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Petroleras estatales
y cambio climático
Gerardo Honty
ALAI
AMLATINA, 14/07/2017.- El iceberg más
grande de la historia acaba de desprenderse de la Antártida,
mientras en el Ártico se presentan las temperaturas más altas
jamás antes registradas. Las olas de calor vuelven a arrasar el
hemisferio norte, mientras
los glaciares del sur crecientemente pierden masa. A pesar de ello el mundo
sigue invirtiendo enormes sumas de dinero en la explotación de
petróleo, gas y carbón según el reporte publicado días atrás por
la Agencia Internacional de la Energía (World Energy Investment
2017).
La inversión total
en Energía fue de USD 1,7 billones en 2016, el 40% de los cuales
fueron destinados a inversiones en petróleo y gas. Después de la desaceleración
ocurrida en 2015 por la caída de los precios del crudo, las
inversiones en el “upstream” de los hidrocarburos se recuperaron
en 2017. Los destinos
preferidos fueron el esquisto de Estados Unidos, las grandes
zonas petroleras de Oriente Medio y Rusia y la cuenca off shore
de México.
El papel de los
actores estatales en las inversiones en energía sigue siendo
elevado, alcanzando el 42% en 2016, superando el nivel de 39%
alcanzado en 2011. Las
compañías petroleras nacionales están desempeñando un papel cada
vez más importante en el gasto en exploración y explotación de
petróleo y gas. Inversamente
los costos de los programas gubernamentales de eficiencia
energética equivalen a menos del 15% del gasto en eficiencia
energética.
La caída de los
precios del petróleo no afectó significativamente la
financiación de las inversiones por petróleo y gas, aunque la
mayoría de ellos aumentaron significativamente el
apalancamiento, es decir, la toma de créditos. A pesar de los recortes de
inversión y una mejor disciplina de costos, las mayores
compañías petroleras incrementaron la deuda en más de USD 100
mil millones entre finales de 2014 y principios de 2017.
Las compañías de
Estados Unidos son las más endeudadas. Según datos de Bloomberg
(recopilados en SRSrocco Report), el monto de los bonos por
debajo del grado de inversión que las empresas de energía
estadounidenses deberán pagar en 2017 aumentará a USD 70.000
millones, bastante más de los 30.000 millones de dólares que
debieron abonar en 2016. La
deuda pendiente (en bonos) saltará a USD 110 mil millones en
2018, a USD 155 mil millones en 2019, y luego se disparará a USD
230 mil millones en 2020.
La inversión
pública
La ex Secretaria
Ejecutiva de la Convención de Cambio Climático, Christiana
Figueres, acaba de publicar junto a otros autores, una carta
donde advierte que, para poder tener una chance de reducir la
amenaza del cambio climático, los cambios en el sector energía
deben hacerse antes del 2020. Esto
no es una novedad. Ya otros informes anteriores del Panel
Intergubernamental de Cambio Climático, la Agencia Internacional
de la Energía e instituciones independientes vienen advirtiendo
lo mismo.
Pero -como puede
desprenderse de los montos de las deudas a futuro tomadas por
las empresas energéticas- las compañías petroleras, los
inversores públicos y privados, los bancos y los agentes de
deuda, siguen apostando a un aumento en la extracción y
comercialización de hidrocarburos más allá de las restricciones
que el cambio climático impone.
Según el reporte de
la AIE ya mencionado, en los últimos tres años las emisiones de
gases de efecto invernadero se estabilizaron gracias a la
inversión en eficiencia energética. Pero las inversiones en
nuevas tecnologías de bajo carbono se han estancado. A pesar de que la
participación de la eólica y solar crecieron en los últimos
cinco años, su contribución resulta prácticamente anulada por la
desaceleración de las inversiones en energía hidroeléctrica, que
disminuyeron en más de la mitad en el mismo período de tiempo. La inversión en nueva
generación de tecnologías de bajas emisiones de carbono debería
aumentar sólo para mantener su proporción de participación en la
matriz energética.
La mitad de los
gases acumulados en la atmósfera desde que comenzó la era
industrial fueron emitidos a partir de 1988. Esto es, en los últimos 30
años se lanzaron a la atmósfera la misma cantidad de gases que
en los 250 años previos lo que da una idea del imponente aumento
en la tasa de emisiones. Solo
unas 100 empresas energéticas son responsables de más de la
mitad de dichas emisiones según un reciente reporte Carbon
Majors Report 2017 elaborado por Carbon Disclosure Project
(CDP). Es decir, estas
empresas son las que han extraído y comercializado el petróleo,
gas y carbón suficiente como para convertirse en la mayor causa
de la amenaza climática bajo la cual vivimos.
El reporte constata
además, que la mayor responsabilidad no cae en las empresas
privadas, como se tendería a suponer, sino en las empresas
estatales y los inversionistas públicos. Y particularmente de
las empresas públicas estatales de los países en desarrollo,
pues son las propietarias de las mayores reservas y tienen mayor
participación en el mercado.
Las 100 mayores
empresas son responsables por 635 GtCO2 emitidas desde 1988 a la
fecha; de ellas, 59% son empresas estatales, 32% son propiedad
de inversionistas públicos y solo 9% de empresas privadas. Entre las primeras 10, seis
representan más de un cuarto de las emisiones globales y son
empresas estatales de países en desarrollo: China, Irán, Arabia
Saudita, India y México. Además de Pemex que aparece en el
séptimo lugar, PDVSA y Petrobras ocupan los puestos 13 y 22.
En consecuencia, los
estados tienen en sus manos la decisión sobre el cambio
climático. No solamente por su capacidad o legitimidad para
elaborar y disponer políticas públicas que cambien los modos de
producción y consumo. Sino
más sencillamente dejando de contribuir con sus recursos
–recursos de la sociedad por otra parte- en la inversión y el
apalancamiento de las inversiones en hidrocarburos.
El año de 1988 -que
divide en mitades iguales las emisiones acumuladas en la
atmósfera- no es un detalle menor en este relato. Ese fue el año de la
instauración del Panel Intergubernamental de Cambio Climático,
creado para alertar a los Estados de las Naciones Unidas de los
riesgos futuros de seguir invirtiendo en combustibles fósiles.
El futuro ya llegó, pero los gobiernos siguen actuando como si
aquello nunca hubiera existido.
- Gerardo Honty es
analista en Energía y Cambio Climático de CLAES (Centro Latino
Americano de Ecología Social)
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