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Golpes mortales
al poder corporativo
Brid
Bennan,
Gonzalo Berrón
Artículo
introductorio de la edición
520 (diciembre 2016) de la revista América Latina en Movimiento de ALAI, titulada Transnacionales
y Derechos Humanos. Una coedición con el Transnational
Institute (TNI).
ALAI AMLATINA, 12/12/2016.- En 2016 los efectos
del capitalismo en su fase contemporánea
comenzaron a cobrar sus víctimas políticas. Lamentablemente
esas víctimas han
optado por beneficiar a figuras o posiciones políticas
contrarias a aquellas
que por mucho tiempo pregonaron y elaboraron el conjunto de
las izquierdas
altermundistas. En parte esto se debe a que la primera ronda
de contestación al
neoliberalismo – en nuestra región el llamado “progresismo” –,
por debilidad o
decisión, fue vencida
a la hora de
desarmar los principales mecanismos que, a la postre,
contribuyeron con la
consolidación de este “capitalismo extremo” triunfante en el mundo, es
decir, un
capitalismo que, además de sus contradicciones clásicas,
presenta una “extrema
concentración de riquezas y la tendencia a la extrema
concentración de
propiedad de las empresas”[1].
Lo interesante de 2016 es que las
izquierdas altermundistas, al mismo
tiempo, no son las derrotadas, pues sus mejores expresiones se
han transformado
en verdaderas fuerzas políticas en ascenso: Bernie Sanders,
Jeremy Corbyn,
Podemos, y traccionan o trabajan como faros de esperanzas. El
verdadero
derrotado es, sin duda, lo que podemos llamar el
“neoliberalismo
socialdemócrata”, como dijo Naomi Klein: “fue el abrazo de los
Demócratas al
neoliberalismo lo que condujo a la victoria de Trump”
(traducción mía)[2].
Esta nueva coyuntura internacional
debería alentar a la recreación de
un nueva onda de altermundismo, nutrida de las lecciones del
pasado reciente de
las experiencias derrotadas, y de las expectativas que
encienden las fuerzas
emergentes de la oposición de izquierdas a las tendencias
fascistoides que han
emergido en países tanto del Norte como del Sur global. Como
lo advirtiera
prematuramente William Robinson en 2011, “(e)l contrapeso al
fascismo del siglo
XXI debe ser un contragolpe coordinado de la clase trabajadora
global. La única
solución real a la crisis del capitalismo global es una
redistribución masiva
de las riquezas y el poder – hacia la mayoría pobre de la
humanidad. Y la única
forma para que tal redistribución suceda es a través de la
lucha internacional
de masas desde abajo”[3].
El debate en el Consejo de Derechos
Humanos de la ONU para la creación
de un tratado sobre derechos humanos y empresas ofrece una
gran oportunidad
para enfrentar al actor central de la economía capitalista
mundial, lo que
nosotros denominamos corrientemente “el poder corporativo”, y
contribuir para
la irrupción de esta nueva onda de activismo antineoliberal.
Esta oportunidad
fue abierta en parte debido a la lucha de la que hablamos, y
que tiene como uno
de sus actores centrales a la “Campaña Global para Desmantelar
el poder
Corporativo y poner fin a su impunidad”, que reúne a
comunidades afectadas, movimientos
y organizaciones sociales de todos los continentes y, junto
con la Alianza por
el Tratado, se movilizaron en sus países, y dentro y fuera del
Consejo, para
que éste vote la apertura de un proceso formal de discusión
sobre el tema, en
junio de 2014.
1- Poner fin a la
impunidad jurídica de las
corporaciones
El poder corporativo inició, desde
comienzos de los años 1980, un
proceso de avance ininterrumpido sobre los derechos humanos.
