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viernes, 30 de noviembre de 2018

Tinkunaco 2.291/18 - Re: Boletín diario del Portal Libertario OACA

Boletín diario del Portal Libertario OACA

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  • La huelga de los electores - Octave Mirbeau (1888)
  • "Chalecos amarillos" contra el "Presidente de los ricos"
  • [SEIS Madrid] Contra el circo de las elecciones sindicales
  • Ante la propuesta del SERMAS de reducción del horario de asistencia en Atención Primaria de Madrid.
Posted: 29 Nov 2018 10:18 AM PST
Publicado en Le Figaro, el 28 Noviembre 1888.
Una cosa que me asombra prodigiosamente -me atrevería a decir que estoy estupefacto- es que en el momento científico en que estoy escribiendo, tras las muchas experiencias y los escándalos periodísticos, pueda todavía existir en nuestra querida Francia (como dicen en la Comisión presupuestaria) un elector, un solo elector, ese animal irracional, inorgánico, alucinante, que consienta abandonar sus negocios, sus ilusiones o sus placeres, para votar a favor de alguien o de algo. Si se piensa un solo momento, ¿no está ese sorprendente fenómeno hecho para despistar a los filósofos más sutiles y confundir la razón?
¿Dónde está ese Balzac que nos ofrezca la psicología del elector moderno? ¿Y el Charcot que nos explique la anatomía y mentalidades de ese demente incurable?
Lo estamos esperando. Comprendo que un estafador encuentre siempre accionista, que la Censura encuentre defensores, la ópera cómica a su público, el Constitucional a sus abonados, el señor Carnot a pintores que celebren su triunfal y rígida entrada en una ciudad languedociana; comprendo también que Chantavoine se empeñe en buscar rimas; lo comprendo todo. Pero que un diputado, o un senador, o un presidente de la República, o el que sea, entre todos los farsantes que reclaman una función electiva, cualquiera que sea,  encuentre a un elector, es decir, a un ser fantástico, al mártir improbable que os alimenta con su pan, os viste con su lana, os engorda con su carne, os enriquece con su dinero, con la sola perspectiva de recibir, a cambio de esas prodigalidades, golpes en la cabeza o patadas en el culo, cuando no son golpes de fusil en el pecho, verdaderamente, todo eso supera las nociones, ya muy pesimistas, que tengo sobre la estupidez humana en general, y la estupidez francesa en particular, nuestra querida e inmortal estupidez. Esta claro que hablo en este caso del elector avisado, convencido, del elector teórico, del que se imagina, pobre diablo, que actúa como un ciudadano libre, expresando su soberanía, sus opiniones, o imponiendo -locura admirable y desconcertante -programas políticos y reivindicaciones sociales ; no me refiero pues al elector "que se las sabe" y que se burla, al que ve en "los resultados de su omnipontencia" nada más que una burla a la charcutería monárquica, o una francachela al vino republicano. Su soberanía consiste en emborracharse a costa del sufragio universal. Él conoce la verdad, porque sólo a él le importa, y se despreocupa del resto. Sabe lo que se hace. Pero ¿y los demás ?
¡Ah, sí! ¡Los demás! Los serios, los austeros, el pueblo soberano, los que sienten una embriaguez al mirarse y decirse: "¡Soy elector!" Todo se hace por mi. Yo soy la base de la sociedad moderna. Por mi propia voluntad, Floquet hace las leyes a las que se ciñen treinta y seis millones de hombres, y Baudry d'Asson también, y Pierre Alype igualmente". ¿Cómo hay todavía gente de esta calaña? ¿Cómo, tan orgullosos, cabezotas y paradójicos como son, no se han sentido, después de tanto tiempo, descorazonados y avergonzados de su obra? ¿Cómo puede ser que exista en cualquier parte, incluso en el fondo de las landas más perdidas de Bretaña, o en las inaccesibles cavernas de Cévennes y de los Pirineos, un bonachón tan tonto, tan poco razonable, tan ciego ante lo que ve y tan sordo ante lo que se dice, que vote azul, blanco o rojo, sin que nadie le obligue, sin que nadie le haya pagado o le haya emborrachado?
