esto
el caso extraordinario-ordinario analizado por mí en el artículo “Tu enemigo está en ti. Mírate en este espejo. Una clave de lo que nos pasa”
con enlace al final); el miedo al castigo y represalias de todo tipo
(tanto legales como ilegales, que según el caso pueden llegar a la
muerte –como, supuestamente, Olson-); la conformidad con la autoridad,
las personas de prestigio o la orientación tomada por la mayoría de un
grupo social; el deseo de simplemente no complicarse la vida (“no te
metas en líos”, “no es de tu incumbencia”…), y por ello mirar para otro
lado; el poco interés por investigar lo que no le atañe a uno
directamente o al menos (cree) no le perjudica; el peso de la ideología
(“el interés de la patria”, “la defensa nacional”; y el consiguiente
cierre de filas “no hacer el juego al enemigo”, “lavar la ropa sucia en
casa”, etc.).
Los
nazis consiguieron mantener prácticamente en secreto lo que estaban
haciendo en los campos de concentración y exterminio, pese a que en toda
la cadena del proceso “industrial” participaban miles de soldados,
funcionarios y trabajadores, y muchos civiles (sobre todo los que vivían
cerca de los campos) tenían razones para sospechar que algo muy malo
estaba ocurriendo. Pero el caso es que casi logran su objetivo
apoyándose en la complicidad criminal de unos, el miedo de otros, el
desinterés del resto, y también la incredulidad de las propias víctimas
que prestaban oídos sordos a los rumores e informaciones que corrían
(“es absurdo; aunque sean injustos, los alemanes son ciudadanos de un
país moderno, no pueden ser capaces de una barbarie semejante jamás
conocida; necesitan mucha mano de obra, somos imprescindibles”). Así que
no
subestimemos la capacidad de mantener el secreto y la eficacia de las
conspiraciones con participación de muchísima gente, si está implicado
el Estado.
Pero vamos a ver. Si incluso en algo que no tiene nada de secreto ni de criminal, como la Ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera
(LOEPSF), pese a la ayuda impagable que me presta Kaos en la red desde
2012, durante años se han mantenido un innegable “pacto de silencio”
sobre esta super-ley austericida, muchísimo más importante y
trascendental que el reformado artículo 135 de la Constitución, e
incluso hoy es imposible que fuerzas sindicales y políticas asuman de
verdad la cuestión y hagan la denuncia al menos de sus aspectos más
escandalosos y pase el asunto al conocimiento de la mayoría de la gente
para que su indignación se traduzca en movilización (no os perdáis mi
último artículo, del 15 de junio, titulado “Unidos Podemos regala votos al PP-PSOE-C´s” con enlace al final).
No fiarse un pelo y sospechar que siguen haciendo de las suyas no es conspiranoia, sino aprender de la experiencia y comprender que las causas profundas de lo que ocurrió entonces siguen estando ahí, y se llaman capitalismo y Estado burgués.
Sois muy libres de creer lo que queráis, pero hay creencias que no nos ayudan a ser libres.
Por eso es tan importante recordar estos asuntos del pasado, pues
seguro que serán hermanos de otros del presente y del futuro que tal vez
nunca descubramos, pero sí que habrá gente (de poca a muchísima) que
los sufra.
Los
miles de víctimas, muchas de ellas muertas por culpa de estas
actividades criminales, merecen que no las rematemos olvidándolas,
tampoco quitando importancia a lo que pasaron y no atendiendo a lo que
seguro les gustaría decirnos: ¡son indignos de confianza, no os fiéis nunca, sospechad siempre, permaneced vigilantes!.