El gradual
desmantelamiento del Estado de bienestar, la privatización de
los servicios
públicos, la desregulación económica, la apertura comercial de
los Estados y la
primacía de los derechos de los inversionistas sobre los de
las personas son la
cara visible de esta ofensiva. En el ámbito internacional, los
acuerdos de
libre comercio y de inversión en sus varias ondas (incluyendo
las políticas de instituciones
como la OMC, FMI y Banco Mundial), ofrecen la garantía última
al capital, que
pasa, en el marco de estos acuerdos, a tener más derechos
incluso que los
Estados, a través de lo que ahora se conoce por su sigla en
inglés ISDS (investor to
state dispute settlement) y
que en las Américas conocemos desde inicios de los noventa,
por el Capítulo 11
del TLCAN. El resultado de esto ha sido la construcción de una
verdadera
arquitectura de la impunidad, que ha puesto en primer lugar
los derechos de los
inversionistas por sobre los derechos humanos, o sea, de los
pueblos. Esta
ventaja inaudita, la garantía de que sus derechos serán
respetados sin importar
cuál es el resultado de sus operaciones, es uno de los pilares
sobre los que se
apoya el capitalismo extremo, el poder corporativo
hipertrófico que manda hoy
en el mundo. Y es contra este principio de arbitrariedad
empresarial que un
tratado como el que está siendo discutido en la ONU se opone,
pues al proponer
que los derechos humanos sean puestos en su lugar, es decir,
por encima de
cualquier otra norma del derecho internacional, las
arbitrariedades que la
trama de acuerdos internacionales permiten pasarán a ser
ilegales, es decir crímenes
internacionales.
2- Cortar el
vínculo entre poder económico y
democracia
La creciente asimetría económica entre
empresas y Estados, y entre
empresarios y el resto de los ciudadanos, elevada como nunca
antes en la
historia reciente, es una de las características centrales del
capitalismo
contemporáneo. Esa asimetría es causa y efecto de su expresión
política que llamamos
“privatización de la democracia”. Mecanismos de captura
corporativa como los
lobbies, las puertas giratorias, el financiamiento de campañas
electorales y
otras prebendas legales e ilegales – como la corrupción –, que
operan a nivel
del poder ejecutivo, legislativo y judicial de nuestras
democracias, acaban
transformando el bien más común de la sociedad en un mecanismo
para beneficiar
a algunos. La privatización de la democracia hace que sus
instituciones creadas
para el interés común se transformen en dispositivos que
garantizan – y
aumentan – los intereses particulares de quienes se apoderan
de ella. Una
plutocracia directa o indirecta, cada día más escandalosa,
excluye a las
mayorías y produce en ellas la creciente apatía electoral o
decepción ante la
democracia que estamos viendo en el mundo hoy día, donde, por
increíble que
parezca, han comenzado a surgir voces fascistas y autoritarias
que encuentran
eco en el debate público y ya poseen representación en varias
instancias
parlamentarias. Cortar este vínculo entre poder económico e
instituciones
democráticas[4]
es unos de los objetivos que, como movimientos populares,
debemos tener si
queremos realmente recuperar la soberanía de los pueblos, o
como lo expresara
W. Robinson, avanzar hacia la redistribución del poder. Esta
captura de las
principales instituciones democráticas a nivel nacional e
internacional no es ad
hoc, sino que se articula como una de
las principales estrategias de las elites económicas globales,
la llamada Clase
de Davos.