¿A qué barroco sentimiento, a qué misteriosa sugestión puede obedecer ese bípedo pensante, dotado de una voluntad, orgulloso de su derecho, seguro de cumplir con un deber, cuando deposita en una urna electoral cualquiera una papeleta cualquiera, igual da el nombre que lleve escrito en ella? ¿Qué se dirá a sí mismo, para sí, que justifique o simplemente explique ese acto tan extravagante? ¿Qué es lo que espera? Porque, en fin, para consentir que se le entregue a dueños tan ávidos, que le engañan y golpean, será necesario que se le diga y que espere algo extraordinario que nosotros no nos imaginamos. Será necesario que, gracias a poderosos desvíos cerebrales, las ideas del diputado se traduzcan en él como ideas de ciencia, de justicia, de entrega, de trabajo y de probidad ; será necesario que en los nombres de Barbe y Baïhaut, no menos que en los de Rouvier y Wilson, descubra una magia especial y que vea, a través de un espejismo, florecer y expandirse en Vergoin y en Hubbard promesas de felicidad futura y de consuelo inmediato. Y esto es lo verdaderamente horrible. Nada le sirve de lección, ni las comedias más burlescas, ni las más siniestras tragedias.
Sin embargo, por muchos siglos que dure el mundo y que se desarrollen y sucedan las sociedades, iguales unas a otras, un hecho único domina todas las historias: la protección de los grandes y el aplastamiento de los pequeños. No puede llegar a comprender que hay una razón de ser histórica, la de pagar por un montón de cosas de las que no disfrutará jamás, y morir por unas combinaciones políticas que no le atañen en absoluto.
¿Qué importa que sea Pedro o Juan el que le pida el dinero o la vida, si está obligado a desprenderse de uno y entregar la otra? ¡Pues, vaya! Entre sus ladrones y sus verdugos, él tiene sus preferencias, y vota a los más rapaces y feroces. Ha votado ayer y votará mañana y siempre. Los corderos van al matadero. No se dicen nada ni esperan nada. Pero al menos no votan por el matarife que los sacrificará ni por el burgués que se los comerá. Más bestia que las bestias, más cordero que los corderos, el elector designa a su matarife y elige a su burgués. Ha hecho revoluciones para conquistar ese derecho.
Oh, buen elector, incomprensible imbécil, pobre desgraciado, si en lugar de dejarte engañar por las cantinelas absurdas que te cantan cada mañana, a cambio de un céntimo, los periódicos grandes o pequeños, azules o negros, blancos o rojos, pagados para conseguir tu pellejo; si en lugar de creer en esos quiméricos halagos que acarician tu vanidad, que rodean tu lamentable soberanía andrajosa; si en lugar de pararte, papanatas, ante las burdas  engañifas de los programas ; si leyeras alguna vez al amor de la lumbre a Schopenhauer y a Max Nordau, dos filósofos que saben mucho sobre tus dueños y sobre ti, puede que aprendieras cosas asombrosas y útiles. Puede ser también que, después de haberlos leído, te vieras menos obligado a adoptar ese aire grave y esa elegante levita para correr hacia las urnas homicidas en las que, metas el nombre que metas, estás dando el nombre de tu más mortal enemigo. Los filósofos te dirían, como buenos conocedores de la humanidad, que la política es una mentira abominable, que todo va contra el buen sentido, contra la justicia y el derecho, y que tú no tienes nada que ver, pues tus cuentas ya están ajustadas en el gran libro de los destinos humanos. Sueña después de esto, si así lo deseas, con paraísos de luces y perfumes,  con fraternidades imposibles, con felicidades irreales. Es bueno soñar, y calma el sufrimiento. Pero no mezcles nunca al hombre en tus sueños, porque allí donde está el hombre está el dolor, el odio y la muerte. Sobre todo, acuérdate de que el hombre que solicita tu voto es, por ese hecho, un hombre deshonesto, porque a cambio de la situación y la fortuna a la que tú lo lanzas, él te promete un montón de cosas maravillosas que no te dará y que, por otra parte, tampoco podría darte. El hombre al que tu elevas no representa ni a tu miseria, ni tus aspiraciones, ni a nada tuyo ; no representa más que a sus propias pasiones y sus propios intereses, que son contrarios a los tuyos. Para reconfortarte y animarte con esperanzas que pronto se verán defraudadas, no vayas a imaginarte que el espectáculo desolador al que asistes hoy día es propio de una época o de un régimen, y que todo pasará. Todas las épocas y todos los regímenes son equiparables, es decir, que no valen nada. Así que, vuelve a tu casa, buen hombre, y ponte en huelga contra el sufragio universal. No tienes nada que perder, te lo digo yo ; y eso podrá divertirte por algún tiempo. En el umbral de tu puerta, cerrada a los solicitantes de limosnas políticas, verás desfilar a la muchedumbre, mientras te fumas tranquilamente una pipa.
