“Yo marcho con ustedes, por la paz”
4 agosto, 2016
* Adolfo Pérez Esquivel
Pronto,
en pocas horas, mucha gente hará crecer las interminables colas frente a
la iglesia, para pedirle ayuda a San Cayetano, con la esperanza de
alcanzar una vida digna, cuando la situación social y política mejore.
Sin embargo, la realidad nos indica que la pobreza está aumentando, casi
tan rápido como los despidos, mientras avanza un proceso inflacionario
galopante, que hace imposible sostener las necesidades básicas de millones.
A
la vista de todos, este gobierno neoliberal ha lanzado sus tarifazos,
privilegiando al capital financiero sobre la vida del pueblo, algo
realmente muy grave, porque la gente lo siente en todos los niveles,
especialmente en las periferias del interior, donde la desigualdad se
agudiza. Pues sí, Macri fue elegido como corresponde, o sea, dentro de
un ejercicio democrático, pero guarda, porque la democracia no consiste
solamente en votar. No hay que confundirse: democracia significa
igualdad frente a los derechos. Y eso hoy no existe.
Entonces,
¿cómo no marchar este domingo junto a los Trabajadores de la Economía
Popular, si hay más chicos viviendo en situación de calle? ¿Cómo faltar,
si viene la pobreza y acompañada de la represión? ¿Cómo no gritar por
la paz, frente a un panorama tan angustiante? ¿Cómo no reclamarle al
gobierno que se ponga al servicio del pueblo y no de las grandes
empresas, si fue precisamente esta conducción la responsable de
levantarles las retenciones a las mineras y al campo, a las sombras del
tarifazo? ¿Que recibieron una herencia dura? Sí, es verdad, pero la
deben superar: asumieron esa responsabilidad.
Muchas
veces, la paz puede confundirse con la pasividad. Y no hay cosa más
contraria. La paz tiene que ver con aprender a vivir la diversidad,
porque ahí habita la riqueza de los pueblos, aun cuando nos tratan de
imponer la uniformidad. Así como sucede sobre los monocultivos de soja,
echando por tierra la biodiversidad con agrotóxicos como el glifosato,
sobre el monocultivo de las mentes también nos meten el tóxico de las
propagandas, desde los medios masivos y desde las estructuras
gubernamentales que nos necesitan pasivos, aguardando inocentemente un
derrame que no llegó, ni llegará jamás.
Por
todo esto, entiendo que la movilización del domingo 7 de agosto será
como un caleidoscopio: de acuerdo a cómo se mueva, la realidad social,
cultural y política podrá transformarse. Por todo eso, no se puede
faltar. Por todo eso, yo no voy a faltar.
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