3- Acabar con la
fiesta financiera
Uno de los motores actuales del
capitalismo son las finanzas, que a su
vez, son la dimensión más globalizada de la economía
internacional. Ya todos
sabemos que son ellas las que dominan el capital productivo y
que hay bancos y
fondos de inversión mucho más poderosos que muchos de los
Estados miembros de
la ONU. Las finanzas imponen una lógica de lucro inmediato,
que “selecciona
naturalmente” los negocios mas rentables, generando
estandarizaciones de todo
tipo, la anulación de la diversidad – cultural, gastronómica –
y la
despersonalización de sus decisiones impide un vínculo con
aquellos que se ven
impactados por tales decisiones. Los elementos que dan base de
este poder no
son muchos: la desregulación extrema que les posibilitó
inventar infinitos
“productos” financieros que multiplicaron sus posibilidades de
lucro, al mismo
tiempo que aumentó el riesgo general para el sistema – como
vimos en el crack
de 2008 –; y su capacidad para no pagar impuestos o para
facilitar el no pago
de impuestos a los terceros a quienes sirven (hasta prácticas
criminales como
el lavado de dinero, o la evasión de divisas). En muchos
países no se cobran
impuestos a operaciones financieras o bursátiles, o se
perciben alícuotas
mínimas a las ganancias generadas por la especulación. Los
paraísos fiscales y
los acuerdos para “evitar” la doble tributación han servido
como mecanismo
central, junto con las soluciones tecnológicas, para facilitar
la movilidad de
los capitales por el planeta de un lugar a otro con casi plena
libertad para no
pagar impuestos, para ocultar riquezas, para evadir el pago de
salarios justos[5]
a
sus trabajadores o para especular con oportunidades de
negocios honorarios
ofrecidas por países vulnerables al financiamiento
internacional (vía el pago
de intereses exorbitantes y del endeudamiento extorsivo).
Promover una
regulación financiera estricta, el fin de los paraísos
fiscales y los acuerdos
de doble tributación, y limitar el tamaño de bancos y fondos,
entre otras
soluciones que pueden ser construidas por la sociedad para que
las entidades
financieras trabajen en beneficio de toda la población, son
las medidas más
urgentes para menguar el poder inusitado que ostentan las
finanzas en el
entramado del poder corporativo global.
4- Interrumpir el
proceso de mercantilización del
saber
Las patentes industriales – y
farmacéuticas especialmente – son una de
las formas predilectas del capitalismo global para ejercer la
apropiación
salvaje de enormes porciones de las riquezas producidas por la
humanidad. Las
empresas se han encargado, sobre todo a lo largo de los
últimos 40 años, de
montar un entramado de leyes nacionales e internacionales que
garantizan
patentes sobre gran parte de los descubrimientos científicos y
tecnológicos.
Aquellos que detentan tales derechos generalmente gozan de
muchos años para
utilizarlos de forma exclusiva, es decir, de producirlos y
venderlos de forma
exclusiva, al precio que consideren justo, o sea, el que les
permitirá ganar la
mayor cantidad de dinero posible. Esto sin importar si los
precios de
medicamentos, por ejemplo, hacen que pacientes de baja renta
no puedan acceder
a tratamientos contra la hepatitis C que les permitirían
sobrevivir; o que
campesinos no puedan reproducir su propia semilla; o que
tecnologías que podrían
contribuir a solucionar problemas tales como el cambio
climático y el hambre,
no puedan estar en manos de los que más lo necesitan. Las
patentes, o sea, la
mercantilización del saber, del conocimiento, están en la base
de la
acumulación del capital en gran parte de la actividad
económica actual: las
comunicaciones, la energía, la salud y los medicamentos, los
alimentos, los
transportes y otros. Interrumpir esta mercantilización del
saber, del
conocimiento como actividad humana común, no solo sería una
forma de contribuir
con el desmantelamiento del poder corporativo en muchos
sectores, sino que también
contribuiría de varias formas a aumentar el bienestar humano.
Está comprobado
que, si en algún momento de la historia, las patentes
contribuyeron a aumentar
la velocidad e importancia de los conocimientos e invenciones
tecnológicas, hoy
esa no es más la regla; la regla es que el Estado, es decir,
las instituciones
públicas, de todos, es quien más invierte y genera las
condiciones que
posibilitan el avance científico y tecnológico del mundo. No
hay razones
fuertes para que el esfuerzo público se transforme de forma
tan absurda en
lucro privado.