Y si existiera, en algún lugar desconocido, un hombre honrado capaz de gobernarte y amarte, no lo eches en falta. Sería demasiado celoso de su dignidad como para enfangarse en una lucha de partidos, demasiado orgulloso para recibir cualquier orden de ti si no la diriges a la audacia cínica, el insulto y la mentira.
Ya te lo he dicho, buen hombre, vete a casa y ponte en huelga.
Octave Mirbeau

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Posted: 29 Nov 2018 10:05 AM PST
Durante estas últimas semanas nos hemos visto sorprendidos por las imágenes de multitudinarias protestas en Francia, grandes cortes de carreteras y barricadas en el centro de París. Todo ello llevado a cabo no se sabe muy bien por quién. La información que nos ha llegado por los grandes medios de comunicación es bastante confusa (algo cada vez más normal). Se habla de disturbios, de cientos de personas heridas, de grupos de extrema derecha que copan (o al menos capitalizan) unas protestas que tienen como eje la subida de impuestos de los combustibles. Nada es demasiado claro. Tan pronto se leen historias de ataques racistas en medio de las protestas como críticas de los manifestantes al gobierno francés por la dirección clasista de sus supuestas políticas ambientales. La complejidad de la realidad si cabe más compleja de lo normal.
Políticas ambientales, nacionalismo, racismo, críticas al neoliberalismo del gobierno de Macron…, un sinfín de derivadas que tejen un mapa difícil de interpretar. Para empezara situarnos, a ponernos en contexto, nos ha parecido interesante publicar la traducción de este artículo de la revista estadounidense Jacobin. Está escrito el 21 de noviembre, cuatro días después de que estallara el conflicto, con lo que, para cuando lo publiquemos, puede que los acontecimientos hayan corroborado o refutado parte de lo escrito. Aún a riesgo de que así sea, nos parece un texto de gran interés.
El fin de semana pasado, más de 300.000 personas tomaron las calles (y las carreteras) a lo largo de Francia, marchando, interrumpiendo el tráfico y bloqueando carreteras para protestar por el aumento de los precios del combustible. Unidos/as por su enfado ante el creciente coste de la vida, respondieron a la llamada de las redes sociales para “bloquear el país” y mostrar su solidaridad portando “chalecos amarillos” (giletsjaunes), una prenda que todo automovilista francés está obligado a llevar en su vehículo en caso de accidente.
La movilización ha disminuido cuantitativamente desde el sábado 17 de noviembre, su primer día, cuando, según el Ministerio del Interior, unas 290.000 personasparticiparon en más de 2.000 bloqueos y concentraciones por toda Francia. A pesar de las llamadas para mantener la presión, tan sólo 46.000 personas se movilizaron el domingo y 20.000 el lunes. Sin embargo, el movimiento parece estar lejos de su final. Los/as manifestantes se están preparando para una marcha en la capital el próxima sábado: “Segundo Acto: Toda Francia a París”, según reza el evento en Facebook.
Al establishment político francés este movimiento le ha cogido a pie cambiado. El primer ministro Edouard Philippe, miembro del partido La République en Marchedonde milita el presidente Emmanuel Macron, prometió que el gobierno no anulará el aumento planeado para el impuesto al combustible; pero también dijo que entendía el “sufrimiento” de la gente. Como acostumbra, Macron aún no se ha pronunciado sobre el asunto, alegando que lo hará “a su debido tiempo”.