ANEXO.- El PROGRAMA FÉNIX, o terrorismo de Estado norteamericano en Vietnam
El Programa Fénix (o Phoenix)
era una campaña paramilitar contra supuestos o reales simpatizantes o
miembros del vietcong (nombre despectivo para llamar al Frente de
Liberación Nacional de Vietnam del Sur –FLNVS-; también se le suele
denominar Frente Nacional para la Liberación de VS o FNLVS; puede
deberse a una cuestión de traducción del vietnamita, al francés o al
inglés), se encontrase o no armas en su poder, tuviese o no relación con
alguna actividad armada, con tal de que pudiese prestar apoyo político,
ser parte de su estructura política, grupos de propaganda, etc. El
programa estaba dirigido por los EEUU y en él participaron no sólo los
survietnamitas, sino también mercenarios cubanos anticastristas. La
escala de las actuaciones iba desde del encarcelamiento sin juicio, al
secuestro con desaparición y asesinato, y el asesinato con
francotirador.
La
variante más sofisticada del programa consistía en el asesinato de la
persona vigilada por medio de francotirador. Se recurrió a este método
también en la infiltración para matar a objetivos seleccionados en
Vietnam del Norte. Recurrir a este sistema tan sofisticado tiene sobre
todo sentido en esas situaciones, no en Vietnam del Sur donde podían
hacer prácticamente lo que les daba la gana. Aun así, se calcula que
cerca de tres mil civiles fueron asesinados de esta forma en Vietnam del
Sur.
La
variante de tipo medio consistía en el asesinato directo, o su
“arresto” para-legal (secuestro), con interrogatorios mediante torturas y
violaciones sin plazo legal (si se podía, también de sus familiares,
para presionarles a confesar), en centros clandestinos, y que en
muchísimos casos solía terminar con su muerte sin juicio legal alguno, y
por métodos perversos inventados por psicópatas, e incluso
deshaciéndose del cadáver de los modos más siniestros. Por tanto, las
víctimas ni siquiera tenían los derechos reconocidos a un prisionero de
guerra (NOTA 1)
o a un delincuente, ni por supuesto a un preso político. La misma
necesidad de preservar al máximo el secreto de la localización de los
centros de retención y tortura clandestinos, impulsaba a que
generalmente no fuesen liberados quienes habían pasado por allí, y se
les matase. Las víctimas no eran sólo cuadros militares del FLN, sino
campesinos de las aldeas, sindicalistas, estudiantes, periodistas, etc.,
que tuviesen ideas o realizasen actividades que a ojos de los
norteamericanos y sus esbirros vietnamitas los convirtiesen en posibles
simpatizantes o colaboradores del FLN.
La
variante más suave del programa llevó a retomar legislación represiva
que permitía que el sospechoso de algo muy leve, legalmente, pero sin
necesidad de juicio (fiscal, defensa, etc.), por la decisión de un “comité de seguridad provincial”, pudiese estar en prisión hasta dos años.
El
marco legal que supuestamente debería poner límite a los desmanes era
poco más que papel mojado, y en la práctica, una forma de amparar con la
ley lo que realmente ocurría. Dado el sistema sumamente arbitrario de
las “detenciones”, se producían muchísimas víctimas que nada tenían que
ver con el FLN: bastaba la información de chivatos que buscaban una
recompensa económica o denuncias motivadas por mera venganza personal, o
funcionarios de Saigón que amenazaban a alguien con aplicarle el
programa Fenix si no les daban dinero, etc. Lo que es peor: en cada
territorio había que cumplir con una cuota
de víctimas del programa, así que se llevaban por delante a gente por
simplemente encontrarse en una zona de influencia y presencia del FLN,
que por tanto podían ser “sospechosas” de albergar alguna simpatía; los
menos afortunados eran asesinados, y los más, detenidos. Así ocurría que
una persona que ya hubiese sido detenida y liberada por resultar
evidente que era totalmente ajena al FLN, pero que se trasladase a otra
localidad, podía volver a ser víctima del proceso porque allí también
había que cubrir una cuota de detenciones.
