
Volver al Arturo
Desde
la raíz de Recoleta hasta la retórica de Zavaleta, nuestro país tiene
una alegórica grieta que nació con su historia, casi tan antigua como la
memoria, pero entre peronistas y radicales se han forjado puentes
trascendentales que nos permitieron soñar un camino como sociedad, sin
renunciar a un destino de libertad. Pues a la hora de esa instancia
superadora que nos encanta,
mirando al futuro sin mala leche, sigue gritando la garganta de Arturo
Jauretche, siempre a favor del pueblo trabajador y en contra de todas
esas verdades importadas, que aún están sobrevaloradas: “Asesorarse con
el FMI es como ir a un almacén por ahí, con un pequeño manual en el
monedero, pero escrito por el propio almacenero”. Sobre la proyección de
una moral sin moralina, trazó la Orientación Radical de la Joven
Argentina y gozó del yrigoyenismo con el mismo optimismo que abrazó al
peronismo, hasta que una “Revolución Fusiladora” disparó su obsesión
revisora todavía con más ahínco, en el periódico “El 45”, ése que tantos
presumidos debieran volver a leer: “Los pueblos deprimidos jamás llegan
a vencer”. Fallecido, pero renacido, tras haber vencido al olvido, su
obra cobra un valor fundamental para los villeros y las villeras que nos
guiamos con su “Manual de zonceras”, porque muchas de sus ambiciosas
ideas hoy renacen en poderosas asambleas independientes, cada día un
poco más vigentes: “Esos periódicos tan celosos de la censura, ante
cualquier gobernante, se autocensuran sin problemas cuando se trata de
un auspiciante”. Arcoíris de grises, mirada de lince, cuaderno de
laburo…
¡Felices 115, eterno Don Arturo!
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