La izquierda también anda con la guardia baja. Si bien los sindicatos y partidos de izquierda han liderado la mayor parte de las protestas de la era Macron, han desaparecido de la acción o han reducido su rol a meros apoyos en las movilizaciones de los “chalecos amarillos”. Ninguna delas grandes centrales sindicales aprobó en un principio las protestas. Tampoco lo han hecho los principales partidos políticos de la izquierda, desde los socialistas a los verdes o La France Insoumise; si bien es cierto que el líder de esta última, Jean-Luc Mélenchon, sí que ofreció su apoyo personal al movimiento, argumentando que “la gente tiene razones para rebelarse”. Algo que también ha hecho la extrema derecha: como es el caso de figuras como Marine Le Pen de RassemblementNational (partido antes conocido como Frente Nacional) o Nicolas Dupont-Aignon de Debout La France, un autodenominado soberano que habría servido como primer ministro de Le Pen si ésta hubiera ganado las presidenciales del año pasado.
Las protestas están siendo desordenadas y peligrosas. Su forma de acción, basada en muchedumbres que se reúnen en las carreteras tratando de cortar el tráfico, es una invitación a la confrontación, y, a veces, a situaciones peores. El Ministerio del Interior cifra en más de 500 las personas heridas en menos de una semana de protestas. Más aún, una manifestante de avanzada edad murió después de ser atropellada por una mujer que entró en pánico mientras llevaba a su hija al médico.

La ira de las bases

Quizás el hecho más notable sobre este movimiento es su origen genuinamente popular. Tanto la derecha de Les Républicains como la extrema derecha de RassemblementNational y Debout La France han mostrado su apoyo público al movimiento, pero parece que han tenido poco que ver con la actual planificación y gestión de las protestas. Careciendo de líderes formales o portavoces, el movimiento se originó online.
En mayo, Priscilla Ludosky, de treinta y tres años ytrabajadora del sector de la banca,realizó una petición en Change.org exigiendo una “disminución de los precios de los combustibles”. Poco después, dos camioneros lanzaron una llamada para una movilización nacional para el 17 de noviembre, creando una página en Facebook que pide un “movimiento nacional contra el aumento de los impuestos”“No somos antiambientalistas”, declaró uno de ellos días más tarde en un video, como señaló el medio francés Basta“Este es un movimiento contra la fiscalidad abusiva, punto”.
Estos dos llamamientos se hicieron virales por una razón muy simple, el precio del combustible en Francia se ha disparado en el último año. La mayoría de los automovilistas franceses usan diésel, cuyo precio se ha encarecido un 23% en los últimos doce meses, hasta alcanzar los 1,51 euros el litro (su nivel más alto desde la década de los 2000, según la agencia de noticias AFP). Además, el gobierno ha impulsado los impuestos al combustible como parte de su agenda ambiental, que ha elevado el precio del diésel en 7,6 céntimos por litro y el de la gasolina en 3,9. Y planea un nuevo impuesto de cara a enero de 2019 que repercutirá en un alza de 6,5 céntimos para el diésel y de 2,9 para la gasolina.
Estos aumentos han tenido un gran impacto en las áreas rurales y en lo que se conoce como la Francia periurbana, los suburbios periféricos de las grandes aglomeraciones urbanas del país. La calidad decreciente del transporte público, y de los servicios públicos en general, en estas partes del país contrasta con la red de autobuses y trenes de París, que está bien financiada, alimentando un sentimiento de resentimiento cultural compartido por muchos manifestantes.
Muchos/as de los/as que llevan “chalecos amarillos” son de clase trabajadora: una combinación de trabajadores/asprecarios/as, jubilados/as y desempleados/as. Entre ellos/as se encuentra a personas como Bertrand Rocheron, padre de tres hijos que actualmente trabaja como asistente en una escuela de educación media a tiempo parcial, y que tiene que realizar 70 kilómetros diarios desde su hogar en la Bretaña rural. “Mi mayor temor es que mi coche me deje tirado, está en las últimas”. Otros son clase media: gerentes de nivel medio o profesionales de cuello blanco como Nathalie, una psiquiatra de 51 años que vive en un suburbio de París y gana poco más de lo mínimo requerido para optar a una ayuda estatal. Ella declaró al periódico Le Pariesien que siente que “ha caído en el estatus social” a pesar de haber cursado cinco años de estudios universitarios.