Pero
esto no son “accidentes” o meras “perversiones” del programa. Si el
propósito de los EEUU era acabar con todo lo que fuese sospechoso de
colaborar política o militarmente con el FLN, la búsqueda de eficacia no
puede llevar al uso de métodos selectivos para un propósito que tampoco
lo es; así que en vez de “pescar con anzuelo”, se utilizaban las “artes
de arrastre”; y esto daba lugar también a que “a río revuelto, ganancia
de pescadores”, por lo que muchos de los esbirros actuasen “por libre”
en su mero beneficio personal.
De modo que todo el rollo eufemístico de la “pacificación”
(como la paz de los cementerios) no era más que represión, crimen y
aterrorizar a la población. Era una “guerra sucia” o terrorismo de
Estado, lo más alejado de una labor “policial”. Porque si el objetivo es
destruir la “infraestructura del vietcong” que incluye a sus miembros y
red de apoyo, y resulta que el FLN, aunque recibía ayuda de Vietnam del
Norte (lógico, el mismo país buscando su reunificación impedida por los
EEUU, los terratenientes y militares del Sur, al hacer imposible las
elecciones democráticas para decidirlo, vulnerando los acuerdos de la
Conferencia de Ginebra), no era una “infiltración”
de VN en VSur (como decía la propaganda yanqui), pues tenía su origen y
raíces populares survietnamitas, el resultado no puede ser otro que la
dinámica represiva empuje a que el objetivo sea también sembrar
inseguridad y terror en la población para que no resurja ese sostén, aun
a riesgo de ser contraproducente por cosechar el efecto contrario, o al
menos el odio más intenso al gobierno de Saigón y a los imperialistas
yanquis.
A consecuencia de ese programa, con total seguridad fueron asesinadas al menos
más de veinte mil personas entre 1968 y 1971 (William Colby, jefe del
programa y luego director de la CIA, en 1971 reconoció que llevaban ya
20.587). El Departamento de Defensa Survietnamita reconoció 26.369. En
la Wikipedia, para un espacio de tiempo un poco más largo (1965-72) se
calcula entre 26.000 y 41.000 asesinatos.
Porque
esta estrategia, en lo fundamental, ya existía bajo otro nombre desde
1967, e independientemente, aunque sin la misma sofisticación, desde los
años 50 años ya se procedía al asesinato individual o matanza colectiva
de todas aquellas personas o grupos de aldeanos, estudiantes, etc., que
no eran del gusto del régimen survietnamita “democrático” y corrupto a
más no poder, apoyado y manejado por los EEUU. Se cree que el programa
terminó oficialmente en 1971, pero que siguió hasta 1972, y en realidad
tampoco ahí terminó porque con la retirada de las tropas
norteamericanas, la CIA traspasó el programa a las fuerzas “títeres”
survietnamitas, que siguieron aplicándolo hasta el final de la guerra en
1975, contando el régimen de Saigón con el apoyo de los EEUU hasta el
último minuto. Así que ni se sabe la cifra real de las víctimas. El
programa fue organizado y dirigido desde la embajada de los EEUU en
Saigón, por William Colby, alto cargo de la CIA, que en 1973 pasaría a
ser su director por nombramiento del presiente Nixon. ¿Alguien fue
castigado por todo esto? NO. Al contrario, se le promociona. Así
funciona la democracia capitalista.