5- Cortar de una
vez el acceso corporativo a los
bienes comunes de la naturaleza
Consagrar el carácter público de la
naturaleza y administrar su
utilización en beneficio común, cortando el acceso y
explotación irrestrictos
por parte de las grandes corporaciones de la minería, la
energía y la
agricultura es una tarea que parece obvia, pero que en la
práctica los artificios
de la propaganda y un sentido común cooptado por los intereses
económicos
transforman en algo no evidente, algo por lo que debemos
luchar. Un mundo en
riesgo inminente de crisis climática y ambiental demanda
decisiones urgentes
que corten con el extractivismo salvaje que está detrás de
muchos de los
problemas ambientales actuales (mares y ríos, bosques, suelos,
biodiversidad,
etc.), al mismo tiempo que la solución a los mismos no puede
estar en manos de
los que, en lugar de la lógica del bien común, estén actuando
con la lógica del
lucro, las soluciones ambientales no son soluciones de
mercado. Solo una
administración enteramente pública y participativa de la
naturaleza podrá
revertir el camino de colapso por el que la humanidad
transita, y solo esto le
pondrá un límite real a, por ejemplo, las petroleras, tradings
de alimentos y
mineras internacionales que acumulan poder suficiente como
para bloquear
avances civilizatorios indispensables para la supervivencia de
nuestra especie.
Este es el quinto golpe fatal al poder corporativo.
Al menos 5 golpes,
táctica y estrategia para una
segunda ronda de antiglobalización
Hay señales que indican un creciente
agotamiento de la población en
relación a los abusos del poder corporativo, su impunidad y la
desfachatez con
que se han apropiado de los gobiernos nacionales y de la
gobernanza global. El
desafío de esta segunda ola de altermundismo está en
organizarse para asestar
estos, al menos, cinco golpes mortales contra el poder de las
corporaciones, y
convertir nuestras resistencias en la práctica de
alternativas. Lo interesante
es que el camino hacia el primero de ellos ya está abierto y
es la mejor
oportunidad que tenemos para dar un paso hacia la utopía de un
mundo justo y
sustentable.
Brid Bennan y Gonzalo Berrón
son integrantes del Proyecto Poder Corporativo, Transnational
Institute.
[1] Berrón,
Gonzalo y González, Luz
org. “A
privatização da Democracia. Um catálogo da captura
corporativa no Brasil”,
Vigência!, São Paulo, 2016 Pg. 10. http://www.vigencia.org/catalogo/vigencia-2016/
[2]
Naomi Klein, https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/nov/09/rise-of-the-davos-class-sealed-americas-fate , The
Guardian, 9 de noviembre de
2016.
[4] Esta captura
se reproduce a nivel
internacional en la instituciones de la llamada
“gobernanza global” -un
eufemismo que oculta la naturaleza no democrática del
sistema internacional–
totalmente capturadas por los intereses económicos que en
la actualidad
comandan agendas enteras de las instituciones
internacionales via finaciamiento
de programas, quizás el caso más relevante sea el de la
Organización Mundial de
la Salud. Al mismo tiempo, la Clase de Davos, via el Foro
Economico Mundial,
lleva adelante una iniciativa denominada Iniciativa para
el Rediseño Global
(Global Re-design Initiative) que consagra el gobierno
“multistakeholder”, el
gobierno en el que participant todas las partes,
especialmente los sectores
empresariales. Ver el análisis de Harris Gleckman “La
gobernanza de las
múltiples partes interesadas: la ofensiva corporativa
hacia una nueva forma de
gobierno global” 2016 https://www.tni.org/en/node/22930
[5] El informe “The Bermuda
Connection: profit shifting,
inequality, unaffordability at Lonmin 1999-2012”
(Forslund, Dick AIDC,
2015) expone el rol de la minera Lonmin en la evasión
salarial (wage
evasion), es decir cómo la empresa
dejó de responder a demandas salariales de los mineros
alegando problemas
económicos que en realidad ocultaban transferencias
irregulares de ganancias al
exterior. http://aidc.org.za/download/Illicit-capital-flows/BermudaLonmin04low.pdf
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