Es bastante revelador que el sitio web de referencia de estas movilizaciones no tenga una sección de demandas.A qué se oponen les une más que qué proponen. E incluso eso tampoco está bien desarrollado. Existe la sensación de que los precios de los combustibles están fuera de control, el sistema tributario en general es injusto, y eso impide que las personas decentes lleven la vida que les gustaría.

¿Una causa justa?

El levantamiento ha llevado a comparaciones con las jacqueries campesinas de la Francia medieval, rebeliones rurales de corta duración y desorganizadas que dejaron poco impacto político duradero. También se han establecido paralelismos con los poujadistes, un movimiento anti-impuestos de la década de los 1950 liderado por los elementos más reaccionarios de la clase media francesa.
Incluso han llegado a comparar a los “chalecos amarillos” con el Tea Party americano que creció bajo la presidencia de Obama. Esto parece especialmente injusto. Como ha señalado Alexis Spire, socióloga y autora de un libro sobre revueltas anti-impuestos en Francia, los “chalecos amarillos” no están pidiendo al Estado que se retire de la vida cívica. Lo que reclaman es que actúe de manera más equitativa y están tomando las calles en respuesta a la degradación de los servicios públicos. En algunos puntos, se ha expresado una política de clase más explícita: parte de los/as manifestantes han criticado al gobierno por mantener el impuesto al combustible (que afecta a las personas de ingresos medios y bajos), mientras defiende la derogación del impuesto a la riqueza (que se aplica sólo a aquellos con más de 1,3 millones de euros en activos).
No está claro si los “chalecos amarillos” demostrarán ser un movimiento duradero contra un gobierno cada vez más impopular, o si pronto pasarán al olvido. Por ahora, muchos en la izquierda han renunciado a apoyar las protestas, tanto por su hostilidad hacia los impuestos como por una cuestión ecológica, además de por la simpatía generada por el movimiento entre la derecha. Estas reservas son comprensibles. Y, sin embargo, es probable que no valga la pena entregar esta lucha a gente como Le Pen sin dar batalla.
Los líderes de RassemblementNational, por su parte, ven estas protestas como un momento a aprovechar. Tanto que, aparentemente, están dispuestos a dejar de lado su histórica desconfianza en las protestas callejeras y la desobediencia civil. Si el partido está haciendo una excepción con los “chalecos amarillos” es porque la revuelta parece encarnar su propio electorado idealizado: una “Francia olvidada” de trabajadores/asblancos/asy de clase media baja que viven fuera de las principales áreas urbanas. El apoyo de RassemblementNational al movimiento, a pesar de los violentos enfrentamientos con la policía, también contrasta con su habitual veneración de la ley y el orden. El partido critica regularmente el menor uso de la fuerza de los manifestantes de izquierda contra la aplicación de la ley. Cuando los trabajadores en huelga bloquearon las carreteras el año pasado, los líderes del partido no dudaron en burlarse de ellos y acusarlos de tomar como rehenes a los ciudadanos comunes.
Sería una tremenda vergüenza permitir que la retorcida visión del mundo de RassemblementNational y sus aliados establezca los términos del debate. Al final, la fuente del conflicto es clara: no se trata de áreas rurales y suburbanas frente a París, o de ambientalistas frente a personas que usan el coche a diario. El verdadero objetivo de esta lucha es denunciar a un gobierno que cuida a los franceses más ricos, mientras ignora a todos los demás.

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Posted: 28 Nov 2018 11:00 AM PST
En el próximo mes de diciembre, los trabajadores de la enseñanza pública madrileña seremos llamados a las urnas para elegir a nuestros representantes sindicales. Es de todos conocido que semejante acto de democracia pretende reproducir la estructura y valores del parlamentarismo en el ámbito del trabajo.
Como recordatorio histórico queremos señalar que estas elecciones son herederas de las que se realizaban durante la dictadura franquista. En esa época existía un sindicato obligatorio, el Sindicato Vertical. Periódicamente los trabajadores eran llamados a elegir a sus Enlaces Sindicales. Aunque otros sindicatos estaban prohibidos, los miembros de CCOO, de USO, sectores cristianos, comunistas... participaban en las elecciones como independientes. CNT y UGT boicoteaban esos procesos electorales porque los consideraban simples farsas que pretendían dar un aire democrático a la dictadura, y evitar cualquier tipo de conflicto social. Cuando murió Franco, desapareció el Sindicato Vertical gracias a las múltiples protestas de los trabajadores, y la democracia, tras los Pactos de la Moncloa, que desmovilizaron a la clase obrera, dio paso a una multitud de sindicatos que funcionan sobre la base organizativa y electoral heredadas del franquismo.
