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martes, 1 de octubre de 2013

Tinkunaco 1366/13 - EE.UU. despliega fuerzas especiales en la región

Miradas al Sur
David Brooks. La Jornada de México


Elite. El pentágono busca nuevos destinos latinoamericanos para los navy-seals y la DEA.

Otras notas

  • En la moderna y protegida mole de acero y cemento que sirve de sede a la embajada de Estados Unidos en Chile, en Avenida Andrés Bello, con el río Mapocho a sus espaldas y la torre Titanium y el lujoso InterContinental Hotel al frente, funcionan varias oficinas que sirven al espionaje norteamericano. Están dotadas de infraestructura informática y de telecomunicaciones y tecnología para labores de inteligencia. Cuentan con un grupo de funcionarios especializados en recopilar información sensible sobre Chile y planificar y coordinar operaciones.
  • La participación militar de EE.UU. a menudo parece tener poco que ver con los objetivos oficiales para la región y alienta a los militares latinoamericanos a asumir funciones que serían ilegales en los Estados Unidos.” “El rol del Pentágono en el diseño de políticas (para América latina) es cada vez mayor. Las actividades militares han ido creciendo en su participación, mientras que el Departamento de Estado y los presupuestos de ayuda exterior han caído o se ha estancado.”
  • El jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (Ussocom, por sus siglas en inglés), cuyas fuerzas de elite fueron las que rastrearon y mataron a Osama bin Laden en Pakistán, pidió carta blanca para tener mayor libertad de desplazamiento de las fuerzas especiales (SOF, por sus siglas en inglés) y realizar operativos en todo el mundo. Ese permiso dotaría a las SOF de mayor flexibilidad para expandir sus operativos a regiones como Africa, Asia y América latina, donde –hasta ahora–, sus actividades han sido limitadas.
  • Según las estadísticas de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), la Comunidad de Estados Latinoamericanos (Celac), que nació este fin de semana en la capital venezolana con la adhesión de los 33 países que integran la región, reúne en su seno unos 580 millones de habitantes, con un ingreso per cápita que promedia los 8.980 dólares y un Producto Interno Bruto (PIB) que suma 5.212 billones de dólares. Puesto en términos globales: se trata del 8% de la producción mundial y del 8,5% de la población del planeta.
  • Así lo consideró el Banco Mundial a través de un estudio sobre "Recursos naturales en América Latina y el Caribe", en el que detalla que "el apogeo de las materias primas” latinoamericanas que podrían impulsar a la región hacia niveles de crecimiento similares al de los países ricos".
  • La matanza del casino Royale, en Monterrey, a fines de agosto, fue aprovechada por el presidente Felipe Calderón para reforzar aun más su estrategia de militarización del país, que ha costado la muerte de 50 mil personas en menos de cinco años. Con precisión militar, a media tarde y en sólo dos minutos y medio, el pasado 25 de agosto un comando llevó a cabo el incendio intencional del casino Royale, en la norteña ciudad de Monterrey, provocando la muerte de 52 personas, la mayoría mujeres. La acción del comando que incendió el casino Royale generó miedo y desestabilización.
Injerencia en Latinoamérica
Fuerzas de Operaciones Especiales de Estados Unidos están presentes cada vez más en América latina para tareas de capacitación y de recaudación de inteligencia y otras misiones militares que, con otros programas de asistencia estadounidense a la región, se realizan bajo el rubro del viejo esquema de la lucha antinarcóticos, a pesar de los llamados por un cambio en las políticas antinarcóticos, concluye un nuevo informe sobre la asistencia de seguridad estadounidense en el hemisferio.
El informe publicado hoy por tres centros de investigación y análisis –Grupo de Trabajo para Asuntos Latinoamericanos (Lawgef), Centro para políticas Internacionales (CIP) y la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) que mantienen un banco de datos conjunto sobre programas de asistencia estadounidense a América latina– registra que aunque el nivel de asistencia estadounidense se ha reducido a uno de los más bajos en una década, lo preocupante es un mayor énfasis en relaciones militares menos transparentes y la sordera ante el creciente coro a favor de repensar las políticas prohibicionistas sobre las drogas por todo el hemisferio.
En gran medida, lo que viene ocurriendo no se refleja en los grandes presupuestos, sino que está bien encubierto por un velo de misterio, deslucidos informes ante el Congreso y el público y una migración del manejo de programas desde el Departamento de Estado hacia el Departamento de Defensa, subraya el informe “Hora de escuchar: tendencias en asistencia de seguridad de Estados Unidos hacia América latina y el Caribe”.
Más aún, el informe indica que a lo largo de los últimos años, Estados Unidos ha ampliado su participación directa en operaciones antidrogas en el hemisferio occidental, sobre todo en América Central.
El informe destaca que, como en casi todo rubro, el gobierno de Barack Obama ha favorecido el empleo de Fuerzas de Operaciones Especiales en sus políticas de seguridad, y que serán cada vez más empleadas en América latina para capacitación y organizar ejércitos. Tales misiones cumplen funciones que van más allá de la mera provisión de entrenamiento. Ellas permiten que las unidades de Fuerzas Especiales se familiaricen con el terreno, la cultura y los oficiales clave en países donde algún día podrían operar, indica el informe. Agrega que también permiten que el personal estadounidense reúna información confidencial sobre sus países anfitriones.
También hay programas para establecer más unidades militares y policiales especializadas y otras fuerzas de elite que son capacitadas y operan con la supervisión de Estados Unidos y se vuelven un mecanismo de bajo costo para mantener la presencia e influencia de Estados Unidos en la guerra contra las drogas, sostiene el informe.
Además hay otros equipos, como las Unidades de Investigación Confidencial o SIU, grupos ultrasecretos de agentes elite de la región bajo supervisión de la DEA y la CIA, operando en varios países, incluyendo recientemente México. De hecho, la DEA cuenta con más oficiales en México que en cualquiera de sus otros puestos en el extranjero.
El informe también destaca el papel cada vez más amplio de Colombia en la capacitación y asistencia, así como la exportación de su modelo, a otros países latinoamericanos en el contexto de la lucha antinarcóticos, incluido México, donde Colombia ha participado en la capacitación de miles de policías mexicanos.
A la vez, indica que a más de 40 años de la declaración de la guerra contra las drogas, con sus fracasos empíricos (desde 2000, por ejemplo, Washington ha gastado aproximadamente 12 mil 500 millones de dólares en América latina en programas antinarcóticos con resultados mínimos), prominentes voces tanto de la sociedad civil como gobernantes a favor de replantear la estrategia antinarcóticos y considerar alternativas están ganando cada vez más impulso en la región, algo que Washington continúa ignorando. “Tenemos un pedido primordial para nuestro gobierno: es hora de escuchar la invocación a nuevas políticas sobre drogas para nosotros y para la región”, subraya el documento.
El informe también incluye datos por región y países de la asistencia militar y policial estadounidense a América latina y el Caribe desde 1996 a la programada para 2014. México recibió 44,8 millones en 2006, cifra que se multiplicó más de 10 veces para alcanzar 508 millones en 2010, 166 millones en 2012, 154 en 2013 y 127 millones en 2014.
El informe también aborda el asunto de derechos humanos, y ofrece una serie de recomendaciones.

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