Quienes
de alguna manera quieren defender este programa, dicen que lo malo de
su aplicación fueron excesos, trasgresiones del espíritu del programa y
de la ley de Vietnam del Sur, su aplicación por corruptos funcionarios y
militares survietnamitas, etc., y que las intenciones y los métodos de
los EEUU en Vietnam siempre fueron buenos con el fin de liberarlos de la
“agresión comunista”. No. Eso es lo mismo que pretender que para salvar
la vida de alguien (tal como tú lo entiendes) estás dispuesto a matarlo
si se resise a tu “ayuda”, o matar a una mujer porque se quiere quedar
sola o con otro/a (“o mía, o muerta”). Los medios fueron coherentes con
los fines verdaderos, no con los que alega la propaganda. Para cinismo,
hipocresía, falta de ética, escrúpulos y humanidad, los dirigentes de
todo esto, hasta la presidencia de los EEUU, y sus ejecutantes. Está en
la naturaleza de las cosas que si tienes objetivos inmorales, recurres
por tanto a medios inmorales y para ejecutarlos necesitas personal que
no pude ser precisamente de elevada moralidad, es inevitable que
finalmente se cause más dolor y se vierta más sangre incluso de la
prevista inicialmente en tus pulcros documentos de planificación. Porque
ya era criminal en sí, en su verdadero propósito; un programa represivo
de un Estado extranjero imperialista apoyando a un Estado reaccionario,
criminal y corrupto hasta la náusea, que de “demócrata” solo tenía una
careta de quita y pon, nacido de la mano de los EEUU para hacer
imposible la reunificación prevista de Vietnam mediante elecciones
democráticas que se impidieron, fuese el resultado un régimen
“comunista” o no, pero que los EEUU no querían porque sabían que no
estaría bajo su control. Un régimen, el de Saigón, que sólo se sostenía
por los dólares, armamento y apoyo militar de los EEUU, incluso tras la
retirada de sus tropas, mediante los bombardeos masivos de VN. A partir
de aquí, nada puede justificarse, porque es una injerencia invasiva
total en los asuntos de otro pueblo y una guerra de agresión contra todo
Vietnam (Sur y Norte) a una escala descomunal, plagada de crímenes de
guerra y contra la Humanidad.
Lo
que no debemos perder de vista es que todo esto se hizo de forma
absolutamente legal, al amparo de la democracia capitalista de los EEUU,
y que por eso no tuvo ninguna consecuencia negativa para sus promotores
ni ejecutores. La responsabilidad de que así sea, no es sólo de la
presidencia de los EEUU. Del Congreso tampoco surgió ninguna iniciativa
en este sentido. Ni de su sistema judicial con sus altísimos tribunales
togados y cargados de pompa. ¡Viva la impunidad “democrática”!
Lo
que se hizo en Vietnam con el Programa Fénix, es algo muy parecido a lo
que ya en otros países había ocurrido antes con la aplicación de los
llamados “escuadrones de la muerte”,
y a lo que ocurriría al poco tiempo en las dictaduras militares
latinoamericanas, en particular en el llamado Cono Sur, con la Operación Cóndor
durante los años 70 (“desaparecidos”, torturados durante meses o años, y
de los que los militares argentinos se deshacían arrogándolos al mar
–vivos, sedados- desde aviones, en los llamados “vuelos de la muerte”).
Todo ello promovido y teledirigido por los EEUU. Y todo esto tiene su
raíz en los métodos nazis. Quienes desconozcáis esto, convendría que
investigaseis un poco por internet; se han publicado muchos buenos
libros al respecto.
Después
de leer esto, me doy cuenta de que, a pesar de mi intención, la
inhumanidad se impone hasta en la mejor información. Porque aporto
cifras de víctimas, pero las cifras nunca tienen nombre, edad, sexo,
rostro, voz, gestualidad, personalidad, ni padres, ni hermanos, ni
cónyuges, ni hijos, ni amigos, ni sueños ni esperanzas. Pero todas y
cada una de esas víctimas eran tan reales como tú y yo, y las personas
que queremos y apreciamos. Su vidas se truncaron pero los principales
responsables de su sufrimiento (violaciones incluidas) y muertes, se
jubilaron con una buena (o más que buena) pensión. En EEUU lloran por su
casi 58.000 muertos, y no les falta razón. Pero sólo las víctimas del
Programa Fénix, en las estimaciones más bajas, casi llegan a la mitad de
los norteamericanos muertos en Vietnam. Y no digamos los entre 3,8 y
5,7 millones de vietnamitas muertos, civiles sobre todo, condenados para
siempre a quedar como una cifra, cada vez más relegados. Si nos dominan
tan fácil, es también porque en cuestiones de política, tenemos memoria
de pez. Por eso, todo esto no podemos olvidarlo, por ellas y por
nosotras y quienes nos sucedan, en la lucha contra el Capital y su
Estado, convoquemos también a los muertos.