Dejemos a un lado la historia. Nuestro deber es revisar los verdaderos logros de los sindicatos presentes en el panorama sindical de la enseñanza pública madrileña durante los últimos cuatro años: ninguno.
Nada bueno puede augurar el panorama sindical madrileño:
ANPE, CCOO, UGT, CSIT, CSIF, USO, CGT y STEM son sindicatos o asociaciones profesionales con diferencias apreciables. Unos son conservadores como ANPE y CSIF, otros progresistas y supuestamente de clase como CCOO y UGT, unos se presentan como alternativa, como CGT, otros son confesionales como USO, muchos son corporativos como ANPE o CSIT. Pese a las diferencias todos tienen algo en común y es que todos responden al modelo sindical que arriba hemos descrito: subvenciones, liberados sindicales, aparatos burocráticos jerarquizados, clientelismo, pactismo, etc.
Frente a este modelo sindical, proponemos como alternativa las asambleas de trabajadoras: sin liberados y sin subvenciones. Un modelo basado en la participación y la organización entre iguales, alejado del circo de elecciones, apoderados e interventores. Un modelo en el que las trabajadoras se organicen para mejorar sus condiciones laborales, involucrándose de forma activa en la lucha, sin delegar en liberados que, una vez pasadas las elecciones, se olvidan del programa que prometieron cumplir. ¿Has visto alguna vez que los liberados sindicales den explicaciones por aquellas promesas electorales que quedaron en el aire?
Hay que tener en cuenta, además, que estos liberados están encuadrados dentro de uno de esos grandes sindicatos arriba citados, a los cuales les interesan muy poco tus condiciones laborales. Estos sindicatos solo quieren de ti tu voto, tu cuota y tu silencio. Tienen problemas más importantes que tu situación laboral, como las cuestiones de alta política que tratarán en la mesas sectoriales: pactos, reconversiones y grandes acuerdos pasan por sus manos. Y gracias a ellos, cada año que pasa hay nuevos retrocesos. Las asambleas de trabajadoras proporcionan, en oposición, la autonomía de tomar tus propias decisiones sin atender a politiqueos, conociendo de primera mano las necesidades de tu centro y luchando de forma directa por ellas sin concesiones por supùestos intereses macroeconómicos o políticos.
Por todo lo dicho, podemos afirmar que las elecciones sindicales y todo el sistema sindical español actual defienden los intereses de la patronal, en este caso, la Administración. Y es que, ¿cómo van a defender los intereses de las trabajadoras frente a la Administración, cuando esta es una de las encargadas de mantener económicamente a estos sindicatos? Según el Extracto de la Resolución de la Subsecretaría de Educación y Formación Profesional de 18 de septiembre de 2018 por la que se convoca procedimiento de concesión de subvenciones a organizaciones sindicales representativas del personal funcionario docente de los centros públicos de enseñanza no universitaria, correspondiente al año 2018 y publicado en el BOE del 8 de octubre de este año, el importe de la subvención es de 91.640,00 euros, a repartir entre las distintas organizaciones sindicales beneficiarias.
¿Qué podemos hacer ante esto? Por salud mental quizás sea útil no participar de esta pantomima acudiendo a votar, aunque eso no es lo más relevante. Lo fundamental es organizarse en los centros en secciones sindicales y asambleas horizontales y autónomas de trabajadoras, en las que todas participen, todas luchen y todas decidan; que potencien la autonomía, el sentido crítico y los principios que sostienen la ética de la integridad.
No votes, no te dejes arrastrar por la abstención pasiva.
Por la abstención activa y las secciones sindicales.

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Posted: 28 Nov 2018 08:56 AM PST
La Consejería de Sanidad de Madrid ha filtrado un documento de trabajo que lleva fecha de 22/11/2018, que se debatirá hoy en la Mesa Sectorial de Sanidad de 28/11/2018. Dicho documento, denominado eufemísticamente “Propuesta de modificación Organizativa en Atención Primara para adecuar la Atención Sanitaria a la distribución de la Demanda Asistencial” esconde, a nuestro parecer, ciertas cuestiones que merece la pena analizar.
