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El G-20.
Multilateralismo,
poder, insubordinación y realismo
Fredes Luis
Castro
ALAI AMLATINA, 13/07/2017.- En ejercicio de la
presidencia del G-20, Alemania ofició su rol de
anfitriona del encuentro celebrado en Hamburgo que tuvo como
consigna
“Conformar un mundo interconectado”. El logo elegido resume los
deseos y
valores de personalidades como Angela Merkel, Justin Trudeau y
Emmanuel Macron,
pero está alejado de los pronunciamientos de Donald Trump,
Vladímir
Vladímirovich Putin, y de la decisión adoptada por el Reino
Unido presidido por
Theresa May para apartarse del comando de Bruselas. Esta
divergencia no se
circunscribe a los jefes de Estado, de acuerdo a una encuesta realizada
por Chatham House a 1823 integrantes de la élite europea,
individuos
influyentes en áreas clave como la política, mediática o
empresarial, oriundos
de distintos países miembros de la Unión Europea (UE), el 37%
está a favor de
transferir mayores facultades a la UE mientras que el 31% aboga
por una
restauración de poderes a los estados nacionales.
Es posible que entre los restauradores existan referentes
que coinciden con
las conclusiones del informe brindado
por el Global Trade Alert, que acusa la ineptitud del G-20 para
repeler medidas
proteccionistas. Sus escribientes conminan a escandalizarse
menos por las
restricciones a importaciones que por la “generosidad estatal”
de buena parte
de las economías del G-20, generadora de subsidios e incentivos
fiscales que
benefician a sus agricultores, exportadores y fabricantes.
Tampoco se puede
descartar que el 31% mencionado estime, en su intimidad, que los
estados
nacionales son agentes más eficaces a la hora de formular
políticas
proteccionistas de los intereses que los cohesionan.
Con temperamento entre sombrío y conspirativo, Donald Trump
opera para
combinar la necesidad de reforzar las articulaciones gendarmes
del Estado
nación con el repliegue de sus posibilidades reguladoras en el
orden económico
financiero, y extractivas en el orden impositivo cuando toca al
capital más
concentrado. De ningún modo fue casual la elección del territorio polaco para
ofrecer su discurso reivindicativo de los valores comprendidos
en la tríada de
Dios, familia y libertad, antes de involucrarse en la cumbre del
G-20. Es la
patria del eficaz anticomunista Karol Wojtyla/Juan Pablo II y de
Juan III
Sobieski, el rey que en 1683 derrotó a las fuerzas otomanas en
las puertas de
Viena. Varsovia padeció el estatismo totalitario de los
soviéticos y se ubica a
la vanguardia de las administraciones furiosamente excluyentes
de las
humanidades extranjeras, mucho más las musulmanas, que buscan
asilo y refugio
en Europa. Es, además, uno de los pocos miembros de la OTAN que
gasta más del
2% de su PBI en Defensa.
Para Trump, la supervivencia de Occidente se encuentra
amenazada por un
conflicto de civilizaciones que no se libra en campos de batalla
en primer
término, sino en la mente, la voluntad y las almas de la
ciudadanía habitante
de la geografía occidental. Tristen Naylor, especialista en
relaciones
internacionales de la Universidad de Oxford, disiente con el ex
animador de reality shows, y estima que la cumbre de Hamburgo
será recordada
como el simbólico final del liderazgo global estadounidense.
Para Naylor, la
erosión del respaldo internacional a ese liderazgo comenzó a
agrietarse en los
campos de batallas de Afganistán e Irak, y se consolidó en los
de Libia, Siria
y Ucrania. “La decisión de Trump de sacar a los Estados Unidos
de la Asociación
Transpacífica y el acuerdo climático de París fueron los
siguientes pasos en
esta lenta fuga del liderazgo global.”
Josef Janning, destacado politólogo alemán del Consejo
Europeo de
Relaciones Exteriores, considera que el enfrentamiento relevante
es el que se
suscita entre dos
perspectivas, la del
multilateralismo contra la de la multipolaridad. Los defensores
europeos del
multilateralismo, como Angela Merkel, propician una gobernanza
planetaria que a
través de foros como el G-20, provea de bienes públicos globales
que la
legitimen. Esta gobernanza opera mediante actores estatales y no
estatales. Por
el contrario, sujetos como Donald Trump, sólo creen en el poder
como fuente de
legitimación. Para la dirigencia del poder, foros como el G-20
sirven
para gestionar y concertar las ambiciones de las entidades
nacionales que
representan. Janning, que tiene entre sus antecedentes el de ser
profesor
invitado en la Universidad Renmin de Beijing, sostiene que Xi
Jinping opera
también para afirmar los intereses del Estado civilización que
gobierna, y se
acerca a Europa para aprovechar la confusión que problematiza a
sus países,
generada en buena medida por el residente de la Casa Blanca.
Para el analista
germano, su patria y Bruselas se distraen con un escenario
secundario al
verdadero “gran juego”, que siempre es la lucha tradicional por
el poder y la
prevalencia, eso sí, en un mundo “ahora profundamente
interconectado”.
Es imposible predecir qué escenario político económico se
impondrá, sin
embargo registremos que la Unión Europea de Angela Merkel mueve
sus fichas y avanza
con acuerdos comerciales con Canadá y Japón, cuyas
dificultades, en especial en el segundo caso, pueden ceder
atento a la
necesidad de replicar y prevenir las acciones de Washington y
Beijing. Berlín,
París y Tokio, entre otros, ofertan un software de pactos
comerciales y bienes
públicos globales, para contrarrestar y compensar el hardware infraestructural propuesto
por China para conectar diversas geografías y el tecnológico
militar
estadounidense (amén de que la centralidad cultural de la patria
de Muddy
Waters y Steven Spielberg es un valor agregado que no tiene
parangón).
Los gobiernos del Mercosur, en el mejor de los casos,
discuten en los
términos preferidos por las economías dominantes, sin atreverse
a formular
agenda original o insubordinación
fundante alguna. Los
términos que las potencias centrales y re-emergentes
propagandizan e imponen en
el terreno económico, buscan facilitar transacciones y flujos
que de ninguna
manera aspiran a beneficiar a la ciudadanía de nuestra región.
Es bueno
recordar que incluso entre los cultores del realismo periférico
se advirtió que las
políticas externas que adhieren a él, están condenadas al
fracaso cuando lubrican
una mala política económica, como la materializada en los 90 del
siglo
pasado, a favor de firmas extranjeras y burguesías prebendarias
nativas, con su
secuela de desempleo, empobrecimiento y vaciamiento nacional.
July 10,
2017
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