Sobre
la guerra de Vietnam y el pretexto norteamericano para lanzarse a ella,
no es perdáis mi documentadísimo artículo titulado “Obama, la guerra de Vietnam y el “incidente” del Golfo de Tonkín” (9-6-2016), con enlace al final de éste.
NOTA 1.-
La primera superpotencia mundial, se inventa una excusa (el “incidente”
del Golfo de Tonkín, 1964) para lanzarse de cabeza a la guerra contra
Vietnam con la mayor potencia de fuego conocida en la historia. Invade
el sur del país, bombardea el norte con la intención de llevarlo a la
Edad de Piedra, arrasa el Sur con defoliantes, napalm, etc., mata a los
campesinos o los traslada a “aldeas” más parecidas a campos de
concentración, apoya a militares asesinos y gobiernos criminales que de
demócratas sólo tienen el nombre, y para colmo, para reconocer al
combatiente siquiera el derecho de acogerse al convenio de Ginebra, le
exige que luche con sus reglas del juego, en las que tiene todas las de
perder desde el minuto uno. Un poco más y podía haberle pedido que
presentase batalla en campo abierto y en formación como los ejércitos de
la época napoleónica, para practicar el tiro al blanco con ellos con
toda comodidad. Es como si un violador y asesino le dijese a la mujer
víctima: te reconozco el derecho a intentar golpearme según las reglas
del boxeo, pero no a gritar, darme una patada en los huevos, meterme el
dedo en el ojo, morder, golpearme la cabeza con una piedra, etc. Y el
asesino luego lloriquea e insulta al cadáver de su víctima porque le ha
dejada la cara con arañazos. ¡Que les den!.
FUENTES relevantes.
Un artículo muy interesante con muchísima información que no he incluido, en la Wikipedia https://es.wikipedia.org/wiki/Proyecto_MK_Ultra
Un libro que aporta numerosos datos y detalles que no he incluido, y sobre muchos más asuntos terribles, el de Eric Frattini “CIA. Joyas de familia” Ediciones Martínez Roca, 2008, 318 páginas.
Un libro que no he leído, de 500 páginas, “Las torturas mentales de la CIA”
de Gordon Thomas, 2001, Suma de Letras, o Ediciones B, en versión
económica de bolsillo. Transcribe un documento judicial canadiense, y
fotocopia varios documentos originales en inglés. Ojeado muy por encima,
parece que tiene una información muy detallada.
De varios autores, el libro titulado “La sociedad de la mentira. La guía definitiva para conocer todas las teorías de la conspiración”
Zenith/ Planeta, 2008. Aunque en algunos temas hay que separar el trigo
de la paja y desechar algunas falsedades y tonterías, es interesante
porque es un catálogo de conspiraciones, crímenes de Estado, asuntos
turbios, que nos ofrece un panorama bastante aproximado de lo que es el
mundo real más allá de la normalidad diaria de la explotación del
trabajo, la opresión del Estado y las guerras. Que el Estado conspira y
no hay paranoia alguna en creerlo así, lo prueban los documentos
secretos desclasificados, y las conclusiones incuestionables de
organismos del mismo Estado (comisiones, tribunales…) en asuntos como
los tratados en este artículo.
RECOMIENDO:
Aunque es una obra de ficción, está inspirada en parte en hechos reales
y sobre todo, en los propósitos de los experimentos de la CIA de
conseguir un robot humano capaz de cometer un asesinato importante. La
película “El mensajero del miedo”
(The Manchurian Candidate; el candidato manchú) 2004, dirigida por
Jonathan Demme y protagonizada por el acto negro Denzel Washington. En
las cadenas de televisión la suelen emitir con una cierta frecuencia.
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