- El horario de consulta programada (los pacientes/usuarios con cita) se limita a las 18:30 h (en vez de hasta las 21:00 h, como hasta ahora).
- A partir de esa hora, es decir entre las 18:30 h y las 21:00 h, se dejará en los Centros de Salud una dotación mínima de personal asistencial (un/a Enfermera/o y un/a Facultativa/o), con carácter rotatorio, que atenderá pacientes a demanda (urgencias, …).
- Aunque nada se especifica respecto al personal no sanitario, se indica en el borrador que los cambios organizativos también le serán aplicables.
- Las razones que se dan para dicha propuesta son fundamentalmente dos:
•Que a partir de las 18:30 desciende de manera importante la demanda de asistencia sanitaria.
•Que es necesaria la conciliación de la vida familiar y laboral para el personal de los turno de tarde.
Con estos datos, la postura de este Sindicato es la siguiente:
a) No nos parece de recibo reducir las horas de asistencia en la Sanidad Pública. La enorme demanda de algunos Centros de Salud da lugar, en no pocas ocasiones del año, a que las citas programadas se den con demoras de 7 y hasta más días.
Mientras la asistencia sanitaria privada aumenta sus horarios de atención, la pública los disminuye. Podría dar la sensación de que el Gobierno de la Comunidad de Madrid tiene algún interés en potenciar las pólizas de seguro privado de quienes puedan costearlas.
Por no hablar de la posible/segura repercusión en las Urgencias hospitalarias.
b) A la vista de los gráficos que se incluyen en la propuesta, sobre los horarios de demanda de enfermería, medicina de familia y pediatría, las razones de la Consejería para reducir el horario de tarde carecen de fundamento, ya que hay franjas horarias durante el día con la misma demanda asistencial. Ejemplos:
•La demanda de Medicina de Familia a las 9:00 es la misma que a las 20:00.
•La demanda de Enfermería a las 9:00 es la misma que a las 20:00.
•La demanda de Pediatría a las 9:00 es la misma que a las 20:00.
Siendo así, según sus propios datos, lo mismo daría no prestar asistencia programada a las 9:00 h que a partir de las 18:30 h.
c) Siguiendo con los mismos gráficos, la demanda entre las 13:30 y las 15:00 es semejante a la de las 20:30 h. Cerremos pues los Centros de Salud en ese horario. Un verdadero despropósito.
d) Se habla de la conciliación de la vida familiar y laboral, cuestión absolutamente necesaria e imprescindible, pero, que en el ámbito de la Sanidad Pública, debe ser compatible con la calidad asistencial.
Nada se dice sin embargo de las cargas asistenciales que padece el personal, que en ocasiones le impide dedicar más allá de escasos minutos por paciente; ni de la falta de suplencias que obligan a doblar cupos; ni de las carencias endémicas de recursos y plantillas para Atención Primaria. Es un nuevo canto de sirenas que ofrece a los/as profesionales un caramelo envenenado, ya que no se soluciona el fondo de ninguno de sus problemas.
f) Desconocemos qué espacios de consulta se van a poder utilizar en numerosos Centros de Salud para poder “doblar” la presencia de profesionales en ciertos tramos horarios, cuando dichos espacios ‘no existen’.
e) En definitiva, a nuestro juicio es manifiesto a todas luces que la Consejería de Sanidad no pretende mejorar la asistencia y las condiciones laborales, sino establecer un sistema en el que poco a poco y en un horizonte de medio plazo, las plantillas de Atención Primaria de Madrid disminuyan entre un 20 y un 25% (como ya ha sucedido en otras zonas del Estado).
Es decir, atender a la misma población con un número cada vez menor de profesionales, lo que, insistimos, no hará sino empeorar la calidad asistencial que recibe la población y las condiciones –ya pésimas- de trabajo de los/as profesionales.
Por todo ello, este Sindicato se muestra radicalmente en contra de la aplicación y desarrollo del citado borrador y llama a usuarios y trabajadores a plantar cara contra la potenciación de la sanidad privada, exigiendo una Sanidad Pública de calidad con los medios y personal necesarios.
Madrid, 18/11/2018

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